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Carlos Benito

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Nosotros también fuimos psicodélicos

En los repasos apresurados del rock español, se suele prestar mucha atención a los grupos yeyés de los 60 y a la movida de los 80, pero da la impresión de que en medio se abrió un paréntesis de inactividad, telarañas y vacío. Estos días estoy leyendo‘Psicodelia, hippies y underground en España (1965-1980)’, un libro de Pepe García Lloret editado por Zona de Obras y la SGAE, con perdón, donde se analizan en profundidad las derivaciones de la cultura lisérgica en la música española. Y la verdad es que asombra la riqueza de una producción en gran parte olvidada: yo no había pasado de algunos progresivos catalanes -el aquí retratado Pau Riba, Música Dispersa, Máquina!-, de los sevillanos Smash y de apariciones casi sobrenaturales que no sabía ni de dónde venían, como los muy recomendables Agamenón (su ‘Todos ríen de mí’ está reeditado por Guerssen) o los teatrales Aguaviva (‘Cosmonauta’, también en Guerssen, es una de las majaradas de mayor calibre que he oído en mi vida, y créanme que le he puesto dedicación a eso de las músicas demenciadas), pero Lloret demuestra que la psicodelia española fue increíblemente fértil, pese a que el Generalísimo proseguía su personal ego trip, e incluso se lanza valeroso a recomendarnos ciento y pico discos de la época.

No puedo dejar de reseñar que el primero de la lista cronológica es un álbum de The Canaries, o sea, Los Canarios, la banda de Teddy SGAE Bautista, pero seguramente es con merecimiento: no dejemos que las sombras del presente nos velen las luces del pasado. Además, aparecen por ahí las escapadas lisérgicas de populares grupos sesenteros (Los Brincos, Los Pekenikes, Los Bravos…), muchos nombres ignotos, alguna futura estrella (como Los Archiduques, primera banda de Tino Casal), sesudos progresivos, rockeros urbanos e incluso el primer álbum de Radio Futura. Y un montón de curiosidades, de las que entresacaré dos. En los 60, hubo en Galicia un grupo llamado Los Cramps, ahí queda eso. Y en los 70, la costumbre de bautizar los proyectos con nombres abstractos o de estudiante de ciencias (ya saben, Máquina!, Módulos y así) llegó a extremos hilarantes que García Lloret refleja en una lista a pie de página: «Expresión, Fusioon, Modificación, Reacción, Sesión, Reflexión, Edelweiss, Iceberg, Núcleos, Círculos, Unidades, Sueños, Ideas, Symbolo, Elipse, Eclipse, Pentágono, Estratagema, Galaxia, Realidad, Control, Imagen, Ritual, Parábola, Fraternidad, Ráfaga, Furia, Época». Ah, las modas.

Por Carlos Benito

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