{"id":4205,"date":"2018-12-04T12:18:09","date_gmt":"2018-12-04T11:18:09","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/?p=4205"},"modified":"2018-12-04T12:19:17","modified_gmt":"2018-12-04T11:19:17","slug":"bolo-extra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/2018\/12\/04\/bolo-extra\/","title":{"rendered":"Bolo extra"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_4206\" style=\"width: 311px\" class=\"wp-caption alignright\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-4206\" loading=\"lazy\" class=\" wp-image-4206\" src=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2018\/12\/Bolo-Elvira-Meg\u00edas-600x912.jpg\" alt=\"Foto: Elvira Meg\u00edas\" width=\"301\" height=\"458\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2018\/12\/Bolo-Elvira-Meg\u00edas-600x912.jpg 600w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2018\/12\/Bolo-Elvira-Meg\u00edas-99x150.jpg 99w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2018\/12\/Bolo-Elvira-Meg\u00edas-197x300.jpg 197w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2018\/12\/Bolo-Elvira-Meg\u00edas-768x1167.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 301px) 100vw, 301px\" \/><p id=\"caption-attachment-4206\" class=\"wp-caption-text\"><em>Foto: Elvira Meg\u00edas<\/em><\/p><\/div>\n<p>El otro d\u00eda, para el trabajo de verdad, entrevist\u00e9 al gran Hip\u00f3lito Garc\u00eda, ese hombre al que todos conocemos como <a href=\"https:\/\/twitter.com\/bologarcia?lang=en\" rel=\"external nofollow\">Bolo<\/a>. Me qued\u00e9 con rabia por las limitaciones de espacio, porque Bolo es un candidato extraordinario para una entrevista al estilo <em>Jot Down<\/em>, de esas que repasan una vida poco a poco: sus actividades conspiratorias, como a \u00e9l le gusta llamarlas, impulsaron buena parte de la escena musical de los 70 y los 80 en Bilbao. La entrevista (solo en papel, ya lo siento) dio para repasar aquel descubrimiento de la m\u00fasica en la infancia, con la discoteca Holiday pegada al hogar familiar de Deusto (\u00abme quedaba con 7 u 8 a\u00f1os en la puerta, esperando a que saliesen los artistas para pedirles postales y que me las dedicaran. Mi madre bajaba a las ocho o las nueve de la noche: \u2018\u00a1Venga, Bolo, sube!\u2019\u00bb), la tienda de discos que abri\u00f3 a mediados de los 70, llamada Woodstock (\u00abhab\u00eda una intenci\u00f3n que no era vender discos: no se trataba puro comercio, serv\u00eda para algo m\u00e1s, para crear un ambiente que en Bilbao no exist\u00eda\u00bb), y las salas que marcaron una \u00e9poca en la capital vizca\u00edna: la m\u00e1s ef\u00edmera Cotton Fields, en Sondika, y el legendario Bolos.<\/p>\n<p>Por el camino, la escena se fue especializando. Bolo me contaba que, en los tiempos de Woodstock, un \u00e1lbum que escuchaban mucho era el <em>Harvest<\/em> de Neil Young: \u00abNo sab\u00edamos lo que era la hero\u00edna, pero ese disco nos acompa\u00f1\u00f3 durante un tiempo, nos gustaba llevarlo. Era una \u00e9poca en la que todos escuch\u00e1bamos lo mismo, porque no hab\u00eda tanto material\u00bb. En el Cotton Fields, abierto en el 79, aparecen las primeras crestas y la cosa escora hacia \u00abel rock and roll m\u00e1s anfetam\u00ednico: Eddie &amp; The Hot Rods, Johnny Thunders &amp; The Heartbreakers, el punk&#8230;\u00bb. Y en el Bolos, inaugurado en 1983 con Derribos Arias como protagonistas del primer concierto, se codeaban ya las distintas corrientes juveniles: \u00abLas tribus ten\u00edan su est\u00e9tica, pero todos se mezclaban, nunca hubo ese enfrentamiento, porque tampoco hab\u00eda tanta gente. Los cientos de personas que representaban esas corrientes eran colegas, colaboraban en los fanzines e incluso iban a los mismos conciertos, porque no hab\u00eda tantos\u00bb. Bolo, por cierto, siempre ejerci\u00f3 de hiperactivo enlace entre Bilbao y Madrid, y yo no sab\u00eda que eso hab\u00eda empezado cuando le toc\u00f3 hacer la mili en Colmenar Viejo.<\/p>\n<p>A m\u00ed siempre me ha llamado la atenci\u00f3n la ausencia de grupos vizca\u00ednos en la primera divisi\u00f3n del pop-rock nacional, as\u00ed que le pregunt\u00e9 a Bolo si es que la movida bilba\u00edna no hab\u00eda sabido venderse. \u00abEs que no s\u00e9 si la hubo -me respondi\u00f3-. Hab\u00eda cosas sueltas, un poco dispersas, y creo que tampoco los grupos lo ve\u00edan como un negocio. Los Santos, una banda de pop fant\u00e1stica, o Rufus, o incluso Doctor Deseo&#8230; Yo creo que se conserva un poco ese rollo aldeano en el buen sentido, m\u00e1s dom\u00e9stico, y nadie tuvo la intenci\u00f3n de ir m\u00e1s all\u00e1. Se conformaban con tocar en Plentzia, en las fiestas de Urduliz&#8230; \u00a1Ni las Vulpes aprovecharon la oportunidad! Quiz\u00e1 hab\u00eda inseguridad, temor, y tampoco hab\u00eda promotores para exportarlo. En la \u00e9poca del <em>Getxo Sound<\/em>, El Inquilino fueron los que m\u00e1s salieron, pero luego se volv\u00edan y se quedaban ah\u00ed\u00bb. Bolo, afincado en Madrid desde 2001, siempre espanta el mosc\u00f3n de la nostalgia, pero tambi\u00e9n reivindica una pasi\u00f3n que echa en falta en buena parte de la m\u00fasica actual: \u00abLos conciertos se han convertido en actos sociales, como la \u00f3pera. Antes eso no pasaba: te ibas a Rekalde, a un chiringuito, a ver una banda punk que era un desastre y sonaba como el orto, pero era de puta madre. La pasi\u00f3n y la intensidad se han hipotecado\u00bb.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El otro d\u00eda, para el trabajo de verdad, entrevist\u00e9 al gran Hip\u00f3lito Garc\u00eda, ese hombre al que todos conocemos como Bolo. Me qued\u00e9 con rabia por las limitaciones de espacio, porque Bolo es un candidato extraordinario para una entrevista al estilo Jot Down, de esas que repasan una vida poco a poco: sus actividades conspiratorias, [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[7],"tags":[327,391,1289],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4205"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4205"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4205\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4208,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4205\/revisions\/4208"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4205"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4205"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4205"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}