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IÑAKI CERRAJERIA

La ilustración

Como alcaldes vuestros que somos

 

Mobiliario urbano por Ángel Resa

El mismo día Azkuna recibe el Balón de Oro y Cuerda abandona el Consejo Social

Era martes. Demasiado pronto para el bendito café. Ahora lo preparo en una de esas máquinas caseras que leen el código de barras y sirven un elixir delicioso. La radio siempre acompaña, más cuando la noche tiene aún a Vitoria agarrada por las solapas. Y escucho ‘la’ noticia en el recorrido informativo por autonomías de una emisora. Iñaki Azkuna, proclamado mejor alcalde del mundo. Lo que nos faltaba, pensé. Si las tiendas vendían mapas universales o globos terráqueos de la villa, este premio venía a refrendar que mientras a Vitoria aún se le discute la capitalidad vasca, el Botxo constituye en sí mismo el núcleo duro del planeta. ¿Nueva York? ¡Por favor! No hay bilbainada cantada en la calle Somera que incluya en sus letras mención alguna a la Gran Manzana.
Con la taza en la mano entorné mis ya orientales ojos e  imaginé a Azkuna de traje impoluto, con el pañuelo en el bolsillo asomado más orgulloso que nunca al balcón de su americana. Iñaki se ajusta a la sociedad que representa como guante de piel fina a una mano delicada. Seguramente la comadrona no desveló a su madre el sexo del bebé, sino el origen orgulloso del neonato. “Señora, ha tenido usted un bilbaíno”.
Para colmo, y por causas relacionadas con nuestro vapuleado gremio, el martes viajé a la capital de Bizkaia. Niebla londinense y frío vitoriano a la espera del autobús y de la ‘amenaza’ de ver reproducida y amplificada ‘la’ noticia en cuanto alcanzara la dársena de Termibús. En efecto. Un diario afecto a la causa jeltzale desplegaba con tinta generosa el trofeo en la portada. “El mejor alcalde del mundo”. Llevaba el ejemplar un hombre que parecía encantado de haberse conocido, quizá incluso de conocer al mismísimo regidor de la villa.
¿Dos minutos? tardó una compañera de oficio en meter el asunto en la conversación, aprovechando que la ría pasa junto al Guggenheim. Se la notaba contenta del reconocimiento al alcalde y no por afinidades políticas. Sí porque Azkuna -como Cuerda en Vitoria- trasciende siglas para encarnarse en estandartes del lugar. Casi dos horas después, mientras avanzábamos por la Gran Vía hacia la Plaza Elíptica, ella y otro colega refrescaron la anécdota que define al regidor bilbaíno y a sus conciudadanos. Les pierde la chulería oral y su certeza de epicentro de todo, pero son gente mayoritariamente muy abierta y agradable. A Dios lo que es de Dios; al César, lo suyo; y al Botxo, lo que le corresponde.
Cuentan que tras un año de obras en la gran rotonda para horadarle camino al metro llegó la fecha de reabrir el espacio. Y allí acudió Azkuna con su envalentonada figura para ‘devolver’ la Elíptica. “Bilbaínos, tomad la plaza”, dijo en una especie de concesión regia a un pueblo henchido de orgullo.
Ese mismo día leo en este periódico que Cuerda, ‘el alcalde’ de la capital alavesa, anunciaba su marcha del Consejo Social porque la ciudad de sus entrañas acumula dos años sin presupuestos. José Ángel fue a Vitoria lo que Azkuna es a Bilbao. Dos tipos con sus municipios en la cabeza, dos hombres con proyectos a largo plazo y un destino al que avanzar. Desde su jubilación legal -Cuerda se resiste a abandonar el foco- ningún alcalde ha dejado de transmitir la sensación de actuar a salto de mata, con demasiadas improvisaciones.
Recuerdo las encuestras de la época. El personal pasaba de analizar ideologías en la probeta. Sencilla y llanamente confesaba que votaría al laborioso Cuerda, como muchos bilbaínos confían en Azkuna. Políticos con personalidad, versos libres que atraen a gente harta por esas jerarquías partidistas que solo creen en la disciplina de la rima consonante.
El martes fue un día que retrató a ambos. Iñaki recibió su Balón de Oro e, inmediatamente, asalta la memoria aquella anécdota de la Plaza Elíptica. José Ángel, más comedido como mandan los cánones de la tierra, anunciaba su descenso de un tranvía llamado Consejo Social. Lo proclamó en los medios, que para eso llevará hasta hasta el final sus genes de alcalde emérito.

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alcalde, Azkuna, bilbaíno, Cuerda, regidor

La actualidad en una sonrisa. Por Iñaki Cerrajería

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