No sé, a mí me parece que Wristwatch tienen uno de los nombres más feos del rock, pero parece que ellos llevan con cierto orgullo eso de llamarse Reloj de pulsera: veo que las portadas de sus tres álbumes redondean el concepto, ya que cada una de ellas muestra la fotografía de un ser humano con la cara fuera de cuadro pero, en fin, el reloj de pulsera bien visible. Qué caramba, quedan ya tan pocos nombres libres que hay que sacarles todo el jugo, y también es verdad que un bautismo tan prosaico encaja de alguna manera con lo que nació como proyecto pandémico y doméstico, sin grandes aspiraciones más allá de ocupar creativamente el vacío del confinamiento. El responsable fue el cantante y guitarrista Bobby Hussy, un tipo metido en mil proyectos allá en Wisconsin, que después enroló a su amigo y colaborador Tyler Spatz al bajo y coros. Con una caja de ritmos que definía la sonoridad del dúo, acabaron sacando dos álbumes de píldoras punk con melodías de efecto inmediato (más buzzcockianas que ramonianas) y el encanto de lo casero.
Ahora, a principios de este año, ha salido el tercero, III, y supone todo un cambio. Aquí lo que suena es ya una banda completa, un cuarteto con su segunda guitarra y su batería, es decir, la formación que apañaron para dar conciertos. Y, según observo, el repertorio son temas que habían aparecido en sus álbumes anteriores, pero reforzados (y, a menudo, acelerados) con este nuevo tratamiento. En el caso de este Floor, cuya versión original aparecía en su debut, de 2021, la canción ha experimentado además un notable alargamiento propiciado por el juego de guitarras: ha pasado de tres minutos a cinco y medio, la más larga del lote. Con ella inauguramos las referencias del año nuevo, este 2026 que aún no nos hemos acostumbrado a escribir.