{"id":798,"date":"2010-10-26T16:57:00","date_gmt":"2010-10-26T16:57:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/estoesbrooklyn\/?p=798"},"modified":"2010-10-26T16:57:00","modified_gmt":"2010-10-26T16:57:00","slug":"haciendo-pipi-con-paul-auster-rushdie-y-vargas-llosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/estoesbrooklyn\/2010\/10\/26\/haciendo-pipi-con-paul-auster-rushdie-y-vargas-llosa\/","title":{"rendered":"Haciendo pip\u00ed con Paul Auster, Rushdie y Vargas Llosa"},"content":{"rendered":"<p>Con permiso de Luis Garc\u00eda, profesor de espa\u00f1ol en la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook, reproduzco este texto sobre su curioso encuentro con Paul Auster, Salman Rushdie y Vargas Llosa&#8230; \u00a1en los ba\u00f1os p\u00fablicos de un teatro!<br \/>\n<A href=\"http:\/\/blogs.elespectador.com\/elmagazin\/2010\/10\/22\/paul-auster-salman-rushdie-y-vargas-llosa-en-un-bano-publico\/\" title=\"http:\/\/blogs.elespectador.com\/elmagazin\/2010\/10\/22\/paul-auster-salman-rushdie-y-vargas-llosa-en-un-bano-publico\/\" id=\"link_0\">Aqu\u00ed<\/a>, el original.<\/p>\n<blockquote><p><strong>Luis Garc\u00eda* <\/strong><br \/>\nFue en un homenaje que el Centro Americano del  Pen Club le hizo a Garc\u00eda M\u00e1rquez, y hab\u00eda la sensaci\u00f3n entre los asistentes de que el nobel pudiera aparecerse en cualquier momento, aunque \u00e9ste ya hab\u00eda enviado un comunicado previo, excus\u00e1ndose de asistir. Del mismo modo que hab\u00eda dicho que ya no quer\u00eda m\u00e1s premios literarios, Garc\u00eda <IMG src=\"\/estoesbrooklyn\/files\/129492-p1060352.jpg\" id=\"img_0\" class=\"imgizqda\" width=\"317\" height=\"213\">M\u00e1rquez parec\u00eda estar m\u00e1s all\u00e1 del bien y del mal de todo ese rollo de galardones y homenajes. Con verdadero tacto, hab\u00eda advertido que lo sacaran de la lista de candidatos al Premio Cervantes, para seguramente evitarse un nuevo caporal de fot\u00f3grafos cerca de su casa, o periodistas en busca de una codiciada entrevista con el maestro.  Sin embargo, tom\u00e9 el metro y me baj\u00e9 en Times Square.  Era una noche c\u00e1lida de noviembre, inusual en Nueva York para esa \u00e9poca del a\u00f1o, y  Manhattan como siempre ten\u00eda ese aire de puta rica y estilizada que no tiene m\u00e1s remedio que acostarse con un ej\u00e9rcito de trabajadores nocturnos y repartidores de pizza.  Cuando llegu\u00e9  al viejo edificio del Town Hall de la calle 43, donde esa noche se llevaba a cabo la funci\u00f3n del Pen Club, me acerqu\u00e9 a la taquilla \u2013porque hab\u00eda que pagar, no recuerdo si eran quince d\u00f3lares, una suma exorbitante para m\u00ed- y compr\u00e9 la boleta de entrada. Sent\u00ed cierta aprehensi\u00f3n. En verdad, no sab\u00eda qu\u00e9 hac\u00eda yo all\u00ed. Iba contra mi voluntad, obligado por m\u00ed mismo.  Siempre, a lo largo de mi vida, he sufrido de ese mal: un trance en el que  muchas veces caigo y que me resulta inexplicable. Mi cerebro y mi voluntad entran en una disputa ya barroca, donde siempre el que sale perdiendo soy yo.<br \/>\nEl lobby del teatro estaba animado, hasta hab\u00eda un peque\u00f1o bar donde, para m\u00ed sorpresa, Jon Lee Anderson apuraba un trago, entre risas estridentes y mujeres en escote.  Sent\u00ed una envidia infinita, y una rabia a la vez. Rabia por m\u00ed, claro, por ser c\u00f3mo yo era, y envidia por \u00e9l, por esas risas en escote que lo envolv\u00edan como gasa. As\u00ed viven los periodistas famosos y los grandes escritores, me dije: rodeados de alcohol y mujeres hermosas. La editorial Alfred Knopf ten\u00eda un peque\u00f1o puesto a la izquierda del bar, y  Edith Grossman, la traductora del libro Vivir para Contarla, no andaba muy lejos de all\u00ed. Hubiera podido pasar desapercibida, claro, porque una cosa es William Kennedy a su lado, y otra cosa es una mujer de pelo blanco con una copa entre las manos. Segu\u00ed de largo, me torturaba no tener siquiera para comprarme un trago, el m\u00e1s barato que hubiera en aquel reino de delicias.  Fui y me sent\u00e9, intentando ver si hab\u00eda alg\u00fan conocido en la sala  -algo in\u00fatil la verdad, porque el \u00fanico desconocido era yo- y me dispuse a esperar el comienzo de la funci\u00f3n.<br \/>\nEl auditorio se fue llenando poco a poco, y ya para minutos antes del inicio habr\u00eda all\u00ed unas mil personas. Aquello parec\u00eda  una plaza de toros, o mejor, una gallera que ya cerraron  -la Pico de Oro- que estaba en la calle Cordialidad de Barranquilla, y donde una vez entr\u00e9 con un amigo a apostarles a los gallos sin saber un co\u00f1o de ello. No s\u00e9 por qu\u00e9 sent\u00ed cari\u00f1o por Garc\u00eda M\u00e1rquez, y me alegr\u00e9 de que en verdad  no hubiera asistido.  Es m\u00e1s, yo no sab\u00eda por qu\u00e9 yo hab\u00eda asistido, y estaba a punto de entrar en esa serie de acusaciones contra m\u00ed mismo, cuando me asaltaron unas irreprimibles ganas de ir al ba\u00f1o. En Barranquilla uno puede pasarse la vida aguantando tranquilamente  las ganas de mear, seguir su rumbo  hasta  poder desocupar la vejiga, mientras que en Nueva York no ocurre lo mismo, y es algo para lo cual no tengo una respuesta. Salvo que en Nueva York la pr\u00f3stata crezca a ritmo m\u00e1s vertiginoso que en Barranquilla, lo cual significa que pasada cierta edad haya que necesariamente pensar en el regreso. No s\u00e9.<br \/>\nNo tuve m\u00e1s remedio que levantarme de mi butaca y buscar un ba\u00f1o, el m\u00e1s cercano. En un lugar como aqu\u00e9l, con la gente que hab\u00eda all\u00ed, la tarea pod\u00eda costarme algunos minutos. Y en efecto, eso fue lo que ocurri\u00f3.  Anduve merodeando el bar porque  la regla es que siempre haya un ba\u00f1o cerca, y ya no vi a Anderson tom\u00e1ndose  su trago sino a Rose Styron, la mujer del escritor William Styron, hablando animadamente con Edwidge Danticat del video con las palabras de Clinton que ser\u00eda proyectado. Es ya legendaria la fama de la amistad del presidente y  el nobel.  Otra de las iron\u00edas de la vida.<br \/>\nFinalmente, tras una serie de rodeos y preguntas al barman, encontr\u00e9 el ba\u00f1o. Creo que una vez le le\u00ed a Graham Greene que  el \u00fanico lugar donde los hombres no se miran a la cara es en un ba\u00f1o p\u00fablico. Cada vez  que entro en uno de ellos, entro mir\u00e1ndome la punta de los zapatos, y si alzo la vista es s\u00f3lo para ubicar el orinal m\u00e1s lejano y desocupado.  Adem\u00e1s, siempre  estoy en un ba\u00f1o p\u00fablico el tiempo m\u00ednimo requerido, ni un minuto m\u00e1s.  Habr\u00eda unos cinco o seis orinales y la mayor\u00eda estaban ocupados, as\u00ed que me dirig\u00ed al \u00fanico posible, entre dos hombres de espaldas.  Estaba en lo m\u00edo, cuando, no s\u00e9 por qu\u00e9 gir\u00e9 la cabeza a la izquierda y vi que mi vecino de orinal era Salman Rushdie, por esos momentos uno de los hombres m\u00e1s amenazados del mundo.  Contra \u00e9l, los fan\u00e1ticos islamitas hab\u00edan levantado un fatwa con la orden de matarlo. Yo lo ten\u00eda no a tiro de rev\u00f3lver sino de or\u00edn. El tipo me sonri\u00f3 y yo baj\u00e9 la cabeza, pero me percat\u00e9 de que sonre\u00eda a alguien m\u00e1s all\u00e1 de donde yo estaba. As\u00ed que lentamente gir\u00e9 la cabeza a la derecha, y del otro lado vi a Paul Auster en lo mismo que Salman y yo. Resulta que  los tres me\u00e1bamos al un\u00edsono con toda la impunidad del mundo.  Yo no me lo pod\u00eda creer.  No recuerdo qui\u00e9n termin\u00f3 primero, s\u00f3lo que sal\u00ed de all\u00ed pensando que de contarlo, ir\u00edan a creer que ser\u00eda un invento m\u00edo, de los muchos que elucubran los seres an\u00f3nimos y perdidos de Nueva York. As\u00ed que no se lo dije a nadie, hasta ahora.<br \/>\nPero la historia no termina all\u00ed. Tiempo despu\u00e9s le\u00ed en el diario El Pa\u00eds de Espa\u00f1a que Vargas Llosa estaba en Nueva York escribiendo en la biblioteca P\u00fablica de la Quinta Avenida su \u00faltima novela. He ido tantas veces a esa biblioteca que siento  la incomodidad de los guardias y mi propia incomodidad para con ellos. Esa frase de Alan Pauls: el infierno es encontrarse todos los d\u00edas con las mismas personas.<br \/>\nHab\u00eda una foto de Vargas Llosa  tomada por Morgana, su hija, en plena actividad laboral. Yo hab\u00eda estado en esa misma sala de lectura y nunca lo hab\u00eda visto. As\u00ed que al d\u00eda siguiente fui, prevenido por la noticia.  La sala de lectura est\u00e1 en el tercer piso, y es para m\u00ed una de las siete maravillas del mundo.  Por lo general me siento en las mesas de atr\u00e1s, donde el ruido de los turistas es menor y ni siquiera se permite instalar port\u00e1tiles. Menos mal que los guardias de seguridad ya han proh\u00edbido las c\u00e1maras con flashes. Est\u00e1 uno leyendo tranquilamente, cuando de repente  aparece una lluvia de fot\u00f3grafos dignos de cualquier alfombra roja.  \u00bfQu\u00e9 de atractivo puede tener  la sala de lectura de una biblioteca?<br \/>\nVargas Llosa no aparec\u00eda por ning\u00fan lado. Las primeras mesas estaban llenas de computadoras conectadas al internet y all\u00ed el bullicio era espantoso. Y los turistas que no daban tregua. Y adem\u00e1s estaba la caseta de Informaci\u00f3n donde cada segundo alguien preguntaba algo, y arriba el tablero electr\u00f3nico anunciando los pedidos de los libros. M\u00e1s que la sala de una biblioteca, aquella secci\u00f3n se parece  a una terminal de autobuses.   Yo nunca me hubiera sentado en aquel lugar, y menos a trabajar. As\u00ed que mi patrullaje se limitaba a las mesas que estaban en el medio de la sala y por supuesto a todas las de detr\u00e1s.  Tiempo perdido.  De nuevo, esas irreprimibles ganas de mear que siempre me asaltan en el momento menos indicado. Voy caminando hacia la salida, cuando justo en la secci\u00f3n terminal de autobuses, veo el cabello platinado del maestro, sentado en medio de una nube de turistas, desempleados en espera de una computadora conectada al internet, y chicos de escuela haciendo su tarea.  Su figura all\u00ed desentonaba, pero en Nueva York esa es la regla, as\u00ed que nadie, absolutamente nadie se hab\u00eda percatado de su presencia all\u00ed. Lo que hice fue, adem\u00e1s de reprimir mi vejiga, caminar hacia donde estaba \u00e9l, y sentarme a su lado. En efecto, vi que trabajaba. Ten\u00eda una pila de libros regados en la mesa que cada tanto consultaba, mientras tomaba notas. S\u00e9 que en alg\u00fan momento nos miramos, y tuve la sensaci\u00f3n de que se sent\u00eda descubierto por m\u00ed, pero de lo \u00fanico que me enorgullezco en esta vida es de no hacer a los dem\u00e1s lo que no me gusta que me hagan.  De pronto, se levant\u00f3 y lo vi caminar hacia la salida de la sala. Yo hice lo mismo. Total, pod\u00eda aprovechar su ausencia  para ir r\u00e1pido a desocupar el l\u00edquido.  Cuando segundos despu\u00e9s  entro al ba\u00f1o, abri\u00e9ndome para ahorrar tiempo la cremallera desde la puerta,  veo su figura recortada tras el orinal. Me acord\u00e9 de Paul Auster, me acord\u00e9 de Salman Rushdie  y del hecho de que nadie, otra vez de contarlo, me lo iba a creer. Pero en verdad no me import\u00f3 eso.  Me coloqu\u00e9 en el orinal que estaba al lado, y nuestros chorros golpearon la loza al un\u00edsono. Y mientras meaba junto al hoy laureado Nobel, pens\u00e9 que la vida era extra\u00f1a.  \u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014\u2014- (*) Colaborador. Profesor de espa\u00f1ol de la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook. Finalista Premio Nacional de Novela, Ministerio de Cultura 2006.<\/p><\/blockquote>\n<p><em><\/em>  <\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con permiso de Luis Garc\u00eda, profesor de espa\u00f1ol en la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook, reproduzco este texto sobre su curioso encuentro con Paul Auster, Salman Rushdie y Vargas Llosa&#8230; \u00a1en los ba\u00f1os p\u00fablicos de un teatro! Aqu\u00ed, el original. 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