{"id":706,"date":"2009-11-23T10:17:00","date_gmt":"2009-11-23T10:17:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/estoesbrooklyn\/?p=706"},"modified":"2009-11-23T10:17:00","modified_gmt":"2009-11-23T10:17:00","slug":"el-primer-capitulo-invisible-paul-auster","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/estoesbrooklyn\/2009\/11\/23\/el-primer-capitulo-invisible-paul-auster\/","title":{"rendered":"El primer cap\u00edtulo de &#039;Invisible&#039;, de Paul Auster"},"content":{"rendered":"<p>Anagrama avanza en <A href=\"http:\/\/www.elpais.com\/articulo\/cultura\/nuevo\/salto\/Paul\/Auster\/elpepucul\/20091123elpepucul_1\/Tes\" title=\"http:\/\/www.elpais.com\/articulo\/cultura\/nuevo\/salto\/Paul\/Auster\/elpepucul\/20091123elpepucul_1\/Tes\" id=\"link_0\">El Pa\u00eds<\/a>  el primer cap\u00edtulo de la novela &#8216;Invisible&#8217; de Paul Auster. Su fecha de publicaci\u00f3n en Espa\u00f1a es el 1 de diciembre, aunque la experiencia nos dice que suele estar unos d\u00edas antes en algunas librer\u00edas. \u00a1Busca o consulta a tu librero de confianza!<br \/>\nAh\u00ed va el primer cap\u00edtulo, que sit\u00faa una de las tramas. La traducci\u00f3n es de Benito G\u00f3mez Ib\u00e1\u00f1ez, lo que es una garant\u00eda.<br \/>\n(<A href=\"..\/estoesbrooklyn\/2009\/10\/25\/invisible-paul-auster-guia-criticas\" title=\"http:\/\/blogs.elcorreodigital.com\/estoesbrooklyn\/2009\/10\/25\/invisible-paul-auster-guia-criticas\" id=\"link_1\">Gu\u00eda de cr\u00edticas<\/a>)<\/p>\n<blockquote><p><IMG src=\"\/estoesbrooklyn\/wp-content\/uploads\/sites\/10\" id=\"img_0\" class=\"imgizqda\" width=\"249\" height=\"391\"><strong>Le estrech\u00e9 la mano por primera vez en la primavera de 1967<\/strong>. Por entonces yo era un estudiante de segundo curso en Columbia, un muchacho sin formar con ansia de libros y la creencia (o ilusi\u00f3n) de que alg\u00fan d\u00eda tendr\u00eda las suficientes cualidades para considerarme poeta, y como le\u00eda poemas, ya conoc\u00eda a su tocayo del infierno de Dante, un muerto que iba arrastrando los pies por los \u00faltimos versos del canto veintiocho del Inferno. Bertran de Born, el poeta provenzal del siglo XII, que llevaba cogida del pelo su cabeza cortada, haci\u00e9ndola oscilar de un lado a otro como un farol: sin duda una de las im\u00e1genes m\u00e1s grotescas de ese extenso cat\u00e1logo de alucinaciones y tormentos. Dante era un defensor incondicional de los escritos de De Born, pero lo redujo a la condenaci\u00f3n eterna por haber aconsejado al pr\u00edncipe Enrique que se rebelara contra su padre, el rey Enrique II, y como el poeta origin\u00f3 la divisi\u00f3n entre padre e hijo convirti\u00e9ndolos en enemigos, el ingenioso castigo de Dante fue dividirlo a \u00e9l mismo. De ah\u00ed el cuerpo decapitado que va gimiendo por el inframundo, preguntando al viajero florentino si puede haber dolor m\u00e1s terrible que el suyo.<br \/>\nCuando se present\u00f3 como Rudolf Born, inmediatamente pens\u00e9 en el poeta. \u00bfAlg\u00fan parentesco con Bertran?, le pregunt\u00e9.<br \/>\nAh, contest\u00f3, esa desventurada criatura que perdi\u00f3 la cabeza. Quiz\u00e1, pero me temo que no parece probable. No tengo el de. Para eso hay que poseer un t\u00edtulo de nobleza, y la triste verdad es que soy de todo menos noble.<br \/>\nNo recuerdo en absoluto por qu\u00e9 me encontraba all\u00ed. Alguien debi\u00f3 invitarme, pero hace mucho que se me fue de la memoria qui\u00e9n pudo ser. Ni siquiera me acuerdo de d\u00f3nde se celebraba la fiesta \u2013en el norte o en el centro de la ciudad, en un apartamento o en un loft\u2013 ni de mis motivos para aceptar la invitaci\u00f3n en primer lugar, porque por aquella \u00e9poca tend\u00eda a evitar las grandes congregaciones de gente, harto del barullo de la multitud que habla mucho y dice poco, azorado por la timidez que me sobreven\u00eda en presencia de personas desconocidas. Pero aquella noche, inexplicablemente, dije que s\u00ed, y acompa\u00f1\u00e9 a mi olvidado amigo adondequiera que me llevase.<br \/>\nLo que recuerdo es lo siguiente: en cierto momento de la velada, me encontr\u00e9 solo en un rinc\u00f3n de la estancia. Estaba fumando un cigarrillo mientras observaba a la gente, docenas y docenas de j\u00f3venes cuerpos api\u00f1ados en los confines de aquel espacio, oyendo la estruendosa mezcla de palabras y risas, pregunt\u00e1ndome qu\u00e9 demonios hac\u00eda all\u00ed y pensando que tal vez era hora de marcharme. Hab\u00eda un cenicero sobre un radiador a mi izquierda, y al volverme para apagar el pitillo vi que, sujeto en la palma de la mano de un desconocido, el recept\u00e1culo lleno de colillas se elevaba hacia m\u00ed. Sin que lo hubiera advertido, dos personas acababan de sentarse en el radiador, un hombre y una mujer, ambos mayores que yo, y sin duda con m\u00e1s a\u00f1os que ninguno de los que se encontraban en la habitaci\u00f3n: \u00e9l, alrededor de los treinta y cinco; ella, veintinueve o treinta.<br \/>\nHac\u00edan una extra\u00f1a pareja, a mi modo de ver, Born con un arrugado traje blanco de lino, un tanto sucio, y una camisa blanca igualmente arrugada bajo la chaqueta, y la mujer (que seg\u00fan result\u00f3 se llamaba Margot) toda vestida de negro. Cuando le agradec\u00ed el cenicero, me dirigi\u00f3 un leve y cort\u00e9s movimiento de cabeza y dijo Encantado con un liger\u00edsimo acento extranjero. Franc\u00e9s o alem\u00e1n, no sab\u00eda decir, pues su ingl\u00e9s era casi impecable. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s observ\u00e9 en aquellos primeros momentos? Piel clara, descuidado cabello pelirrojo (m\u00e1s corto de lo que sol\u00eda llevarse por entonces), facciones amplias y regulares, sin nada especialmente destacable (un rostro corriente, en cierto modo, una cara que resultar\u00eda invisible entre cualquier multitud), y ojos casta\u00f1os de mirada firme, los ojos perspicaces de alguien que no parec\u00eda tener miedo a nada. Ni delgado ni robusto, ni alto ni bajo, pero dando a pesar de ello cierta sensaci\u00f3n de fuerza f\u00edsica, quiz\u00e1 debido al grosor de sus manos. En cuanto a Margot, permanec\u00eda quieta sin mover un m\u00fasculo, mirando al vac\u00edo, como si la misi\u00f3n principal de su vida fuera la de parecer aburrida. Pero interesante, muy atractiva para mis veinte a\u00f1os, con su pelo negro, su\u00e9ter negro de cuello vuelto, minifalda negra, botas de cuero negro, y espeso maquillaje oscuro en torno a sus grandes ojos verdes. No era una beldad, quiz\u00e1, sino una representaci\u00f3n de la belleza, como si encarnara alg\u00fan ideal femenino de la \u00e9poca con su apariencia de estudiado estilo.<br \/>\nBorn dijo que Margot y \u00e9l estaban a punto de marcharse, pero entonces me vieron solo en el rinc\u00f3n, y como ten\u00eda aquel aire tan desdichado, decidieron acercarse para animarme un poco: s\u00f3lo para asegurarse de que no me rebanar\u00eda el cuello antes de que acabara la noche. Me qued\u00e9 sin saber c\u00f3mo interpretar aquella observaci\u00f3n. \u00bfEstaba insult\u00e1ndome aquel hombre, me pregunt\u00e9, o intentaba realmente mostrarse amable con un muchacho desconocido que parec\u00eda perdido? En las palabras de Born hab\u00eda cierto tono de broma que desarmaba, pero en sus ojos brillaba una expresi\u00f3n fr\u00eda y distante, y no pude evitar la sensaci\u00f3n de que, por razones que se me escapaban por completo, me estaba provocando, poni\u00e9ndome a prueba.<br \/>\nMe encog\u00ed de hombros, y dirigi\u00e9ndole una tenue sonrisa, repuse: Lo crea o no, me estoy divirtiendo como nunca.<br \/>\nEntonces fue cuando se incorpor\u00f3, me dio la mano y me dijo su nombre. Tras mi pregunta sobre Bertran de Born, me present\u00f3 a Margot, que me sonri\u00f3 en silencio y luego volvi\u00f3 a su tarea de mantener la mirada perdida.<br \/>\nA juzgar por su edad, me dijo Born, y considerando su conocimiento de oscuros poetas, yo dir\u00eda que es usted estudiante. De literatura, sin duda. \u00bfEn la Universidad de Nueva York o en Columbia?<br \/>\nColumbia.<br \/>\nColumbia, suspir\u00f3. Qu\u00e9 sitio tan l\u00fagubre.<br \/>\n\u00bfLo conoce?<br \/>\nDesde septiembre doy clases en la Facultad de Relaciones Internacionales. Como profesor visitante con contrato de un a\u00f1o. Afortunadamente, ya estamos en abril, y dentro de dos meses me volver\u00e9 a Par\u00eds.<br \/>\nAs\u00ed que es franc\u00e9s.<br \/>\nPor circunstancias, inclinaci\u00f3n y pasaporte. Pero soy suizo de nacimiento.<br \/>\n\u00bfSuizo franc\u00e9s o alem\u00e1n? Percibo en su voz algo de ambas cosas.<br \/>\nBorn hizo un ruidito chasqueando la lengua y luego me mir\u00f3 fijamente a los ojos. Tiene buen o\u00eddo, me contest\u00f3. En realidad, soy las dos cosas: el producto h\u00edbrido de una madre germanohablante y un padre franc\u00f3fono. Me cri\u00e9 hablando indistintamente las dos lenguas.<br \/>\nSin saber lo que decir a eso, me detuve un momento y luego le hice una pregunta inocua: \u00bfY qu\u00e9 ense\u00f1a en nuestra deprimente universidad?<br \/>\nEl desastre.<br \/>\nEs un tema bastante amplio, \u00bfno le parece?<br \/>\nM\u00e1s en concreto, las calamidades del colonialismo franc\u00e9s. Doy un curso sobre la p\u00e9rdida de Argelia y otro acerca de la retirada de Indochina. La encantadora guerra que ustedes nos han legado. No hay que subestimar la importancia de la guerra. Es la expresi\u00f3n m\u00e1s pura y v\u00edvida del esp\u00edritu humano.<br \/>\nEmpieza usted a parecerse a nuestro poeta descabezado.<br \/>\n\u00bfAh?<br \/>\nVeo que no lo ha le\u00eddo.<br \/>\nNi una palabra. S\u00f3lo lo conozco por el pasaje de Dante.<br \/>\nDe Born es un buen poeta, incluso puede que excelente; pero profundamente perturbador. Escribi\u00f3 unos poemas de amor encantadores y un conmovedor lamento a ra\u00edz de la muerte del pr\u00edncipe Enrique, pero su verdadero tema, lo \u00fanico que parec\u00eda interesarle con genuina pasi\u00f3n, era la guerra. Le produc\u00eda aut\u00e9ntico deleite.<br \/>\nEntiendo, repuso Born, dirigi\u00e9ndome una ir\u00f3nica sonrisa. Un hombre con el que me identifico.<br \/>\nMe refiero al placer de observar c\u00f3mo los hombres se parten el cr\u00e1neo unos a otros, de ver castillos envueltos en llamas, derrumb\u00e1ndose, de contemplar a los muertos con lanzas atravesadas en los costados. Todo muy sanguinario, cr\u00e9ame, y De Born ni se estremece. La sola idea de un campo de batalla lo llena de felicidad.<br \/>\nMe parece que no tiene usted deseos de convertirse en soldado.<br \/>\nNinguno. Prefiero ir a la c\u00e1rcel antes que combatir en Vietnam.<br \/>\nY suponiendo que se libre de la c\u00e1rcel y el ej\u00e9rcito, \u00bfqu\u00e9 planes tiene?<br \/>\nNinguno. S\u00f3lo seguir con lo que estoy haciendo y esperar que me salga bien.<br \/>\n\u00bfY qu\u00e9 es?<br \/>\nEscribir. El arte de emborronar papel.<br \/>\nEso pensaba. Cuando Margot lo vio al otro extremo de la habitaci\u00f3n, me dijo: F\u00edjate en aquel chico de ojos tristes y aire pensativo: qu\u00e9 te apuestas a que es poeta. \u00bfEs usted poeta?<br \/>\nEscribo poemas, s\u00ed. Y tambi\u00e9n algunas cr\u00edticas de libros en el Spectator.<br \/>\nEl periodicucho universitario.<br \/>\nTodo el mundo tiene que empezar en alguna parte.<br \/>\nInteresante&#8230;<br \/>\nNo tanto. Casi todos los tipos que conozco quieren ser escritores.<br \/>\n\u00bfPor qu\u00e9 dice quieren? Si usted ya lo est\u00e1 haciendo, entonces no se trata del futuro. Ya ocurre en el presente.<br \/>\nPorque todav\u00eda es muy pronto para saber si se me da bien.<br \/>\n\u00bfLe pagan por esos art\u00edculos?<br \/>\nClaro que no. Es una publicaci\u00f3n de la universidad.<br \/>\nEn cuanto le empiecen a pagar por su trabajo, sabr\u00e1 que se le da bien.<br \/>\nAntes de que pudiera contestar, Born se volvi\u00f3 de pronto hacia Margot y anunci\u00f3: Ten\u00edas raz\u00f3n, cari\u00f1o. Tu jovencito es poeta.<br \/>\nMargot alz\u00f3 los ojos hacia m\u00ed, y con una expresi\u00f3n indiferente, escrutadora, habl\u00f3 por primera vez, pronunciando las palabras con un acento mucho m\u00e1s marcado que el de su compa\u00f1ero: una inconfundible cadencia francesa. Yo siempre acierto, afirm\u00f3. Ya deber\u00edas saberlo, Rudolf.<br \/>\nPoeta, prosigui\u00f3 Born, dirigi\u00e9ndose todav\u00eda a Margot, ocasional cr\u00edtico de libros, y estudiante en esa l\u00fagubre y elevada fortaleza, lo que probablemente significa que es vecino nuestro. Pero no tiene nombre. Al menos que yo sepa.<br \/>\nMe llamo Walker, repuse, d\u00e1ndome cuenta de que hab\u00eda olvidado presentarme cuando nos dimos la mano.<br \/>\nAdam Walker. Adam Walker, repiti\u00f3 Born, apartando la cabeza de Margot y mir\u00e1ndome mientras esbozaba otra de sus enigm\u00e1ticas sonrisas. Un nombre norteamericano serio y responsable. Discreto y sonoro, muy de fiar. Adam Walker. El solitario cazador de recompensas de un western en Cinemascope, rondando por el desierto con un rev\u00f3lver y una escopeta de dos ca\u00f1ones en su alaz\u00e1n castrado. O si no, el honrado y bondadoso m\u00e9dico de una serie televisiva, tr\u00e1gicamente enamorado de dos mujeres a la vez.<br \/>\nParece de fiar, contest\u00e9, pero en Norteam\u00e9rica nada lo es. Ese nombre se lo dieron a mi abuelo cuando puso el pie en la isla de Ellis en mil novecientos. Por lo visto, Walshinksky era demasiado dif\u00edcil para las autoridades de inmigraci\u00f3n, as\u00ed que le pusieron Walker.<br \/>\nVaya pa\u00eds, observ\u00f3 Born. Funcionarios analfabetos rob\u00e1ndole a un hombre su identidad de un simple plumazo.<br \/>\nSu identidad, no. S\u00f3lo su nombre. Trabaj\u00f3 treinta a\u00f1os de carnicero kosher en el Lower East Side.<br \/>\nHubo m\u00e1s, mucho m\u00e1s despu\u00e9s de aquello, una hora larga de charla que saltaba sin rumbo de una cuesti\u00f3n a otra. Vietnam y la creciente oposici\u00f3n a la guerra. Las diferencias entre Nueva York y Par\u00eds. El asesinato de Kennedy. El embargo comercial de Estados Unidos a Cuba. Temas impersonales, s\u00ed, pero Born ten\u00eda s\u00f3lidas opiniones acerca de todo, a menudo estrafalarias, poco ortodoxas, y como formulaba su discurso en un tono entre desde\u00f1oso y burl\u00f3n, malicioso y condescendiente, yo no estaba muy seguro de que hablara en serio. En ciertos momentos, parec\u00eda un extremista de derechas; en otros, propon\u00eda ideas que hac\u00edan pensar en un anarquista de los que lanzan bombas. \u00bfAcaso intentaba provocarme, me pregunt\u00e9, o era su habitual manera de proceder, su forma de divertirse un s\u00e1bado por la noche? Entretanto, la inescrutable Margot se hab\u00eda levantado de su asiento en el radiador para pedirme un pitillo, y despu\u00e9s se qued\u00f3 de pie, interviniendo poco en la conversaci\u00f3n, casi nada en realidad, pero observ\u00e1ndome con atenci\u00f3n cada vez que hablaba, los ojos fijos en m\u00ed con la impasible curiosidad de un ni\u00f1o. Confieso que me gustaba que me mirase, aunque aquello me pon\u00eda un tanto inc\u00f3modo. Hab\u00eda algo vagamente er\u00f3tico en su actitud, seg\u00fan me pareci\u00f3, pero por entonces yo no ten\u00eda mucha experiencia para saber si intentaba enviarme alguna se\u00f1al o me miraba simplemente por mirarme. Lo cierto era que nunca hab\u00eda conocido a gente como aqu\u00e9lla, y debido a que ambos me resultaban bastante raros, con aquel extra\u00f1o apego hacia m\u00ed, cuanto m\u00e1s hablaba con ellos, m\u00e1s irreales parec\u00edan hacerse: como personajes ficticios de una historia que fuera desarroll\u00e1ndose en mi imaginaci\u00f3n.<br \/>\nNo recuerdo si est\u00e1bamos bebiendo, pero si la fiesta era como todas a las que iba desde que hab\u00eda puesto los pies en Nueva York, deb\u00eda de haber garrafas de vino tinto barato y abundante provisi\u00f3n de vasos de papel, lo que probablemente significa que a medida que habl\u00e1bamos est\u00e1bamos cada vez m\u00e1s borrachos. Ojal\u00e1 pudiera desenterrar de la memoria m\u00e1s cosas de aquella conversaci\u00f3n, pero 1967 est\u00e1 muy lejos, y por mucho que me esfuerce en recordar palabras, gestos y fugitivas insinuaciones de aquel encuentro inicial con Born, s\u00f3lo hallo espacios en blanco. Sin embargo, algunos momentos v\u00edvidos destacan entre la neblina. Born introduciendo la mano en el bolsillo interior de su chaqueta de lino, por ejemplo, y sacando la colilla de un puro, que procedi\u00f3 a encender con una cerilla mientras me informaba de que se trataba de un Montecristo, el mejor de todos los puros cubanos \u2013prohibidos en Estados Unidos entonces, como lo siguen estando hoy en d\u00eda\u2013, que \u00e9l hab\u00eda conseguido a trav\u00e9s de un contacto personal en la embajada francesa en Washington. Pas\u00f3 entonces a decir unas cuantas palabras elogiosas hacia Castro: que salieron de labios de la misma persona que s\u00f3lo minutos antes hab\u00eda defendido a Johnson, McNamara y Westmoreland por su heroica labor al combatir la amenaza del comunismo en Vietnam. Recuerdo que me hizo gracia ver al desgre\u00f1ado especialista en ciencias pol\u00edticas sacando un puro a medio fumar y dije que me recordaba al propietario de alguna plantaci\u00f3n de caf\u00e9 en Sudam\u00e9rica que hubiera enloquecido tras vivir demasiados a\u00f1os en la selva. Born se ri\u00f3 ante aquella observaci\u00f3n, apresur\u00e1ndose a a\u00f1adir que no me alejaba mucho de la verdad, porque hab\u00eda pasado la mayor parte de su infancia en Guatemala. Sin embargo, cuando le ped\u00ed que me contara m\u00e1s cosas, desech\u00f3 mi petici\u00f3n con las palabras en otra ocasi\u00f3n.<br \/>\nSe lo contar\u00e9 todo, me asegur\u00f3, pero en un ambiente m\u00e1s tranquilo. Toda la historia de mi incre\u00edble vida hasta el momento. Ya ver\u00e1, se\u00f1or Walker. Un d\u00eda acabar\u00e1 usted escribiendo mi biograf\u00eda. Se lo garantizo.<br \/>\nEl puro de Born, entonces, y mi funci\u00f3n como su futuro Boswell, pero tambi\u00e9n una imagen de Margot toc\u00e1ndome la cara con la mano derecha y musitando: Cu\u00eddate. Eso debi\u00f3 de ser al final, cuando est\u00e1bamos a punto de irnos o ya hab\u00edamos bajado la escalera, pero no recuerdo el momento justo de marcharme ni de decirles adi\u00f3s. Todo eso se ha perdido, borrado por el paso de cuarenta a\u00f1os. Eran dos extra\u00f1os que hab\u00eda conocido en una bulliciosa fiesta una noche de primavera en la Nueva York de mi juventud, una ciudad que ya no existe, y nada m\u00e1s. Puede que me equivoque, pero estoy casi seguro de que no nos molestamos ni en darnos el n\u00famero de tel\u00e9fono. <\/p>\n<p><strong>Supuse que nunca volver\u00eda a verlos<\/strong>. Born llevaba siete meses dando clases en Columbia, y como nuestros caminos no se hab\u00edan cruzado en todo ese tiempo, parec\u00eda poco probable que ahora fuese a tropezarme con \u00e9l. Pero las probabilidades no cuentan cuando se pasa a la realidad, y el hecho de que parezca imposible que ocurra algo no quiere decir que no vaya a suceder. Dos d\u00edas despu\u00e9s de la fiesta, al salir de la \u00faltima clase de la tarde entr\u00e9 en el West End Bar, a ver si por casualidad me encontraba all\u00ed con alguno de mis amigos. El West End era un tugurio oscuro y cavernoso con m\u00e1s de una docena de mesas y reservados, una inmensa barra ovalada en medio de la estancia principal, y una zona de autoservicio cerca de la entrada en donde se pod\u00eda comer y cenar malamente: mi guarida habitual, frecuentada por universitarios, borrachos y parroquianos del barrio. Result\u00f3 que, como hac\u00eda buena tarde, con mucho sol, hab\u00eda poca gente a aquella hora. Mientras daba una vuelta por la barra en busca de alguna cara conocida, vi a Born en un reservado de la parte del fondo. Estaba solo, leyendo una revista alemana (Der Spiegel, creo) y fumando uno de sus puros cubanos, sin hacer caso del vaso de cerveza que estaba a medio consumir en la mesa, a su izquierda. Una vez m\u00e1s, llevaba su traje blanco \u2013o puede que fuera otro distinto, porque la chaqueta parec\u00eda m\u00e1s limpia y menos arrugada que la del s\u00e1bado por la noche\u2013, pero sin la camisa blanca, que hab\u00eda sustituido por una prenda encarnada: un rojo fuerte y oscuro, a medio camino entre granate y teja.<br \/>\nCuriosamente, mi primer impulso fue dar media vuelta y salir de all\u00ed sin saludarlo. Hay mucho que explorar en esa vacilaci\u00f3n, creo yo, pues parece sugerir que ya ve\u00eda la conveniencia de mantener las distancias con Born, que comprend\u00eda que si me relacionaba con \u00e9l pod\u00eda tener problemas. \u00bfC\u00f3mo lo sab\u00eda? Hab\u00eda pasado poco m\u00e1s de una hora en su compa\u00f1\u00eda, pero incluso en ese breve tiempo hab\u00eda percibido en \u00e9l algo desagradable, vagamente repulsivo. Lo que no anulaba sus otras cualidades \u2013encanto, inteligencia, sentido del humor\u2013, pero bajo todo ello hab\u00eda algo turbio, un cinismo que me hab\u00eda desconcertado, dej\u00e1ndome con la sensaci\u00f3n de que no era de fiar. \u00bfMe habr\u00eda formado otra impresi\u00f3n de \u00e9l de no haber desde\u00f1ado sus opiniones pol\u00edticas? Imposible decirlo. Mi padre y yo discrep\u00e1bamos en casi todas las cuestiones pol\u00edticas del momento, pero eso no me imped\u00eda pensar que en el fondo era buena persona; o al menos que no era mala. Pero Born no era buen tipo. Pod\u00eda ser ingenioso, exc\u00e9ntrico e imprevisible, pero sostener que la guerra es la expresi\u00f3n m\u00e1s pura del esp\u00edritu humano autom\u00e1ticamente excluye a cualquiera del \u00e1mbito de la bondad. Y si hab\u00eda pronunciado tales palabras en broma, con objeto de provocar a un estudiante antimilitarista para que se enfrentara a \u00e9l condenando su postura, entonces es que era simplemente perverso.<br \/>\nSe\u00f1or Walker, me salud\u00f3, alzando los ojos de la revista e invit\u00e1ndome con un gesto a que me sentara a su mesa. Justo la persona que estaba buscando.<br \/>\nPodr\u00eda haberme inventado una excusa y decirle que llegaba tarde a una cita, pero no lo hice. \u00c9sa era la inc\u00f3gnita de la compleja ecuaci\u00f3n que representaba mi trato con Born. Por receloso que estuviera, me sent\u00eda tambi\u00e9n fasci- nado por aquella persona extra\u00f1a, incomprensible, y el hecho de que pareciese sinceramente contento de haberme encontrado por casualidad aviv\u00f3 el fuego de mi vanidad: esa invisible marmita de engreimiento y ambici\u00f3n que hierve a fuego lento en cada uno de nosotros. Cualesquiera que fuesen los recelos que me suscitara, las dudas que albergara sobre su sospechoso car\u00e1cter, no pod\u00eda evitar el deseo de caerle bien, de que me considerase algo m\u00e1s que un empoll\u00f3n, el t\u00edpico estudiante norteamericano, que viera la promesa que, seg\u00fan mis esperanzas, se encerraba en mi interior pero de la que yo dudaba nueve de cada diez minutos de las horas que pasaba despierto.<br \/>\nUna vez que me sent\u00e9 en el reservado, Born me mir\u00f3 fijamente desde el otro lado de la mesa, lanz\u00f3 una densa bocanada de humo, y sonri\u00f3.<br \/>\nCaus\u00f3 usted una favorable impresi\u00f3n a Margot la otra noche, me anunci\u00f3.<br \/>\nElla tambi\u00e9n a m\u00ed, contest\u00e9.<br \/>\nQuiz\u00e1 haya observado que no habla mucho.<br \/>\nNo se le da bien el ingl\u00e9s. Es dif\u00edcil expresarse en un idioma con el que se tienen dificultades.<br \/>\nHabla franc\u00e9s con absoluta fluidez, pero tampoco dice muchas cosas.<br \/>\nBueno, las palabras no lo son todo.<br \/>\nExtra\u00f1a afirmaci\u00f3n viniendo de alguien que aspira a ser escritor.<br \/>\nMe refiero a Margot&#8230;<br \/>\nS\u00ed, a Margot. Precisamente. A eso es a lo que iba. Una mujer propensa a grandes silencios, pero que habl\u00f3 por los codos camino de casa cuando nos marchamos de la fiesta el s\u00e1bado por la noche.<br \/>\nInteresante, repuse, sin saber ad\u00f3nde ir\u00eda a parar la conversaci\u00f3n. \u00bfY qu\u00e9 le solt\u00f3 la lengua?<br \/>\nUsted, amigo m\u00edo. Le ha tomado verdadera simpat\u00eda, pero tambi\u00e9n debe saber que la tiene sumamente preocupada.<br \/>\n\u00bfPreocupada? \u00bfPor qu\u00e9 demonios iba a estar preocupada? Ni siquiera me conoce.<br \/>\nPuede que no, pero se le ha metido en la cabeza que su futuro corre peligro.<br \/>\nComo el de todo el mundo. Sobre todo el de los varones norteamericanos de alrededor de veinte a\u00f1os, como usted bien sabe. Pero a menos que me suspendan y me echen de la universidad, no pueden llamarme a filas antes de que acabe la carrera. No apostar\u00eda por ello, pero es posible que la guerra haya terminado para entonces.<br \/>\nNo lo haga, se\u00f1or Walker. Esta peque\u00f1a escaramuza va a prolongarse durante a\u00f1os.<br \/>\nEncend\u00ed un Chesterfield y asent\u00ed con la cabeza.<br \/>\nPor una vez estoy de acuerdo con usted.<br \/>\nDe todos modos, Margot no se refer\u00eda a Vietnam. S\u00ed, podr\u00eda usted acabar en la c\u00e1rcel, o volver en un caj\u00f3n dentro de dos o tres a\u00f1os, pero ella no pensaba en la guerra. Tiene el convencimiento de que es usted demasiado buena persona, y que precisamente por eso, el mundo acabar\u00e1 aplast\u00e1ndolo.<br \/>\nNo s\u00e9 por qu\u00e9 piensa eso.<br \/>\nCree que necesita ayuda. Puede que Margot no posea la inteligencia m\u00e1s aguda del mundo occidental, pero en cuanto conoce a un chico que afirma ser poeta, la primera palabra que le viene a la cabeza es hambre.<br \/>\nEso es absurdo. No tiene ni idea de lo que dice.<br \/>\nDisculpe que le contradiga, pero cuando le pregunt\u00e9 por sus planes en la fiesta, me dijo que no ten\u00eda ninguno. Aparte de su nebulosa aspiraci\u00f3n de escribir poes\u00eda, desde luego. \u00bfCu\u00e1nto ganan los poetas, se\u00f1or Walker?<br \/>\nLa mayor\u00eda de las veces, nada. Con algo de suerte, de vez en cuando te pueden echar unas monedas.<br \/>\nEso me suena a hambre.<br \/>\nYo no dije que pensara ganarme la vida escribiendo. Tendr\u00e9 que buscarme un trabajo.<br \/>\n\u00bfComo cu\u00e1l?<br \/>\nEs dif\u00edcil decirlo. Podr\u00eda trabajar en una editorial, o en una revista. Traducir libros. Escribir art\u00edculos y cr\u00edticas. Algo de eso, o varias cosas de \u00e9sas a la vez. Es pronto para saberlo, y hasta que no me enfrente al mundo no vale la pena perder el sue\u00f1o por ello, \u00bfno le parece?<br \/>\nLe guste o no, ya se est\u00e1 enfrentando al mundo, y cuanto antes aprenda a defenderse solo, mejor para usted.<br \/>\n\u00bfA qu\u00e9 viene esa s\u00fabita preocupaci\u00f3n? Acabamos de conocernos, \u00bfy por qu\u00e9 iba a importarle a usted lo que a m\u00ed me pase?<br \/>\nPorque Margot me ha pedido que lo ayude, y como rara vez me pide algo, sus deseos son \u00f3rdenes para m\u00ed.<br \/>\nDele las gracias, pero no hace falta que se moleste. Puedo arregl\u00e1rmelas solo.<br \/>\nEs testarudo, \u00bfeh?, repuso Born, dejando el puro casi consumido en el borde del cenicero e inclin\u00e1ndose seguidamente hacia delante hasta que su rostro estuvo s\u00f3lo a unos cent\u00edmetros del m\u00edo. Si yo le ofreciera un trabajo, \u00bflo rechazar\u00eda?<br \/>\nDepende de lo que se trate.<br \/>\nEso est\u00e1 por ver. Tengo algunas ideas, pero a\u00fan no he decidido nada. A lo mejor puede ayudarme.<br \/>\nMe parece que no entiendo.<br \/>\nMi padre muri\u00f3 hace diez meses, y resulta que he heredado una considerable cantidad de dinero. No lo bastante para comprar un ch\u00e2teau o unas l\u00edneas a\u00e9reas, pero s\u00ed lo suficiente para cambiarme un poco la vida. Podr\u00eda contratarle para que escribiera mi biograf\u00eda, desde luego, pero me parece que es un poco pronto para eso. S\u00f3lo tengo treinta y seis a\u00f1os, y me parece indecoroso hablar de la vida de un hombre antes de que cumpla los cincuenta. Entonces, \u00bfqu\u00e9? He pensado en montar una editorial, pero no estoy seguro de que me apetezca toda esa planificaci\u00f3n a largo plazo que entra\u00f1a el asunto. Una revista, por otro lado, me parece mucho m\u00e1s divertido. De aparici\u00f3n mensual, o quiz\u00e1 trimestral, pero algo nuevo y atrevido, una publicaci\u00f3n provocadora que causara controversia con cada n\u00famero. \u00bfQu\u00e9 le parece eso, se\u00f1or Walker? \u00bfLe interesar\u00eda trabajar en una revista?<br \/>\nPues claro que s\u00ed. La \u00fanica cuesti\u00f3n es: \u00bfpor qu\u00e9 yo? Vuelve usted a Francia dentro de un par de meses, as\u00ed que supongo que se referir\u00e1 a una revista francesa. Mi franc\u00e9s no es malo, pero no llega a ser lo bastante bueno para lo que usted necesita. Y adem\u00e1s voy a la universidad aqu\u00ed, en Nueva York. No puedo simplemente coger los b\u00e1rtulos y largarme.<br \/>\n\u00bfQui\u00e9n ha hablado de marcharse? \u00bfQui\u00e9n ha dicho algo de una revista en franc\u00e9s? Si dispongo de buen personal norteamericano que lleve las cosas aqu\u00ed, podr\u00eda dejarme caer de vez en cuando para echar un ojo, pero en general permanecer\u00eda al margen. No tengo ning\u00fan inter\u00e9s en dirigir una revista personalmente. Tengo mi propio trabajo, mi carrera, y no me quedar\u00eda tiempo para eso. Mi \u00fanica responsabilidad consistir\u00eda en poner el dinero; y esperar a que luego rindiera alg\u00fan beneficio.<br \/>\nUsted se dedica a las ciencias pol\u00edticas, y yo soy estudiante de literatura. Si est\u00e1 pensando en crear una revista pol\u00edtica, entonces no cuente conmigo. Estamos en lados opuestos, y si tratara de trabajar para usted, resultar\u00eda un fracaso. Pero si habla de una revista literaria, entonces s\u00ed, me interesar\u00eda mucho.<br \/>\nS\u00f3lo porque d\u00e9 clases de relaciones internacionales y escriba sobre asuntos de gobierno y pol\u00edticas p\u00fablicas no significa que sea un ignorante. Me importa tanto el arte como a usted, se\u00f1or Walker, y no le pedir\u00eda que trabajara en una revista si no se tratara de una publicaci\u00f3n literaria.<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo sabe que soy capaz de hacerlo?<br \/>\nNo lo s\u00e9. Pero tengo una corazonada.<br \/>\nNo tiene sentido. Me est\u00e1 ofreciendo un trabajo y ni siquiera ha le\u00eddo una palabra de lo que he escrito.<br \/>\nNo es cierto. Esta misma ma\u00f1ana he le\u00eddo cuatro poemas suyos en el \u00faltimo n\u00famero de la Columbia Review y seis art\u00edculos en el peri\u00f3dico universitario. El ensayo sobre Melville era especialmente bueno, en mi opini\u00f3n, y me ha conmovido su breve poema sobre el cementerio. \u00bfCu\u00e1ntos cielos pasar\u00e1n sobre m\u00ed \/ Hasta que \u00e9ste tambi\u00e9n desaparezca? Impresionante.<br \/>\nMe alegro de que le guste. M\u00e1s impresionante a\u00fan es la prisa que se ha dado.<br \/>\nYo soy as\u00ed. La vida es muy corta para andar perdiendo el tiempo.<br \/>\nMi maestra nos dec\u00eda lo mismo en tercero de primaria; con esas mismas palabras, exactamente.<br \/>\nUn lugar maravilloso, esta Norteam\u00e9rica suya. Ha recibido usted una excelente educaci\u00f3n, se\u00f1or Walker.<br \/>\nBorn se ri\u00f3 ante la inanidad de su observaci\u00f3n, dio un trago de cerveza, y luego se retrep\u00f3 en la silla para considerar la idea que hab\u00eda puesto en marcha.<br \/>\nLo que quiero que haga, dijo al cabo, es elaborar un plan, un proyecto. Explicarme el contenido de la revista, la extensi\u00f3n de cada n\u00famero, el dise\u00f1o de cubierta, el formato, la frecuencia de publicaci\u00f3n, el t\u00edtulo que quiere darle, y dem\u00e1s cosas. Cuando haya terminado, d\u00e9jelo en mi despacho. Le echar\u00e9 una mirada, y si me gustan sus ideas, pondremos manos a la obra.<\/p>\n<p>(<A href=\"http:\/\/www.elpais.com\/elpaismedia\/ultimahora\/media\/200911\/23\/cultura\/20091123elpepucul_1_Pes_PDF.pdf\" title=\"http:\/\/www.elpais.com\/elpaismedia\/ultimahora\/media\/200911\/23\/cultura\/20091123elpepucul_1_Pes_PDF.pdf\" id=\"link_2\">cap\u00edtulo en pdf<\/a> )\n<\/p><\/blockquote>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Anagrama avanza en El Pa\u00eds el primer cap\u00edtulo de la novela &#8216;Invisible&#8217; de Paul Auster. Su fecha de publicaci\u00f3n en Espa\u00f1a es el 1 de diciembre, aunque la experiencia nos dice que suele estar unos d\u00edas antes en algunas librer\u00edas. \u00a1Busca o consulta a tu librero de confianza! 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