
Foto: Antti Uusimäki
Richard Dawson es una de las figuras más destacadas de lo que podríamos llamar la vertiente extravagante del folk británico, un mundo en el que la excentricidad no es un valor precisamente escaso, pero por aquí (y me refiero a este blog, no a este país) lo hemos disfrutado especialmente al frente de su cuarteto de pop friqui Hen Ogledd, que combina una actitud decididamente anticonvencional con algunas de las mejores canciones publicadas en los últimos años. Pues bien, resulta que el grupo favorito de Richard Dawson son, de manera bastante congruente, los finlandeses Circle, un comando ya veterano que practica lo que podríamos llamar metal surrealista, o quizá dadaísta, recogiendo algunos de los rasgos distintivos del heavy (la potencia, la adoración del riff, los pantalones de licra) pero trasladándolos a un entorno más bien experimental, libre de la pesadísima carga tópica que aflige al género melenudo. Podríamos decir que tanto Dawson como Circle hacen una especie de vanguardia divertida y disfrutable, y hace un par de años se produjo el encuentro de ambas partes cuando los finlandeses invitaron al inglés a acompañarlos en el festival Sideways de Helsinki. Es el momento que refleja la bonita foto de aquí al lado y sirvió de germen para el álbum conjunto que editarán en noviembre, que promete ser una gloriosa celebración del extravío feliz. Y qué portada más prog y más preciosa, por cierto.
«No suena como ningún álbum de metal que hayas escuchado antes», avisa su sello, que lleva el nombre idóneo de Weird World. En realidad, lo de metal desorienta más que otra cosa, y a eso se añade que el guitarrista de Circle instruyó a sus compañeros a tocar como si fuesen plantas, o algo así: cada corte del disco está concebido bajo la advocación de, ejem, un vegetal. Parece ser que la menos botánica del lote es, precisamente, la que les ha servido de adelanto, esta Lily que consigue lo más difícil de este mundo: suena tan personal como si surgiese de algún universo paralelo, pero a la vez lo suficientemente entendible para disfrutarla en cuanto arranca el riff (también es adictiva, lo certifico). Mi hija de 5 años está convencida, desde la primera vez que escuchó sus coros gótico-cómicos, de que se trata de un tema sobre vampiros, pero en realidad trata de fantasmas, los que la madre de Dawson veía en un hospital de Newcastle. «Trabajando de enfermera en prácticas en los primeros 80 en el hospital Royal Victoria / solías verlos muy a menudo / en las horas posteriores a su muerte. / Hubo un caballero que pasó caminando / con sonrisa radiante / aunque yo lo sabía gravemente enfermo y confinado en su cama. / Pronto me enteré de que llevaba horas muerto. / Luces negras que cuelgan en la distancia. / He visto las flores de otro país. / Luces negras que florecen en el umbral, / los pétalos se despliegan a mi alrededor». El vídeo, eso sí, nos presenta a Dawson jugando al billar con el campeón Steve Davis, por razones que (dice él) «quedarán sin explicar».