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lurdes y mertxe

Esto va de sexo

¿Te cuesta acabar una relación que ya está acabada?

 

Leed por favor con tranquilidad , si es que os apetece, claro, y fijaros bien en la letra de la  canción siguiente, que le hemos tomado prestada a Ismael Serrano “Un muerto encierras”. Es terriblemente frecuente ver en la consulta, o incluso sentir en nuestras carnecillas, estas situaciones, situaciones que hacen que nos sintamos como un ratón en la ratonera.

¿Por qué no acabar con lo que ya está acabado? ¿Por qué no rompemos esas relaciones que han llegado a su fin? ¿Por qué nos damos de cabezazos intentando cambiar lo incambiable? ¿Por qué en definitiva nos torturamos?

La respuesta es “simple” : no nos separamos de alguien por dos razones: por pena o por culpa ( no vamos a hablar de que una separación muchas veces conlleva una división de patrimonio que nos deja a punto de ir bajo el puente, y el miedo nos acogota). La respuesta más o menos es simple, sí, pero la ejecución de la resolución….

Leed amigos, leed, leed la poesía de nuestro siglo, hecha canción. Y esperamos que os ayude a escapar de la ratonera, si es que estáis ahí.  

“Como tantas madrugadas encerrados en un coche,
en una calle sin luz, una calle sin nombre,
los dos frente a frente se miran despacio,
tras dedicarse al amor y su trabajo.
Secan su sudor, secan su sudor,
tal como han aprendido, no han olvidado.

Él piensa “ya nada es lo de antes,
la vida debe estar en otra parte”,
donde no la divisa porque ella le ciega
con cárceles de oro, con amor sin tregua.
Ya nunca volverán, ya nunca volverán,
ya nunca volverán a hacer nada por vez primera.

Ataremos bandadas de gorriones a nuestras muñecas,
huiremos lejos de aquí, a otro planeta.
Llévame donde no estés,
un muerto encierras.

Él le regala unas manos llenas de mentiras,
ya no le parece tan bello el cuerpo que acaricia.
Ayer eclipse de sol eran sus pupilas,
hoy son lagunas negras donde el mal se hacina.
Qué pena me da, qué pena me da,
qué pena me da, todo se termina.

Ella ya no ama sus vicios, le busca en los ojos,
pasa un ángel volando y se encuentra con otro.
Ayer sus dos brazos eran fuertes ramas
donde guarecerse, hoy son cuerdas que atan.
Qué pena me da, qué pena me da,
qué pena me da, todo se acaba.

Ataremos bandadas de gorriones a nuestras muñecas,
huiremos lejos de aquí, a otro planeta.
Llévame donde no estés,
un muerto encierras.

Él decide por fin vomitar las ideas,
ella lo sabe y tranquilamente lo espera.
Sin calma planea su fuga este preso,
ella no lo mira, no aguanta su aliento.
Ya llegó el final, y van a encontrar
en su corazón arena de desierto.

Perdida la calma, se pone muy serio,
cunde el pánico y le invade un horrible miedo.
Su boca cobarde pronuncia: “Te quiero.
No te vayas nunca, no te vayas lejos”.
Y ella echa a temblar, ella echa a temblar,
ella echa a temblar: “Yo también te quiero”.

Ataremos bandadas de gorriones a nuestras muñecas,
huiremos lejos de aquí, a otro planeta.
Llévame donde no estés,
un muerto encierras.”

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Por Lurdes Lavado y Mertxe Gil

Sobre el autor


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