Durante décadas fumar ha sido un placer. Y un placer muy grande. Canciones, películas míticas, carteleras de los de espectáculos más importante, publicidad de actores o actrices y de las grandes marcas… con el pitillo (en la mano o en la boca) como gran protagonista son hoy imposibles. No se lleva.
El cerco a los fumadores se estrecha. Y les ahoga. Con la ley vasca en la mano, se calcula que 50.000 adictos a la nicotina dejen este nocivo hábito. Así lo creen al menos los expertos sanitarios, que defienden el endurecimiento de las leyes para reducir el humo al ámbito privado.
La prohibición de encender un cigarro en los centros de trabajo, así como en los de actividades culturales y deportivas entró en vigor en España en enero de 2006. Según el Ministerio de Sanidad, más de un millón de fumadores -el 8% del total- dejó el tabaco en los dos primeros años de vigencia de esta limitación. Los responsables sanitarios creen que la aprobación de nuevas restricciones, como el veto en todos los bares y restaurantes, contribuirá de forma decisiva a aumentar el número de ex-fumadores en una proporción similar a la conseguida en 2007 y 2008. También opinan que será beneficioso para la sociedad en general al disminuir de forma importante los niveles de nicotina ambiental.
Pero ahora los hosteleros vascos piden una moratoria. Reclaman un plazo de tres meses para que la norma que salga del Parlamento vasco prohibiendo fumar en sus establecimientos sea de plena vigencia. Ese es el tiempo que estiman necesario para poder divulgarla y explicarla.
Uno de sus representantes ha dejado claro que los hosteleros no están a favor del consumo de tabaco, pero se ha quejado de que se intenten corregir hábitos a base de decretos y de la celeridad con la que se pretende que entre en vigor la prohibición de fumar en establecimientos hoteleros cuando, a su juicio, durante años no se ha hecho nada para reducir el consumo.
En parte tiene razón. Hubo miedo cuando se adoptaron las primeras medidas y templaron gaitas. De forma que la mayor parte de los establecimientos siguieron llenándose del humo de los cigarros que consumen los parroquianos. Ahora alegan que van a perder clientes. Quizá sea verdad. Pero lo realmente asombroso es que la población pasiva haya transigido hacia el tabaco y no haya dejado de acudir a los bares donde solo se respira el humo. Y qué decir de la Administración vasca que no se atrevió a aplicar la ley en los frontones, por ejemplo, y permitió que los aficionados se aferraran a sus farias. ¿Les temblará el pulso finalmente?
Lo que está claro es que fumar ha dejado de ser un placer, al menos por la cantidad de limitaciones que ponen a los fumadores. Pero qué quieren que les diga. Yo estoy con el tasquero ese de Donosti que a la puerta de su bar ha colocado un cartel en el que reza: “los pintxos te agradecen que no les eches el humo”. Y los demás también.