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Placeres y fantasamas en la succión

La succión siempre ha sido motivo de placer.  Ya desde el vientre materno podemos observar con nuestras ecografías 3D, 4D…cómo  el feto se chupa los dedos, la mano… Nacemos y “nos enchufan”  el pecho materno, con suerte, y sino a la tetina del biberón, que como es nuestra primera experiencia de succión nos sabe igual de rico.

Pero la succión no se queda ahí, marcará nuestra vida, y vamos evolucionando, por decirlo de forma optimista,  y no hablar de involución en las formas de la succión. Dejamos la teta, el biberón y/o el chupete y  en unos años, cada vez menos años,  desgraciadamente, pasamos a fumar, ya sea tabaco, porros, pipas… ¡la cosa es seguir succionando!  y evocar con ello momentos placenteros de seguridad  y calorcito humano, acercarnos a aquellas primeras experiencias con nuestra madre, donde todas nuestras necesidades estaban más que cubiertas, donde nos alimentaban por la boca, a través de la succión, y por la piel, a través del contacto tan próximo de los cuerpos.

Y cuando nuestros cuerpos se hacen un poco mayores pasamos a otro tipo de succión, más erótica o quizás por hablar con propiedad, a una erótica más explícita. Y chupamos y succionamos los genitales de nuestras parejas sexuales, y hacemos porque nos chupen y succionen  los nuestros, succionar y ser succionados. Casi en un delirio de integración corporal.

Y podríamos escribir mil palabras y quizás mil hojas hablando de todo lo que chupamos y succionamos a lo largo de la vida. Pero si a esto le sumamos la tecnología…bufff esto aumenta los matices, tanto los aumenta que cualquier parecido con la realidad es mera ficción.

Y llegamos con toda esta divagación al hoy, donde nos encontramos leyendo cosas como: ¡Qué guay llegar al orgasmo en dos minutos! ¡Qué gozada que sin tocarse lleguemos a un espectacular orgasmo! Así nos tratan de vender, los interesados, el succionador de clítoris cada día más famoso.

¿Pero qué vemos de guay y de gozada en llegar tan rápido al orgasmo? ¿Dónde queda la excitación, el juego, la integración, la evocación de la no separación entre TU y YO en nuestra succión erótica, donde nos fusionamos, donde dejamos de ser 2 para ser solo 1? ¿No jugamos a ser autosuficientes con tanto aparato? ¿No reflejamos el miedo que nos da depender del otro, por si el otro no está o deja de estar?

Que sí, que ya sabemos, todo en su justa medida ayuda. ¿Pero y si la medida no es tan justa? ¿Y si vamos caminando de forma inexorable hacia la autosatisfacción sexual? ¿Vamos caminando hacia no necesitar o no desear al otro? o ¿acaso no es una gozada que te toquen, chupen, que te  metan  dedos, y hacer un sinfín de cochinadas súper asquerosamente deliciosas? ¿No será que cada día nos da más miedo la intimidad? ¿No será que cada día vamos más deprisa por la vida y si puedo “llegar” en 2 minutos mejor que en 10, porque a lo mejor no saco tiempo?

Si a esto le sumamos  que vivimos en una sociedad de consumo… ¿por qué no consumir orgasmos? ¡Cuantos más…mejor! Si tengo 3 mejor que 2 y si tengo…terminar vosotros mismos la frase, que nos mareamos de pensar en números y no en calidad, calidad de sentir, calidad de calidez en el orgasmo, calidad en el relacionarnos con nuestro cuerpo, calidad en la caricia, calidad…en el encuentro,  da igual si es con nosotras mismas o si es en pareja.

Pero sigamos en la realidad, en el presente. Para que nos succione se ha sacado al mercado un producto que succiona el clítoris y en dos minutos llegas al orgasmo, como os decíamos antes, ¡con lo divertido que es el camino hacia él!  Y claro que funciona, cómo no, si succionamos cualquier parte de nuestro cuerpo lo que ocurre fisiológicamente es que llega mucha sangre, más de la que llegaría sin succionar ¿y qué pasa si hay sangre, ”mucha” sangre? Pues que se siente más y al sentir más…se llega más fácilmente al orgasmo.

Pero lo que nos alarma,  lo que nos da miedo en realidad, no es el juguete en sí mismo, que a algunas chicas les puede ayudar mucho si es bien usado, como todo en la vida, y a otras nos ha gustado dentro de un contexto de juego y no usado él solo.  Lo que nos llama la atención y nos aterroriza es cómo nos lo venden: que no necesitas tocarte, y que llegas en 2 minutos.  El juguetito te permite  llegar al orgasmo con 11 variedades de vibraciones, donde cada una elegirá la que más le guste, donde cada una vibrará a la velocidad que más le convenga. Pero eso sí, sin tocaros directamente y nosotras…pues ya sabéis, como sexólogas que somos y trabajando en donde trabajamos, Albora Bide, vemos tantas y tantas mujeres que no se tocan, que sus genitales les da tanto para atrás… que miedo nos da un juguetito que les permita masturbarse sin tocarse, porque ¿para qué necesitan superarlo entonces? ¿Para qué enfrentarse a los fantasmas si podemos ignorarlos, si podemos meterlos bajo la alfombra? Pues para superar traumas, para seguir avanzando sin pesadillas, para disfrutar plenamente y conscientemente de nuestro cuerpo y del cuerpo del otro, para afianzarnos y que nuestra autoestima mejore y sigamos creciendo.

Y para ir acabando, recordaros  también que los succionadores masculinos ya existían y existen  para favorecer la erección y la sensibilidad y  que lo que han hecho es pura adaptación del método, succionar el clítoris para irrigarlo de sangre y por lo tanto que esté más sensible y…más susceptible de llegar al orgasmo.

Por otro lado, nos reconocemos  a nosotras mismas como apasionadas y casi obsesas de los juguetes eróticos, porque ayudan a salir de la rutina, porque la tecnología…a veces es maravillosa y nos hace sentir sensaciones diferentes a las que estábamos acostumbradas, nos gusta porque nos ayuda en los procesos de excitación e incluso nos ayuda a llegar al orgasmo. Pero no nos gusta que hagan apología de no necesitar tocarnos, eso  nos da miedo. Nos da por pensar que si ya no es necesario tocarse con los dedos, o con la boca estas mujeres, aquellas de las que os hemos dicho que nos llegan a Albora Bide, y otras muchas que ni se atreven a venir a quitarles la sábana a sus fantasmas, no se tocarán nunca, mantendrán su “fobia” y la camuflarán con modernidad.

Usemos la tecnología para ayudarnos y no, para tapar. Entonces y, solo entonces, valdrá la pena.

 

 

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Por Lurdes Lavado y Mertxe Gil

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