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Oskar Belategui

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Los años salvajes de Álex de la Iglesia

El cineasta y su equipo cuentan a los alumnos de la UPV cómo vivieron el frenesí artístico de Bilbao en los años 80

 

A finales de los 80, la calle Cortes de Bilbao no era un sitio muy recomendable. En el número 4 se reunía la fauna más peligrosa de la Palanca. La Galería Safi apenas duró dos años. No celebraba exposiciones, no cobraba entrada, no vendía nada. El invento era una excusa para celebrar “performances” que derivaban en fiestas salvajes. Su anfitrión, Álex de la Iglesia, recuerda una en que presentaba un «desfile de moda interior» vestido de zaragozana y con una antena en la cabeza.
Los participantes estaban en pelotas. Uno defecaba en una pecera, otro se bañaba en una palangana de leche y miel. En el libro-conversación de Marcos Ordóñez ‘La bestia anda suelta’, el director recuerda a un compañero colgado del techo boca abajo, con un televisor portátil atado a los genitales emitiendo un programa infantil. En el baño proyectaban “King Kong”. En el salón gritaban «¡fuego!» porque empezaba a prender un decorado. «Hacer cine ha sido una manera de reproducir aquella locura y energía sin límites».

 
De la Iglesia rememoró hace unas semanas en la Universidad del País Vasco una época de excesos en compañía de sus protagonistas. Aquellos compañeros de farra son hoy el equipo habitual en sus películas: su fiel guionista, amigo desde los 8 años, Jorge Guerricaechevarria; los directores artísticos Arturo García, “Biaffra”, y José Luis Arrizabalaga, “Arri”; y el director de producción Juanma Pagazaurtundua, “Gudari”. Los alumnos de Comunicación Audiovisual y Bellas Artes convocados por el profesor Patxi Urkijo acudieron en tropel para escuchar al director que más respetan.


Y eso que a ninguno de ellos la Universidad pareció servirles de mucho. Álex estudió Filosofía en Deusto y Guerricaechevarria Historia. “Arri” y “Biaffra” sí que coincidieron en Bellas Artes, pero ninguno acabó la carrera. «Lo importante es la gente con la que te juntas, no el currículo», recomendaron a unos chavales a los que la cinefilia anterior a Internet sonaba a Edad de Piedra.
Así, el director de “El día de la Bestia” contó sus peregrinaciones de crío al Corte Inglés a admirar el primer Telefunken Palcolor; el impacto del vídeo Beta, que permitía parar la imagen; y el ansia por devorar películas en el Cineclub FAS y la Cinemateca del Bellas Artes. Después vino la Safi, «uno de los mejores momentos de mi vida». «Jamás he vuelto a vivir la creatividad artística de manera tan real, cercana al dadaísmo puro».


La oportunidad de realizar los decorados del programa de Antxon Urrosolo “Detrás del sirimiri” fue la primera actividad profesional del cineasta bilbaíno, que después colaboró con Enrique Urbizu en “Tu novia está loca” y “Todo por la pasta”. «Era una época en que se vivía sin dinero, algo que hoy parece imposible. Y era muy divertido», reivindicó “Arri”. Con el tiempo, De la Iglesia llegaría a arriesgar la pasta con su productora Pánico Films. «En “800 balas” me volví loco y me empeñé en gastarme una fortuna en rodar una secuencia con una diligencia durante una semana. Y, claro, cuando debes 60 millones al banco eso genera tensión. No es buena idea que un director sea productor». Desde su ópera prima, “Acción mutante” (1993) a “Las brujas de Zugarramurdi”, que se estrenará en el Festival de San Sebastián, el cine ha vivido la revolución digital. Ya ni siquiera se revela celuloide en España. «Ahora no hay tiempo para pensar. Y ruedas tanto que el plano pierde valor». Internet como «realidad cotidiana» también le ha cambiado la vida a este firme defensor de la distribución de cine en la Red. «No podemos seguir vendiendo hielo por la calles cuando la gente tiene neveras».

 

 

 

(Reportaje publicado el 24 de mayo en el diario EL CORREO).

 

Por Oskar Belategui

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