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Héroes

Auto de fe

Gusta a los políticos vascos echar piedras a su propio tejado. Pongamos un ejemplo extremo, el del PSE estos días. Lleva un año en el Gobierno, con unos resultados sensatos y sin errores graves. El PNV se indigna por sus medidas, pero esto, salvo algunos dichos deslegitimadores – que van escampando -, forma parte de la lógica. La política contra el terror marcha bien, sin dudas sobre el tratamiento a sus secuaces, llamados izquierda abertzale. El pacto con el PP, asimétrico y difícil de llevar, no ha sufrido grandes convulsiones. Todo iba razonablemente, sin llegar a paraíso, pues ni está el horno de la crisis para bollos ni el éxtasis de la felicidad es lo propio de la política, no digamos en el País Vasco.

Y, de pronto, un palo en la rueda. Viene desde el propio PSE. Desde su presidente. Sus declaraciones sobre la izquierda abertzale, incomprensibles, constituyen hasta ahora la principal piedra en el camino del Gobierno de Patxi López. Repercute en una cuestión crucial para el pacto que lo sostiene y para la sociedad vasca. Por su insistencia no parecen un desliz verbal y parten de quien protagonizó las negociaciones de la última tregua, un hombre de peso con fama de cabal.

Nos dice dos cosas de enjundia:

a) que la izquierda abertzale “apuesta por métodos claramente democráticos”. No especifica si lo dice como transmisor de lo que le dicen o como evaluador de la izquierda abertzale. Lo primero no tiene sentido, pues ésta tiene sus portavoces. Ninguno ha dicho nada de apostar por “métodos claramente democráticos”, que incluirían el rechazo expreso a ETA. Sin esto todo será puro desideratum. Y si Eguiguren está evaluando movimientos misteriosos convendría que dijera en qué basa su aprobado a la izquierda abertzale. Lo demás es un mero acto de fe: creer en lo que ni se ve ni se sabe.

b) “ETA va a parar” por la presión de la izquierda abertzale o porque se le opondrá. Esto ya no es un acto de fe. Es invitarnos a un auto de fe en el que los penitenciados seamos los demócratas. ETA nunca ha dependido de la izquierda abertzale, sino ésta de aquella. ¿Cabe imaginar que han cambiado las tornas y que ahora los pistoleros obedecerán a esa pandilla de paniaguados que llevan unas décadas diciéndoles amén a todo? También hacen falta muchas tragaderas para creer que ETA, tras oír a estos sujetos (a los que quizás desprecia o considera siervos) decide disolverse. O que se apagará porque los intermediarios le quitarán los apoyos sociales. ¿Saben aquel diu?

Cuesta ver la oportunidad, el para qué de estas declaraciones. Figuremos que las dos afirmaciones son ciertas: que los iluminados de HB se hacen demócratas y que tras sus admoniciones los terroristas se arrepienten ¿A qué vendría anunciarlo ahora a los cuatro vientos? Cabría pensar que para acontecimientos tan trascendentales los anuncios proféticos no aportarían nada.

¿”El terrorismo será pronto cosa del pasado”? Ojalá ¿”Se apagará suavemente”? Mejor de golpe, pero admitámoslo. ¿La izquierda abertzale se democratizará? Cosas más difíciles no se han visto, pero esperemos el milagro. Lo que no se entiende es qué quiere decir Eguiguren con lo de que ante tan fabulosas novedades no podemos quedarnos de brazos cruzados y hay hacer algo. ¿Qué? ¿Encargar el palio para llevar a Arnaldo hasta Loyola? Es contradictorio. Si el Krakatoa de HB estuviese a punto de erupcionar convendría mantener la política que les habría llevado hasta ese punto. Que una rectificación no les frenase su caída del caballo.

Asombra la insistencia en estas declaraciones (dos días alternos), como si la expresión de fe en la batasunía tuviese algún objetivo concreto. ¿Los héroes están jugando dos juegos a la vez, el que funciona y el que no? Eso no puede ser. O una cosa u otra. Mejor la una, pero nunca las dos.

Por Manuel Montero

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junio 2010
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