La escueta biografía oficial de Kadhja Bonet dice que nació en 1784, pero se la ve tan lozana en las fotos que sospecho que ese dato es mentira, je, je… En realidad tendrá veintitantos, aunque, si juzgamos por sus discos, perfectamente habría podido nacer allá por 1940 y vivir intensamente los años 60, porque la joven californiana recupera una forma de hacer música que se ha vuelto infrecuente, con un pie en la sensualidad de las baladas soul, otro en la delicadeza de la bossanova y, ejem, quizá un extraño tercer pie en el sofisticado salón de algún arreglista francés: las suyas son canciones de aire clásico, con vocación de estándar y elegantes adornos de cuerda y viento. Y Honeycomb es la muestra más redonda de su talento, con su combinación de violines orientalizantes y banda sonora de James Bond: es tan perfecta que hasta me ha obligado a echar un vistazo por ahí, no fuese a tratarse de una versión.
De Kadhja se sabe poquito. «Se mantiene bastante callada, por no decir un poco misteriosa, al tratar sobre la historia de su vida», admiten en Fat Possum, el sello que va a lanzar el mes que viene su primer álbum. Sí ha confirmado que tiene formación clásica, y de hecho ella misma suele tocar casi todo lo que suena en sus canciones, muy en particular el violín, la viola y la flauta. Honeycomb sirve como adelanto de ese debut, aunque en realidad es una canción de hace un año y ya apareció en un minielepé: incluso tiene vídeo, pero se lo voy a enlazar en vez de insertarlo, porque Vimeo casi siempre me da problemas. Ahora, sírvanse un cóctel rico y disfruten.