La noche de las casetes vivientes | Evadidos - Blog elcorreo.com

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Carlos Benito

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La noche de las casetes vivientes

 

 

No sé qué hacer con las casetes, ese formato entrañable que se anticipó al emepetrés en que el 95% de sus contenidos era simplemente copiado. Porque cintas originales de las de verdad no tendré más de ocho o diez, pero las grabadas ascienden a varios centenares, a los que hay que sumar esas curiosidades tan usuales en las casetotecas: zarrapastrosas joyas de gasolinera, maquetas de alguna banda local, souvenirs de países en desarrollo (tengo una edición turca del ‘Very’ de Pet Shop Boys que me hizo pensar por mucho tiempo que ‘The Theatre’ duraba minuto y medio: al fabricante se le acababa la primera cara y fue bajando el volumen con mucha habilidad y aún más jeta), directos más o menos clandestinos pillados en algún mercadillo… Durante años, mis casetes estuvieron primorosamente alineadas, luciendo unos lomos que eran la única manualidad en la que me esmeraba, pero en la última mudanza les llegó la jubilación: la mitad están desperdigadas por cajones de varias habitaciones y el resto acumula polvo en bolsas del Eroski. La doble pletina, orgullo de cualquier joven de los 80, dejó de funcionar, quizá por desuso. En realidad, hará cuatro o cinco años que no escucho ninguna casete de música, y sólo me mantengo fiel al formato para hacer entrevistas en el curro, porque no me fío un pelo de las traicioneras grabadoras de voz digitales. Pero las cintas están ahí, en sus fosas comunes, y plantean un dilema: ¿qué hago, las tiro o las guardo para que las tire algún descendiente?

Pensarán que todo esto es síntoma de una fulminante crisis de los treinta y cinco, pero no. Lo que ocurre es que hoy he descubierto (como tantas otras cosas, a través de Aquarius) que todavía quedan sellos abisales que editan en casete. Quizá sea una muestra sentimental de lealtad a un formato que resultó crucial en la expansión de la música industrial de los primeros 80, pero les aseguro que pueden acudir a entes como Twonicorn y comprarse una casete recién editada de misteriosísimos artistas como Drunjus o Tombi… Bueno, en realidad, estoy viendo la página y no pueden, porque… ¡se les agotan!

Por Carlos Benito

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septiembre 2006
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