{"id":497,"date":"2006-09-20T06:48:00","date_gmt":"2006-09-20T06:48:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/estoesbrooklyn\/?p=497"},"modified":"2006-09-20T06:48:00","modified_gmt":"2006-09-20T06:48:00","slug":"discurso-integro-paul-auster","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/estoesbrooklyn\/2006\/09\/20\/discurso-integro-paul-auster\/","title":{"rendered":"Discurso \u00edntegro de Paul Auster"},"content":{"rendered":"<p><A href=\"http:\/\/photos1.blogger.com\/blogger\/6859\/954\/1600\/auster-premio.0.jpg\"><IMG style=\"margin: 0px 10px 10px 0px; float: left;\" alt=\"\" src=\"\/\/photos1.blogger.com\/blogger\/6859\/954\/320\/auster-premio.0.jpg\" border=\"0\"><\/a><em>No s\u00e9 por qu\u00e9 me dedico a esto. Si lo supiera, probablemente no tendr\u00eda necesidad de hacerlo. Lo \u00fanico que puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. Me refiero a escribir, y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Sin duda es una <strong>extra\u00f1a manera de pasarse la vida<\/strong>: encerrado en una habitaci\u00f3n con la pluma en la mano, hora tras hora, d\u00eda tras d\u00eda, a\u00f1o tras a\u00f1o, esforz\u00e1ndose por llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe\u2026, salvo en la propia imaginaci\u00f3n. \u00bfY por qu\u00e9 se empe\u00f1ar\u00eda alguien en hacer una cosa as\u00ed? La \u00fanica respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente: porque no tiene m\u00e1s remedio, porque no puede hacer otra cosa.<br \/>\nEsa necesidad de hacer, de crear, de inventar es sin duda un impulso humano fundamental. Pero \u00bfcon qu\u00e9 objeto? \u00bfQu\u00e9 sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que llamamos mundo real? Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista pr\u00e1ctico. <strong>Un libro nunca ha alimentado el est\u00f3mago de un ni\u00f1o hambriento<\/strong>. Un libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la v\u00edctima. Un libro nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes en el fragor de una guerra. Hay quien cree que una apreciaci\u00f3n entusiasta del arte puede hacernos realmente mejores: m\u00e1s justos, m\u00e1s decentes, m\u00e1s sensibles, m\u00e1s comprensivos. Y quiz\u00e1 sea cierto; en algunos casos, raros y aislados. Pero no olvidemos que Hitler empez\u00f3 siendo artista. Los tiranos y dictadores leen novelas. Los asesinos leen literatura en la c\u00e1rcel. \u00bfY qui\u00e9n puede decir que no disfrutan de los libros tanto como el que m\u00e1s?<br \/>\nEn otras palabras, <strong>el arte es in\u00fatil,<\/strong> al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un m\u00e9dico o un maquinista. Pero \u00bfqu\u00e9 tiene de malo la inutilidad? \u00bfAcaso la falta de sentido pr\u00e1ctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple p\u00e9rdida de tiempo? Muchos lo creen. Pero yo sostengo que <strong>el valor del arte reside en su misma inutilidad<\/strong>; que la creaci\u00f3n de una obra de arte es lo que nos distingue de las dem\u00e1s criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. Pi\u00e9nsese en el esfuerzo que supone, en las largas horas de pr\u00e1ctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado pianista o bailar\u00edn. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente\u2026 in\u00fatil.<br \/>\nLa narrativa, sin embargo, se halla en una esfera un tanto diferente de las dem\u00e1s artes. Su medio es el lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con los dem\u00e1s, com\u00fan a todos nosotros. En cuanto aprendemos a hablar, empezamos a sentir avidez por los relatos. Los que seamos capaces de rememorar nuestra infancia recordaremos el ansia con que sabore\u00e1bamos el cuento que nos contaban en la cama, el momento en que nuestro padre, o nuestra madre, se sentaba en la penumbra junto a nosotros con un libro y nos le\u00eda un cuento de hadas. Los que somos padres no tendremos dificultad en evocar la embelesada atenci\u00f3n en los ojos de nuestros hijos cuando les le\u00edamos un cuento. \u00bfA qu\u00e9 se debe ese ferviente deseo de escuchar? Los cuentos de hadas suelen ser crueles y violentos, describen decapitaciones, canibalismo, transformaciones grotescas y encantamientos mal\u00e9ficos. Cualquiera pensar\u00eda que esos elementos llenar\u00edan de espanto a un cr\u00edo; pero lo que el ni\u00f1o experimenta a trav\u00e9s de esos cuentos es precisamente un encuentro fortuito con sus propios miedos y angustias interiores, en un entorno en el que est\u00e1 perfectamente a salvo y protegido. Tal es la magia de los relatos: pueden transportarnos a las profundidades del infierno, pero en realidad son inofensivos.<br \/>\n<strong>Nos hacemos mayores, pero no cambiamos<\/strong>. Nos volvemos m\u00e1s refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando \u00e9ramos peque\u00f1os, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra historia, y la siguiente, y otra m\u00e1s. Durante a\u00f1os, en todos los pa\u00edses del mundo occidental, se han publicado numerosos art\u00edculos que lamentan el hecho de que se leen cada vez menos libros, de que hemos entrado en lo que algunos llaman la \u201cera posliteraria\u201d. Puede que sea cierto, pero de todos modos no ha disminuido por eso la universal avidez por el relato. Al fin y al cabo, la novela no es el \u00fanico venero de historias. El cine, la televisi\u00f3n y hasta los tebeos producen obras de ficci\u00f3n en cantidades industriales, y el p\u00fablico contin\u00faa trag\u00e1ndoselas con gran pasi\u00f3n. Ello se debe a <strong>la necesidad de historias que tiene el ser humano<\/strong>. Las necesita casi tanto como el comer, y sea cual sea la forma en que se presenten \u2013en la p\u00e1gina impresa o en la pantalla de televisi\u00f3n\u2013, resultar\u00eda imposible imaginar la vida sin ellas.<br \/>\nDe todos modos, en lo que respecta al estado de la novela, al futuro de la novela, me siento bastante optimista. Hablar de cantidad no sirve de nada cuando nos referimos a los libros; porque no hay m\u00e1s que un lector, s\u00f3lo un lector en todas y cada una de las veces. Lo que explica el particular influjo de la novela, y por qu\u00e9, en mi opini\u00f3n, nunca desaparecer\u00e1 como forma literaria. La novela es una colaboraci\u00f3n a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el \u00fanico lugar del mundo donde dos extra\u00f1os pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad. Me he pasado la vida entablando conversaci\u00f3n con gente que nunca he visto, con personas que jam\u00e1s conocer\u00e9, y as\u00ed espero seguir hasta el d\u00eda en que exhale mi \u00faltimo aliento.<br \/>\n<strong>Nunca he querido trabajar en otra cosa.<\/strong><\/em><br \/>\nOtros premiados:<br \/>\nDiscurso de <A href=\"http:\/\/www.elpais.es\/articulo\/cultura\/Discurso\/Mary\/Robinson\/elpporcul\/20061020elpepucul_10\/Tes\/\">Mary Robinson<\/a> (v\u00eda El Pa\u00eds)<br \/>\nDiscurso de <A href=\"http:\/\/www.elpais.es\/articulo\/cultura\/Discuros\/William\/H\/Gates\/elpporcul\/20061020elpepucul_7\/Tes\/\">William H. Gates<\/a>, en nombre de la Fundaci\u00f3n Gates (v\u00eda El Pa\u00eds)<br \/>\nDiscurso de <A href=\"http:\/\/www.elpais.es\/articulo\/cultura\/Discurso\/Ann\/M\/Veneman\/elpporcul\/20061020elpepucul_8\/Tes\/\">Ann M. Veneman<\/a>, en nombre de Unicef (v\u00eda El Pa\u00eds)<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No s\u00e9 por qu\u00e9 me dedico a esto. Si lo supiera, probablemente no tendr\u00eda necesidad de hacerlo. Lo \u00fanico que puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. 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