{"id":398,"date":"2007-04-09T17:17:57","date_gmt":"2007-04-09T17:17:57","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/?p=398"},"modified":"2007-04-09T17:17:57","modified_gmt":"2007-04-09T17:17:57","slug":"oidos-sordos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/evadidos\/2007\/04\/09\/oidos-sordos\/","title":{"rendered":"O\u00eddos sordos"},"content":{"rendered":"<p><IMG src=\"\/evadidos\/files\/JBell.JPG\" align=\"right\" hspace=\"5\" vspace=\"5\">El Washington Post public\u00f3 ayer <A target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.washingtonpost.com\/wp-dyn\/content\/article\/2007\/04\/04\/AR2007040401721.html?hpid=topnews\">un reportaje genial<\/a> (yo lo he descubierto gracias a <A target=\"_blank\" href=\"http:\/\/fogonazos.blogspot.com\/\">Fogonazos<\/a>) que cuestiona la sensibilidad del ciudadano moderno ante la belleza, o incluso ante la Belleza. Vale, la tesis impone un poco, pero les prometo que el desarrollo resulta mucho m\u00e1s divertido: en esencia, han puesto a un violinista de \u00e9lite a tocar en el metro en hora punta, para comprobar cu\u00e1nta gente se deten\u00eda a escuchar y cu\u00e1nto diner\u00edn le dejaban en la funda. La estrella mendicante ha sido <A target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.joshuabell.com\/\">Joshua Bell<\/a>, al que conocer\u00e1n si son aficionados a la m\u00fasica <i>culta<\/i> (la frase tiene truco, porque no les ocultar\u00e9 que yo no lo conoc\u00eda), que se puso unos vaqueros y una gorra de b\u00e9isbol, se plant\u00f3 en una c\u00e9ntrica estaci\u00f3n de Washington DC con su <i>stradivarius<\/i> de 1713 e interpret\u00f3 seis piezas. En el transcurso de la actuaci\u00f3n pasaron por all\u00ed 1.097 personas, la mayor\u00eda de camino a su puesto de trabajo en el Gobierno federal, y s\u00f3lo se pararon a escuchar dos: John Picarello, que supo apreciar que se trataba de un violinista \u00absoberbio\u00bb, y Stacy Furukawa, que identific\u00f3 al m\u00fasico porque hab\u00eda asistido a un concierto suyo tres semanas antes. Ah, cuenten tambi\u00e9n a un trabajador de Au Bon Croissant, que asomaba la cabeza de vez en cuando para ver qui\u00e9n hac\u00eda ese ruido maravilloso: \u00abEste hombre estaba sintiendo la m\u00fasica\u00bb, elogi\u00f3 el cruasanero mel\u00f3mano. La recaudaci\u00f3n ascendi\u00f3 a 32 d\u00f3lares, porque los periodistas no suman los 20 que le dej\u00f3 Furukawa movida por el reconocimiento. \u00abNo est\u00e1 tan mal. Son 40 pavos a la hora. Podr\u00eda vivir bien haciendo esto y no tendr\u00eda que pagar a un agente\u00bb, valor\u00f3 un optimista Bell.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que, a muchos, los afanes cotidianos no les (nos) dejan tiempo para disfrutar de lo bueno, ni siquiera para darse (darnos) cuenta de que existe. Pero, como no puedo evitar una carga de negatividad obcecada, me encantar\u00eda saber qu\u00e9 porcentaje de esos bur\u00f3cratas se declara apasionado de la m\u00fasica cl\u00e1sica, pone cara de extremo disfrute cuando asiste a un concierto recomendado e incluso se permite alabar la excepcional t\u00e9cnica del int\u00e9rprete. \u00bfUstedes creen que se habr\u00edan parado, por cierto?<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Washington Post public\u00f3 ayer un reportaje genial (yo lo he descubierto gracias a Fogonazos) que cuestiona la sensibilidad del ciudadano moderno ante la belleza, o incluso ante la Belleza. 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