
Pensaba tomarme vacaciones navideñas de canción de la semana, pero me daba pena no traer por aquí la reedición que más me ha gustado este año. Se trata de una recopilación de grabaciones de Trabant, misteriosa banda húngara de los 80 que operaba entre lo doméstico y lo clandestino, con unos planteamientos minimalistas que en parte eran consecuencia de sus ambiciones artísticas y en parte el resultado de unos recursos muy limitados y condicionados por la situación política. El sello británico Purge ya publicó el año pasado una primera selección de sus trabajos, que no escuché en su momento, y en verano de 2025 ha sacado una segunda selección, que a mí me parece todavía mejor que la primera.
Trabant, bautizados como el coche de Alemania del Este, eran un colectivo de artistas que operaban al margen de lo comercial, en buena medida por las trabas que el régimen comunista ponía a iniciativas como la suya. El único disco que publicaron fue un sencillo para promocionar una de sus películas (recurrían al cine ante la falta de la preceptiva licencia de grabación), solían operar a través de casetes vendidas de manera underground y casi no actuaban en directo. Y todo eso está muy bien, pero también puede dar un poco de pereza como concepto, porque uno se pone malicioso y se imagina que la propia rareza será el aliciente principal de una música más o menos anodina, más o menos plomiza, pero resulta que lo que suena en estas antologías de Purge es extraordinario: las canciones de Trabant suelen ser joyitas lánguidas, perezosas, artesanales, grabadas en baja fidelidad pero sobradas de encanto melódico, con una instrumentación modesta y singular (primitivas cajas de ritmos, apuntes de mandolina o de guitarra tocada como mandolina…) y la voz medio narcotizada de Marietta Méhes (o de Méhes Marietta, si respetamos el orden onomástico húngaro). Por ahí anda también Mihály Víg, que después se ha convertido en prestigioso compositor de bandas sonoras para directores como Béla Tarr. Creo que ante estas miniaturas encantadoras que se extienden a través de la repetición, como llamitas siempre a punto de apagarse, resulta inevitable evocar a Nico y a The Velvet Underground, no tanto juntos como separados y en sus vertientes menos hoscas. Como muestra he elegido Húzd ki magad, que según la traducción del magiar que me hace Google significa Sal de ti mismo.