{"id":2435,"date":"2011-09-11T09:58:03","date_gmt":"2011-09-11T08:58:03","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/?p=2435"},"modified":"2011-09-11T09:58:03","modified_gmt":"2011-09-11T08:58:03","slug":"2435","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/2011\/09\/11\/2435\/","title":{"rendered":""},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<h5><span style=\"color: #ff0000\">Mobiliario urbano\u00a0\u00a0\u00a0 \u00c1ngel Resa<br \/>\n<\/span><\/h5>\n<div><a href=\"\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/2011\/09\/mobiliario-urbano10-9-11blog3.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-2439\" src=\"\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/2011\/09\/mobiliario-urbano10-9-11blog3.jpg\" alt=\"\" width=\"517\" height=\"488\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/2011\/09\/mobiliario-urbano10-9-11blog3.jpg 679w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/2011\/09\/mobiliario-urbano10-9-11blog3-300x284.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 517px) 100vw, 517px\" \/><\/a>Alejandro Glar\u00eda se aficion\u00f3 a la lectura por las aventuras de \u2018Los cinco\u2019. Engull\u00f3 a trav\u00e9s de los ojos la colecci\u00f3n entera varias veces con la voracidad febril de quien se siente parte de la historia. Muchos puristas denostaban a Enyd Blyton, la autora de textos juveniles quien, al margen de prosas excelentes, logr\u00f3 reclutar para la literatura a un mont\u00f3n de chavales que gastaban suelas detr\u00e1s de un esf\u00e9rico a falta de consolas. Debido a ello not\u00f3 una vocaci\u00f3n precoz por las letras en aquellos tiempos donde los alumnos de ciencias miraban a sus d\u00e9biles adversarios dos palmos por encima del hombro. Y Alejandro fue puliendo sus gustos, siempre heterog\u00e9neos, hasta recalar en las costas de los escritores buenos.<\/div>\n<div style=\"padding-left: 30px\">Garc\u00eda M\u00e1rquez, Saramago, Mendoza, Elvira Lindo, Auster, McEwan. Capote, Tabucchi&#8230; Clar\u00edn y su \u2018Regenta\u2019, quiz\u00e1 la obra que Glar\u00eda siempre hubiese querido firmar. Y se neg\u00f3 a militar en el bando de los detractores de \u2018best sellers\u2019, ligados a esa idea elitista por la que el gusto de muchos es sin\u00f3nimo de decadencia literaria. \u00bfAcaso \u2018Cien a\u00f1os de soledad\u2019 no pertenece a ese g\u00e9nero? \u00bfAcaso se trata de una literatura pedestre? Tal vez el mejor ejemplo de que cantidad y categor\u00eda forman l\u00edneas capaces de encontrarse bajo la b\u00f3veda celestial que forman las historias y su forma de contarlas.<\/div>\n<div>Alejandro no era inmune a la mejor publicidad posible, esa cadena humana compuesta por eslabones particulares que recomienda libros de boca a o\u00eddo. Escuch\u00f3 hablar de \u2018El tiempo entre costuras\u2019, vio abundantes cr\u00edticas que catalogaban el libro de Mar\u00eda Due\u00f1as como un \u2018best seller\u2019 de calidad y sucumbi\u00f3 a la compra con esa oferta navide\u00f1a del Gobierno vasco que ofrece cuarenta euros al precio de veinticinco. A Glar\u00eda se le acumulaban vol\u00famenes en las baldas del sal\u00f3n y prest\u00f3 una obra que, como su t\u00edtulo indica, no da puntada sin hilo. Entonces admir\u00f3 el talento de la escritora, capaz de conciliar a lectores compulsivos con hojeadores inconstantes.<\/div>\n<div>Una formidable sucesi\u00f3n de tramas repletas de sentimientos y esp\u00edas durante el feroz per\u00edodo en torno a la guerra espa\u00f1ola. Y un estilo propio de una se\u00f1ora fil\u00f3loga universitaria. Hasta aqu\u00ed un buen libro m\u00e1s, sobresaliente incluso, sin m\u00e1s ligaduras a esta Vitoria de nuestros gozos y nuestras sombras. Pero resulta que la autora decidi\u00f3 fijar la partida de nacimiento de uno de los personajes fundamentales, Ramiro Arribas, en la capital alavesa. De pronto, este lugar que tantas veces pintamos de gris marengo ten\u00eda su propio canalla de ficci\u00f3n. El hombre, un seductor irresistible para la protagonista, un vividor sin escr\u00fapulos que encandila y hiere, se transforma sorprendentemente en \u2018uno de los nuestros\u2019.<\/div>\n<div>No anda sobrada Vitoria de rufianes tan firmes como el tipo capaz de sajar el coraz\u00f3n de Sira Quiroga tal que si fuera un libro abierto. Mar\u00eda Due\u00f1as estuvo hace ocho d\u00edas en Villa Suso para presentar la adaptaci\u00f3n televisiva de \u2018El tiempo entre costuras\u2019. Y entre el p\u00fablico, Glar\u00eda escuch\u00f3 su s\u00faplica de perd\u00f3n por decidir aleatoriamente que Ramiro naciese en esta ciudad de curas y militares antes de lanzarse a los brazos de la modernidad. Quiz\u00e1 la escritora no era consciente de que al auditorio le procuraba hasta un poco de placer el hecho de que el canalla novelesco viese la luz -cuando aparece- en esta capital oscura entonces y verde ahora. Al fin, alguien echado para adelante, aunque fuese para esparcir sufrimiento.<\/div>\n<div>En la sala anochecida proyectaron im\u00e1genes de esta obra literaria que se adentra en el firmamento audiovisual. Aparece la escena de Ramiro Arribas, interpretado por un gal\u00e1n que levanta suspiros femeninos nada disimulados. Las mujeres, rehenes del truh\u00e1n cautivador, no parecen acostubradas a contemplar hombres tan guapos por las calles de su ciudad. Y se conforman con creerse el cuento de que este brib\u00f3n ficticio se les puede aparecer a la vuelta de la esquina.<\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Mobiliario urbano\u00a0\u00a0\u00a0 \u00c1ngel Resa Alejandro Glar\u00eda se aficion\u00f3 a la lectura por las aventuras de \u2018Los cinco\u2019. 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