>

Blogs

10342497

El córner

Josemi Goldaracena, beti aurrera

Hay hombres que crean afición. Transmiten una pasión desmedida que se contagia como un virus benéfico que una vez inoculado nos acompaña para siempre. Acabo de enterarme de la pérdida de uno de ellos: el sacerdote jesuita Josemi Goldaracena. Permitidme que acerque un apunte a este blog personal porque Josemi, además de un gran hombre y un excelente profesor, era aficionado del Athletic  -socio, si no recuerdo mal- y uno de los pilares junto al Padre Mendibelzua del Loyola Indautxu. Es decir, pura historia del fútbol base vizcaíno, de la que rara vez llega a los titulares de los periódicos pero que marca la vida de generaciones enteras. Desde ese club, desde su tarima e incluso desde el altar de alguna capilla, Goldaracena nos enseñó la importancia de la fe en el fútbol y también en la vida. Nos trajo a la memoria las hazañas remotas de los ‘once aldeanos’, y nos mostró cómo los equipos humildes son los que merecen mayor admiración. Todo ello, regado con un desaforado bilbaínismo y algunas dosis de provocación. Así atraía las miradas de aquellos jóvenes a los que apasionaba con su discurso. Y luego, cuando sentía que ya había captado nuestra atención, nos dejaba caer algunas grandes enseñanzas. Tenerle delante resultaba inolvidable.

Los de mi año recordamos con cariño aquellas convivencias en que entró en la sala donde le esperábamos y exclamó: “¡¡Dios es tonto!!”. A aquel grito entre la sorpresa general le siguió un apagón, que sospecho que propició varias vocaciones en mi quinta. Era el modo que tenía Josemi de explicarnos que “Dios nos ama, hagamos lo que hagamos”, cuando hacemos bien las cosas y cuando nos equivocamos, siempre. Pero pocos sacerdotes se habrían atrevido a explicarlo de un modo tan gráfico. O aquellas inolvidables misas que detenía cada cinco minutos con comentarios futbolísticos sobre el Loyola y el Athletic: “Vamos a pedir perdón, especialmente alguno que el sábado no botó ni un córner en condiciones”. Y luego miraba al interesado, por si quedaban dudas. Siempre con una cercanía, un humor y un cariño inolvidables.

Por eso, hoy se me ha encogido el alma al saber que ha muerto el gran Josemi Goldaracena. El mismo que nos escribía a cientos de alumnos –miles, seguramente- una felicitación navideña todos los años. El apasionado del Athletic que nos enseñó a soñar con finales como esa a la que echaremos el guante la semana que viene (paradojas de las fechas). Y el que, tras cada conversación, tras cada clase, nos miraba a los ojos y nos decía: “Eh, beti aurrera”. Siempre hacia adelante. Descansa en paz, maestro.

Temas

Por Jesús J. Hernández

Sobre el autor


febrero 2012
MTWTFSS
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
272829