{"id":807,"date":"2010-11-19T09:14:00","date_gmt":"2010-11-19T09:14:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/estoesbrooklyn\/?p=807"},"modified":"2010-11-19T09:14:00","modified_gmt":"2010-11-19T09:14:00","slug":"sunset-park-paul-auster-avanzamos-primer-capitulo-en","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/estoesbrooklyn\/2010\/11\/19\/sunset-park-paul-auster-avanzamos-primer-capitulo-en\/","title":{"rendered":"&#039;Sunset Park&#039;, de Paul Auster: Avanzamos el primer cap\u00edtulo en espa\u00f1ol"},"content":{"rendered":"<p>A punto de llegar a las librer\u00edas, la versi\u00f3n en espa\u00f1ol de <A href=\"..\/estoesbrooklyn\/2010\/5\/3\/todos-detalles-sobre-nuevo-paul-auster-sunset-park-\" title=\"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/estoesbrooklyn\/2010\/5\/3\/todos-detalles-sobre-nuevo-paul-auster-sunset-park-\" id=\"link_3\">Sunset Park<\/a>, la \u00faltima novela de Paul Auster, arranca as\u00ed.<\/p>\n<p><IMG src=\"\/estoesbrooklyn\/files\/sunsetCIMG3340.JPG\" id=\"img_0\" class=\"imgcen\"><strong>I<br \/>\nMilles Heller<\/strong><br \/>\n<span id=\"ctl00_ctl00_ContentMaster_ContentArticulo_textoLabel\">Durante  casi un a\u00f1o ya, viene tomando fotograf\u00edas de cosas abandonadas. Hay como  m\u00ednimo dos servicios al d\u00eda, a veces hasta seis o siete, y siempre que  entra con sus huestes en otro domicilio, se enfrenta con las cosas, los  innumerables objetos desechados por las familias que se han marchado.  Los ausentes han huido a toda prisa, avergonzados, confusos, y seguro  que dondequiera que habiten ahora (si es que han encontrado un lugar  para vivir y no han acampado en la calle) sus nuevas viviendas son m\u00e1s  peque\u00f1as que los hogares que han perdido. Cada casa es una historia de  fracaso -de insolvencia e impago, deudas y ejecuci\u00f3n de hipoteca- y \u00e9l  se ha propuesto documentar los \u00faltimos y persistentes rastros de esas  vidas desperdigadas con objeto de demostrar que las familias  desaparecidas estuvieron all\u00ed una vez, que los fantasmas de gente que  nunca ver\u00e1 ni conocer\u00e1 siguen presentes en los desechos esparcidos por  sus casas vac\u00edas.<\/p>\n<p>  Sacar la basura, llaman a ese trabajo, y \u00e9l forma parte de un equipo de  cuatro personas empleado por la Compa\u00f1\u00eda Inmobiliaria Dunbar, que  subcontrata sus servicios de \u00abmantenimiento de viviendas\u00bb a los bancos  de la zona que ahora son los due\u00f1os de las propiedades en cuesti\u00f3n. En  las extensas llanuras del sur de Florida abundan esas estructuras  hu\u00e9rfanas, y como a los bancos les interesa volverlas a vender cuanto  antes, hay que limpiar, arreglar y preparar las casas desalojadas para  ense\u00f1\u00e1rselas a los posibles compradores. En un mundo que se viene abajo,  abrumado por la ruina econ\u00f3mica e implacables privaciones en incesante  aumento, sacar la basura es uno de los pocos negocios florecientes en la  zona. Sin duda tiene suerte de haber encontrado ese trabajo. No sabe  cu\u00e1nto tiempo podr\u00e1 seguir aguant\u00e1ndolo, pero el salario es bueno, y en  un pa\u00eds en donde cada vez escasea m\u00e1s el empleo, seguro que es una buena  ocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p>  Al principio, se quedaba estupefacto por el desorden y la suciedad, el  abandono. Rara vez entra en una vivienda que sus antiguos due\u00f1os hayan  dejado en pr\u00edstina condici\u00f3n. Lo m\u00e1s frecuente es que se haya producido  un estallido de ira y violencia, una org\u00eda de caprichoso vandalismo a la  hora de marcharse: desde dejar los grifos de los lavabos abiertos y las  ba\u00f1eras desbord\u00e1ndose hasta muros demolidos a mazazos, paredes  cubiertas de pintadas obscenas o agujereadas a balazos, sin mencionar  las tuber\u00edas de cobre arrancadas, las alfombras manchadas de lej\u00eda, los  montones de mierda depositados en la sala de estar. Son ejemplos  extremos, quiz\u00e1s, actos impulsivos provocados por la rabia de los  despose\u00eddos, expresiones de desesperaci\u00f3n, vergonzosos pero  comprensibles, y aunque no siempre le da repugnancia al entrar en una  casa, nunca abre la puerta sin un sentimiento de aprensi\u00f3n.  Inevitablemente, lo primero con lo que hay que lidiar es el olor, la  embestida de aire enrarecido que le penetra s\u00fabitamente por las ventanas  de la nariz, los omnipresentes y mezclados olores a moho, leche agria,  excrementos de gato, retretes con una costra de porquer\u00eda y alimentos  podridos en la encimera de la cocina. Ni con aire fresco entrando a  raudales por las ventanas abiertas se elimina esa peste; ni siquiera la  limpieza m\u00e1s atenta y escrupulosa puede borrar el hedor de la derrota.<\/p>\n<p>  Despu\u00e9s, siempre, est\u00e1n los objetos, las pertenencias olvidadas, <em>las cosas abandonadas<\/em>.  A estas alturas, ya tiene miles de fotograf\u00edas, y entre su creciente  archivo pueden encontrarse im\u00e1genes de libros, zapatos y cuadros al  \u00f3leo, pianos y tostadoras, mu\u00f1ecas, juegos de t\u00e9 y calcetines sucios,  televisores y juegos de mesa, vestidos de fiesta y raquetas de tenis,  sof\u00e1s, lencer\u00eda de seda, pistolas de silicona, chinchetas, soldaditos de  pl\u00e1stico, barras de labios, rifles, colchones descoloridos, cuchillos y  tenedores, fichas de p\u00f3quer, una colecci\u00f3n de sellos y un canario  muerto que yace en el fondo de su jaula. No sabe por qu\u00e9 se siente  impelido a tomar esas fotograf\u00edas. Comprende que es una empresa vana,  que a nadie puede ser de utilidad, y sin embargo cada vez que pone los  pies en una casa, siente que las cosas lo llaman, que le hablan con las  voces de la gente que ya no est\u00e1, pidi\u00e9ndole que las mire una vez m\u00e1s  antes de que se las lleven. Los dem\u00e1s miembros de la cuadrilla se burlan  de \u00e9l por esa man\u00eda de sacar fotos, pero no les hace caso. No cuentan  mucho en su opini\u00f3n, y los desprecia a todos. Victor el tarado, jefe del  grupo; Paco, el parlanch\u00edn tartamudo; y Freddy, el gordo jadeante: los  tres mosqueteros de la fatalidad. La ley dispone que todos los objetos  recuperables que superen un determinado valor deben entregarse al banco,  que a su vez est\u00e1 obligado a devolverlos a sus due\u00f1os, pero sus  compa\u00f1eros se quedan con lo que se les antoja sin darle mayor  importancia. Lo consideran est\u00fapido por desde\u00f1ar el bot\u00edn -botellas de  whisky, radios, reproductores de ced\u00e9s, un equipo de tiro al arco,  revistas porno-, pero lo \u00fanico que \u00e9l quiere son fotograf\u00edas: no las  cosas, sino sus  im\u00e1genes. Lleva ya alg\u00fan tiempo procurando hablar lo  menos posible en el trabajo. A Paco y Freddy les ha dado por llamarle <em>El Mudo<\/em>.<\/span><em><\/em><br \/>\n<span id=\"ctl00_ctl00_ContentMaster_ContentArticulo_textoLabel\">Tiene  veintiocho a\u00f1os, y a su leal saber y entender, carece de ambiciones. De  ambiciones desmedidas, en cualquier caso, y de ideas claras en cuanto a  labrarse un posible porvenir. Sabe que no se quedar\u00e1 mucho tiempo m\u00e1s en  Florida, que est\u00e1 llegando el momento en que sentir\u00e1 el impulso de  ponerse otra vez en marcha, pero hasta que esa necesidad emocional  madure y se transforme realmente en acto, se contenta con permanecer en  el presente sin mirar hacia delante. Si algo ha conseguido en los siete  a\u00f1os y medio desde que dej\u00f3 la universidad y se puso a trabajar por su  cuenta, es esa capacidad de vivir en el presente, de limitarse al aqu\u00ed y  ahora, y aunque no sea el logro m\u00e1s laudable que quepa imaginar,  alcanzarlo le ha costado considerable disciplina y dominio de s\u00ed mismo.  No tener planes, que es lo mismo que carecer de deseos y esperanzas,  contentarse con su suerte, aceptar lo que el mundo ofrece cada d\u00eda; para  vivir as\u00ed hay que querer muy poca cosa, tan poco como resulte  humanamente posible.<\/p>\n<p>  De manera gradual, ha ido reduciendo sus deseos hasta lo que ahora se  acerca a lo justo. Ha dejado de fumar y de beber, ya no come en  restaurantes, ni siquiera tiene televisi\u00f3n, radio ni ordenador. Le  gustar\u00eda cambiar el coche por una bicicleta, pero no puede quedarse sin  \u00e9l, porque la distancia que debe recorrer para ir al trabajo siempre es  muy grande. Lo mismo puede decirse del tel\u00e9fono m\u00f3vil que lleva en el  bolsillo, y que le encantar\u00eda tirar a la basura, pero tambi\u00e9n lo  necesita para el trabajo y por tanto no puede pasarse sin \u00e9l. La c\u00e1mara  digital ha sido un lujo, quiz\u00e1s, pero dada la mon\u00f3tona y agotadora  rutina del trabajo de limpieza, tiene la impresi\u00f3n de que le est\u00e1  salvando la vida. Paga poco de alquiler, porque vive en un apartamento  peque\u00f1o, en un barrio humilde, y aparte de gastar dinero en necesidades  b\u00e1sicas, el \u00fanico lujo que se permite es comprar libros, vol\u00famenes de  bolsillo, narrativa en su mayor parte, novelas norteamericanas,  brit\u00e1nicas, traducidas de lenguas extranjeras, pero en el fondo los  libros no son lujos sino necesidades, y la lectura es una adicci\u00f3n de la  que no desea curarse.<\/p>\n<p>  De no haber sido por la chica, probablemente se habr\u00eda marchado antes de  fin de mes. Tiene ahorrado lo suficiente para irse a donde le d\u00e9 la  gana, y no hay duda de que est\u00e1 harto del sol de Florida, del cual, tras  mucho estudio, cree ahora que es m\u00e1s perjudicial que beneficioso para  el esp\u00edritu. Es un sol maquiav\u00e9lico en su opini\u00f3n, un sol hip\u00f3crita, y  la luz que genera no ilumina las cosas sino que las oscurece: cegando  con su continua y excesiva refulgencia, machac\u00e1ndole a uno con sus  r\u00e1fagas de vaporosa humedad, de-sequilibr\u00e1ndolo con sus reflejos de  espejismo y tr\u00e9mulas oleadas de vac\u00edo. Todo es brillo y resplandor, pero  no ofrece sustancia, ni tranquilidad, ni tregua. Sin embargo, fue en  esa luz en donde vio a la chica por primera vez, y como es incapaz de  renunciar a ella, contin\u00faa viviendo bajo ese sol al tiempo que trata de  reconciliarse con \u00e9l.<\/p>\n<p>  Se llama Pilar Sanchez, y la conoci\u00f3 seis meses atr\u00e1s en un parque, un  encuentro puramente casual a \u00faltima hora de la tarde de un d\u00eda de  mediados de mayo, el encuentro m\u00e1s inveros\u00edmil que quepa imaginar. Ella  sentada en el c\u00e9sped, leyendo un libro, y \u00e9l tambi\u00e9n sobre la hierba con  otro libro en la mano, que por casualidad era el mismo que ella ten\u00eda,  en la misma edici\u00f3n de bolsillo, con id\u00e9ntica portada, <em>El gran Gatsby<\/em>,  que \u00e9l le\u00eda por tercera vez desde que su padre se lo regal\u00f3 al cumplir  diecis\u00e9is a\u00f1os. Llevaba all\u00ed veinte o treinta minutos, enfrascado en la  lectura y por tanto ajeno a todo lo que le rodeaba, cuando oy\u00f3 que  alguien re\u00eda. Se volvi\u00f3, y en aquella primera y fatal visi\u00f3n, mientras  ella le sonre\u00eda all\u00ed sentada se\u00f1alando el t\u00edtulo de su libro, \u00e9l calcul\u00f3  que a\u00fan no hab\u00eda cumplido los diecis\u00e9is, s\u00f3lo una ni\u00f1a, en realidad, y  de poca estatura adem\u00e1s, una adolescente menuda que llevaba vaqueros muy  cortos y ajustados, sandalias, y una brev\u00edsima camiseta, el mismo  atuendo de cualquier otra chica medianamente atractiva de la parte baja  de aquella Florida destellante de sol. Casi una criatura, dijo para s\u00ed, y  sin embargo ah\u00ed estaba con los tersos miembros desnudos y un rostro  despierto y sonriente, y \u00e9l, que rara vez sonr\u00ede a nada o a nadie, la  mir\u00f3 a los ojos negros y vivaces y le devolvi\u00f3 la sonrisa.  <\/span><br \/>\n[<A href=\"http:\/\/www.elcultural.es\/noticias\/LETRAS\/1068\/Comienzo_de_Sunset_Park\" title=\"http:\/\/www.elcultural.es\/noticias\/LETRAS\/1068\/Comienzo_de_Sunset_Park\" id=\"link_0\">v\u00eda<\/a>|<br \/>\n<A href=\"..\/estoesbrooklyn\/2010\/11\/4\/sunset-park-paul-auster-buena-critica\" title=\"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/estoesbrooklyn\/2010\/11\/4\/sunset-park-paul-auster-buena-critica\" id=\"link_1\">Sunset Park, de Paul Auster, una buena cr\u00edtica<\/a><br \/>\n<A href=\"..\/estoesbrooklyn\/2010\/10\/29\/guia-criticas-sunset-park-paul-auster\" title=\"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/estoesbrooklyn\/2010\/10\/29\/guia-criticas-sunset-park-paul-auster\" id=\"link_2\">Gu\u00eda de cr\u00edticas sobre Sunset Park<\/a><br \/>\nTodos los detalles sobre <A href=\"..\/estoesbrooklyn\/2010\/5\/3\/todos-detalles-sobre-nuevo-paul-auster-sunset-park-\" title=\"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/estoesbrooklyn\/2010\/5\/3\/todos-detalles-sobre-nuevo-paul-auster-sunset-park-\" id=\"link_4\">Sunset Park <\/a>  <\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A punto de llegar a las librer\u00edas, la versi\u00f3n en espa\u00f1ol de Sunset Park, la \u00faltima novela de Paul Auster, arranca as\u00ed. 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