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Carlos Benito

Evadidos

Algunos conciertos de noviembre

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Me dice una compañera que, para ella, noviembre es el mes más triste, por ese rollo de frialdad y oscuridad y transición, así que vamos a ver si lo animamos con unas cuantas propuestas musicales. Van ocho: como siempre, sin repetir recinto.

Gaerea y Oak (día 2, Mendigo). Empezamos con lo que podríamos llamar metal extremo por partida doble: lo es por la razón obvia (estos dos grupos portugueses se apartan de lo que podríamos llamar heavy tradicional), pero también por las opciones estilísticas que plantean, que se sitúan… pues eso, en los extremos opuestos del espectro. Oak apuestan por un doom fúnebre, pausadísimo y espacioso, mientras que Gaerea se dedican al black metal con voz poderosa. Los dos comparten desolación amocional, eso sí.

Sindicato Vertical (día 2, Shake! / día 3, Beleza Malandra). La imprescindible dosis mensual de post punk nos llega esta vez desde Alicante y es menos punk que en anteriores entregas, más pop y nuevaolera (caramba, si hasta versionan, y bien, el Everyday Is Like Sunday de Morrissey). Además de tener un nombre muy bonito, los Sindicato Vertical tienen un vocalista sin miedo a cantar, que es algo que siempre se agradece y no se encuentra tan fácilmente. Telonean dos bandas nuevas de Bilbao, también con bautismos chulos: La Sombra y La Virgen.

The Godfathers (día 3, Azkena). Iba a escribir que este es el plan alternativo al macroconcierto de la MTV, pero resulta que los programadores han sido cucos y los han hecho compatibles: los Padrinos empezarán a repartir su rock hosco y tenso a las 22.30 horas, para que puedan llegar esas gentes que salgan de San Mamés con hambre de más música en directo. The Godfathers, elegantes y malencarados, parecen muy alejados del mundo emeteuvero, pero bueno, tampoco a Berri Txarrak se los imaginaba uno en esas lides.

Mark Morgan (día 8, Guggenheim). El MEM me hace sentirme contradictorio, y supongo que eso siempre tiene una parte buena. Me parece un festival imprescindible, que trae a Bilbao propuestas experimentales, extremas, difíciles y anticomerciales, pero a la vez no suelo conocer prácticamente nada de su programa y (lo reconozco) a veces me da pereza salir de currar y meterme en un concierto de noise libérrimo o improvisación atonal. He elegido esta actuación del guitarrista Mark Morgan, el líder de Sightings, por tres razones: porque el nombre de su banda es uno de esos pocos que me resultan familiares en esta edición, porque me he puesto a escuchar su música y me parece disfrutable dentro de la exigencia (me temo que soy más partidario de la repetición que de la desestructuración free) y porque es la primera convocatoria musical del programa, que pueden consultar aquí. La velada se completa con una performance de la alemana Beate Linne.

Kadavar y Monolord (día 8, Santana 27). El cambio de hora no es nada comparado con esto, que supone reajustar los calendarios para ubicarnos en los 70. Los alemanes Kadavar (qué cabello, señores) y los suecos Monolord son egregios representantes del revival del hard y el protoheavy de hace cuatro décadas, con guitarras blacksabatthianas, reverberaciones maléficas, trabajado groove de fondo y títulos de manual ocultista como Black Sun o Dear Lucifer.

Sólveig Matthildur (día 21, Nave 9). Sólveig es islandesa, y confieso que con eso ya tiene ganada parte de mi atención, pero además forma parte del interesantísimo trío de dark wave Kælan Mikla (por aquí escribí de ellas) y editó el año pasado un absorbente álbum en solitario. Lo suyo son canciones más bien lentas y atmosféricas (ella precisa que se ajustan al latido del corazón) que a ratos pueden remitir a la electrónica planeadora de los 70, a la vertiente más ambiental del pop ochentero o a los brujeriles ensalmos góticos de su banda. Ah, Sólveig es la chica de la foto de arriba y la telonearán otras tres mujeres, las locales Serpiente.

La Granja (día 24, Hika). Reconozco que, en su momento, yo no era muy seguidor de La Granja, pero su música se ha ido revalorizando en mi escala: los mallorquines dominaban el arte de confeccionar impecables canciones de aire clásico, con reminiscencias bien asumidas de bandas como los Byrds. Llegan a Bilbao dentro de la celebración de los treinta años de Soñando en tres colores, que contenía clásicos como Chap, chap, Los chicos quieren diversión o la garajera Vitamina D, y lo estoy escuchando ahora mismo y sigue tan fresco como entonces. «Me miro al espejo y me veo más viejo que ayer», cantan. Aaaaay.

Girlschool (día 30, Sala BBK). Hablando de revalorizaciones, tengo la impresión de que la banda británica también está experimentando una especie de reevaluación en ambientes roqueros. Y se la merecen: durante mucho tiempo se consideró a Girlschool una versión femenina de Motörhead y se las contemplaba con cierto paternalismo, como si su gran mérito fuese ser protegidas de Lemmy, pero en realidad siempre firmaron fantásticas canciones de lo que podríamos llamar heavy-glam, en las que los riffs eran a menudo tan adhesivos como los estribillos.

Vamos con los portugueses Oak, en uno de esos directos que requieren cierta paciencia pero también la recompensan.

 

Por Carlos Benito

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