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Iñaki Juez

Game Over

Final Fantasy, a mamporro limpio

En los últimos meses, la PSP parece remontar el vuelo a golpe de buenos juegos, que es de lo que más necesitaba estaba, porque de hardware siempre ha estado sobrada. Total, que recientemente se ha puesto a la venta Dissidia: Final Fantasy, que, como su nombre indica, pertenece a la emblemática, y rentable, franquicia de rol creada por Square Enix. Eso sí, nos encontramos ante un título en el que el RPG pierde importancia para centrarse en los combates, por lo que casi podríamos decir que se trata de un juego de lucha. Una decisión que puede desilusionar, y mucho, a los fanáticos de la saga que pueden llegar a rechazarlo sin antes haberlo probado. Pues cometerían un error mayúsculo, porque se trata de un auténtico juegazo, de lo mejor que podemos encontrar para esta portátil tanto por su tremenda jugabilidad como por su calidad visual gracias al motor gráfico basado en Crisis Core. Y, por si fuera poco, recoge el espíritu del particular universo presente en todos los Fantasy a base de incluir a muchos de los personajes que lo han habitado a lo largo de todos estos años en las distintas plataformas lúdicas desde sus inicios. Claro que podemos utilizarlo como un arcade de peleas callejeras, pero sería injusto olvidar el apasionante hilo argumental del modo historia de cada uno de los personajes al estilo Soul Calibur, que no desentona para nada con otras entregas.


Y es que nos encontramos ante una situación casi apocalíptica en la que los protagonistas de Dissidia: Final Fantasy luchan contra las fuerzas de mal o, lo que es lo mismo, del dios Caos en una especie de batalla final. Nosotros pertenecemos a las huestes de Cosmos, la diosa de la armonía, que está cada vez más débil debido las continuas victorias del lado oscuro. Para ayudarla a recuperar su fuerza, cada luchador debe de recuperar unos cristales especiales con nuestros ‘alter egos’ malvados a base de mamporros, claro. En este punto, hay que reconocer su sencillez, lo que tratándose de una portátil constituye una auténtica bendición. Pese a todo, los combates poseen ciertas reminiscencias rolísticas, marca de la casa, ya que nuestra fuerza dependerá de los puntos de energía que consigamos a lo largo de nuestros enfrentamientos. Por eso, podremos tumbar a nuestros adversarios de un golpe si estamos suficientemente sobrados en este aspecto o pasarlo muy mal si nos hacemos más débiles a los ataques enemigos. A destacar, los distintos aspectos de los héroes, cada uno con su propia técnica de ataque y debilidades, dependiendo de su estado. Muy espectacular. También podemos ir cubriéndolos a medida que pasa el tiempo con mejores armaduras o armas que permiten incrementar nuestro poderío guerrero y algunas desbloqueables.

Llegados a este punto, hay que rendirse ante la calidad visual del título en cuanto a modelado de personajes se refiere y a la belleza de sus escenas cinemáticas, que las tiene. Ahora bien, una mayor elaboración de los escenarios en los que se desarrollan las luchas, un poco desangelados, hubiera incrementado la espectacularidad del título. Quizás el hecho de evitar ralentizaciones indeseadas en la PSP haya motivado esta decisión de diseño. Por lo demás, el Dissidia luce realmente bien en la portátil de Sony y sólo echamos en falta un verdadero modo multijugador para poder luchar con gente del resto del mundo vía wifi. Claro que se agradece la inclusión de un modo oculto de cartas pero uno tiene la impresión de que falta algo para considerar este título como una obra maestra en su género. Y todo esto reconociendo que Square Enix ha desarrollado un gran juego con una calidad inherente a esta emblemática franquicia, aunque moleste sobremanera la gran cantidad de versiones que salen para diferentes territorios con distintas características. Una mala costumbre de esta compañía que debería erradicarse en el futuro. Pese a todo, estamos ante lo mejorcito que existe ahora mismo en esta temática para la PSP. Y eso, no se puede decir todos los días. En cualquier plataforma.

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dissidia, psp

Por Iñaki Juez y Pablo Fernández Polanco

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