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Carlos Benito

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Canción de la semana: ‘No te metas con Satán’

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Hay gente que persiste en el error de suponer que a Satán le mola el black metal o la electrónica rarita, como si al jefazo de los demonios le apasionasen las reuniones de gente alelada que no se toca ni por casualidad. Vale, uno de cada millón de seguidores del black metal va y quema una iglesia noruega, y uno de cada millón de fans de la electrónica rarita le ofrece algún sacrificio animal, pero un Satán como Dios manda no puede estar pendiente de esos momentos esporádicos de exaltación, ni disfruta gran cosa de ese rollo simbólico y afectado. En realidad, hasta le asquean un poco las cabezas de pollo. Lo que le da vidilla al ángel caído es el vicio de andar por casa, las claudicaciones ante la tentación cotidiana, la ebriedad, el roce sicalíptico, la feliz abolición de la moral cristiana. Por eso Satán baila. Por eso Satán perrea. Y por eso en el infierno está sonando en bucle el nuevo disco de Chúpame el Dedo.

Este proyecto colombiano nació con la intención de desarrollar un híbrido de death metal y ritmos tropicales, aunque lo primero persiste sobre todo en el espíritu y lo segundo se adueña del sonido, trepidante y embriagador. Detrás de Chúpame el Dedo están los encapuchados Eblis Álvarez (de Meridian Brothers) y Pedro Ojeda (de Romperayo, Los Pirañas y Ondatrópica), que en su segundo álbum honran al Maligno («Satán es buena gente», insiste esta canción, la primera del lote) para después deshonrarlo sin piedad, como corresponde a unos dignos aprendices de demonio (el pobre viejo cornudo acaba con escozores genitales en el delirante culebrón Alexandria Candelaria, una especie de Les Luthiers in Hell). Escuchen y, caramba, bailoteen un poco para que don Satán vuelva a sonreír.

 

Por Carlos Benito

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