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Carlos Benito

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A.R. Kane, el pop de los sueños (un texto repescado)

 

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Los artistas que acuñan una etiqueta propia para definir su música suelen dar bastante mala espina. La mayoría de las veces, la maniobra es un burdo intento de forzar con las palabras lo que no consiguen con las canciones, ya que resulta mucho más sencillo afirmar que tus obras son especiales que hacerlas especiales. El dúo británico A.R. Kane es una excepción a esta regla, porque su estilo siempre resultó tremendamente difícil de catalogar: partía de unas bases similares a las de Cocteau Twins, la banda que les sirvió como punto de referencia a la hora de fundar el grupo, pero en su fórmula cabían el dub, el soul, el jazz y el feedback de guitarras, materiales con los que daban forma a composiciones que fluctuaban perezosamente entre el pop y la abstracción. Además, los dos miembros de la banda (Alex Ayuli y Rudy Tambala) eran negros, lo que aumentaba el desconcierto del público, acostumbrado a que la música afrobritánica se ajustase a los clichés tradicionales. Al final, los propios A.R. Kane se inventaron la expresión dreampop, una etiqueta afortunada que se acabó empleando también para otros grupos que no tenían mucho que ver con ellos.

En la historia del rock hay pocos inicios de carrera tan bruscos y azarosos como el de A.R. Kane. Un día, Ayuli y Tambala, amigos desde la infancia, vieron por la tele a Cocteau Twins. Estaban cada uno en su casa, pero los dos sintieron la misma fascinación al darse cuenta de que podían hacer música interesante sin necesidad de batería y tirando de reverberación y juegos de cintas. Días después, en una fiesta, a Tambala se le ocurrió decir que tenían una banda y la describió, en broma, como «un poco Velvet Underground, un poco Cocteau Twins, un poco Miles Davis, un poco Joni Mitchell». Alguien hizo llegar la noticia al sello One Little Indian, que se interesó por ellos y les obligó a dar contenido a aquella descripción fabulosa. A.R. Kane editaron su primer EP en ese sello y el segundo en 4AD, y remataron su viaje por las principales independientes inglesas fichando por Rough Trade. Hay que mencionar que, durante ese breve periodo en 4AD, se implicaron en un proyecto que tuvo más suerte comercial que su propio grupo: A.R. Kane formaban parte de MARRS, el conglomerado que en 1987 marcó un hito en la música de baile con su Pump Up The Volume.

En Rough Trade publicaron el primero y más aclamado de sus tres álbumes, 69, un artefacto fascinante y misterioso, muy influyente y también muy olvidado por la historia. El periodista musical Simon Reynolds se ha referido alguna vez a A.R. Kane como «el gran grupo perdido de los 80», porque sus hallazgos merecerían un reconocimiento que, en buena medida, se han llevado algunos de sus discípulos. El propio Tambala citaba en una entrevista con The Guardian un ejemplo obvio: «My Bloody Valentine eran una banda de indie pop hasta que nosotros sacamos Baby Milk Snatcher. De repente lo ralentizaron todo y lo cubrieron de feedback. Y lo hicieron mejor que nosotros, lo que resultó interesante». La etiqueta de dreampop, de hecho, se volvió más o menos intercambiable con la de shoegaze, ese pop envuelto en electricidad y distorsión del que My Bloody Valentine fueron apóstoles. En realidad, las bandas adscritas a ese estilo vienen a ser una versión simplificada de la propuesta de A.R. Kane, que ellos mismos solían explicar como una exploración de «las grietas» entre distintas formas de hacer música: sus canciones se abrían en múltiples direcciones, se centraban más en diluir los límites entre estilos existentes que en levantar las fronteras de un estilo nuevo.

A.R. Kane se separaron en los 90 y, pese a su condición de pioneros del shoegaze y el post rock, no han tenido mucha suerte con la posteridad. Hace unos años, Rudy Tambala puso en marcha una nueva encarnación del grupo junto a su hermana Maggie (que ya cantaba en algunas grabaciones de la etapa original) y el guitarrista Andy Taylor. El 30 aniversario de 69 ha dado un giro inesperado al proyecto: «Quería hacer algo, para devolver a la gente parte de los sentimientos que ha compartido con nosotros y para marcar el momento. Discutimos la posibilidad de remasterizaciones, camisetas, cajas recopilatorias, volver a grabar algunas canciones, conciertos, remezclas del elepé entero, etcétera, pero había problemas de derechos que se convertían en barreras insuperables, así que me rendí. Entonces, una mañana de mayo, pensé: ‘Joder, falta un mes, levántate de la cama y haz algo’. Mientras tomaba el café me di cuenta de que solo podíamos movernos hacia adelante y librarnos del sinsentido renombrando al grupo», ha explicado Tambala. Como consecuencia de esa súbita iluminación, los nuevos A.R. Kane se llaman Jübl y han publicado un EP con dos canciones nuevas adaptadas al espíritu de 69. Aunque, todo hay que decirlo, aquel viejo álbum sigue sonando más rupturista y sugerente que los temas recién grabados.

 

 

Por Carlos Benito

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