
En su discurso de investidura, Patxi López citó a tres escritores vascos a la hora de analizar su programa antiterrorista. No recuerdo ningún discurso en el País Vasco en el que la literatura haya sido esgrimida como argumento para poner fin a la violencia. Supongo que esto es el cambio. No está nada mal.
Joseba Sarrionaindía: Miembro de ETA, está huido desde 1985, cuando se escapó de la cárcel de Martutene en un altavoz del cantante Imanol, quien no tenía nada que ver con la fuga y había acudido a la prisión para dar un concierto. La banda, luego, colocó a Imanol en su punto de mira y se tuvo que exiliar fuera de Euskadi. Cuando el cantante falleció, seguía amenazado. Sólo he leído un libro de Sarrionaindía, ‘No soy de aquí’. Es una colección de poemas en prosa mezcladas con reflexiones sobre arte, política, euskera, terrorismo. Su estilo es admirable e inteligente pero…al llegar a los párrafos en los que justifica los asesinatos terroristas se vuelve despiadado. Es un ejemplo claro de esos seres humanos capaces de emocionarse ante una mariposa posada en el rostro de un recién nacido pero que no se conmueven ante la agonía de un jubilado tiroteado por la espalda. Creo que citando a Sarrionaindía, el lehendakari diagnostica uno de los grandes males de este país.
Mario Onaindía: Su autobiografía es genial y me hubiera gustado leer algunos libros de su primera etapa. Las veces que tuve la suerte de hablar con él me impresionó su inteligencia y su bonhomía. Algunos de mis amigos le trataron más y muestran hacia su figura un respeto que admiro y comparto en la medida que me es posible. En ‘El aventurero cuerdo’ cuenta como, tras asistir con Teo Uriarte a un encierro con los futuros miembros de Jarrai y ETA militar en una iglesia bilbaína, vislumbró el futuro de terror que se cernía sobre Euskadi. Onaindía comprendió que él había ayudado a poner en marcha esa maquinaría del horror y que debía trabajar para desactivarla. Menuda lección de valentía para otros que se quedaron, se quedan y se quedarán mirando.
Fernando Aramburu: Nunca he tenido dudas de por qué su libro ‘Los peces de la amargura’ ha sido escondido tras un velo de silencio en Euskadi. Cuenta la verdad. Voy a plagiar esta idea pero cuando escucho a algún tertuliano esconderse detrás del argumento de que la realidad vasca es muy compleja, me gustaría recomendarle que leyese este libro para que comprenda lo sencilla que es.