Jóvenes, pero sobradamente preparados. Jóvenes, pero no gilipollas. Porque eso es, al parecer, lo que pensaba el presidente de CEOE (que ahora se ha desdicho) cuando sugería que el mercado necesitaba contratos específicos para jóvenes sin indemnización por despido ni prestación por desempleo. Menos mal que Gerardo Díaz Ferrán ha rectificado y ha señalado que el plan de los empresarios españoles no tiene en cuenta esta propuesta, aunque está ahí sobre la mesa. Pero alguien la ha lanzado, sin que nadie sepa al final cuál era la intención: si dinamitarla de raíz o pulsar el ambiente. Pero cuando el río suena….
Lo que es indudable es que en el seno de la patronal esta idea ha sido planteada, aunque el presidente de los empresarios rechace su paternidad. Y eso es cierto, porque fue al parecer el director del departamento de Relaciones Laborales de la CEOE, José de la Cavada, quien abogó por un contrato de reinserción para jóvenes, con una duración entre seis meses y un año, sin protección de desempleo y sin cuotas empresariales a la Seguridad Social.
Díaz Ferrán ha asegurado, en una entrevista en Antena 3, que esta propuesta de contrato “ni se ha puesto ni se pondrá de esa manera” sobre la mesa del diálogo social. Sin embargo, ha recordado que se trata de un contrato que se ha puesto en funcionamiento en Francia, pero que la CEOE no habla “en concreto” de esa modalidad, sino de otra que pueda dar trabajo y sea “ad hoc” para todos los jóvenes que no encuentran empleo. Lamentó también que De la Cavada aludiera a este contrato “en un pasillo del Congreso” y ha añadido que no es bueno “radiar” las negociaciones del diálogo social, que se deben mantener de forma “discreta” para intentar llegar a acuerdos.
Gerardo Díaz Ferrán firma hoy un artículo en el diario El País en el que admite que “convendría encontrar un contrato adecuado para jóvenes como se ha hecho en algún otro país europeo”, aunque no detalla las condiciones que ese contrato debería tener. Sí que apunta que la contratación laboral, en materia de los costes de extinción de los contratos y las causas y procedimientos administrativos y judiciales en esta materia se debería “homologar” a los demás países europeos con los que competimos.
El globo sonda (o lo que sea) ha caído como una bomba sobre el sector de la población aludido. Son muchos los foros donde han dejado oír su opinión contraria a estas ideas, donde se les trata como carne de cañón y se les deja en condiciones mucho más precarias de las que sufren en la actualidad.
Todo el mundo reconoce que estamos ante la generación mejor preparada de la historia (másters, idiomas, especialización, viajados) y, sin embargo, los índices de paro en este sector son el doble que en el resto (un 40% en Euskadi). Y los empresarios, parcos en estos momentos de crisis a la hora de mantener sus plantillas (no digamos aumentarlas), no se arriesgan y no les contratan; y cuando lo hacen alegan su escasa experiencia para evitar compensarles con un salario acorde con su trabajo.
Ideas como las expuestas tampoco contribuyen a mejorar el diálogo social y a solventar los problemas que tiene el mercado laboral de nuestro país. Si algo hay meridianamente claro en estos momentos, es que no se necesita que alguien suelte la chispa y desate el incendio. El riesgo de combustión es demasiado alto como para seguir jugando con fuego. Nuestros jóvenes no se merecen ese trato. Aunque visto el que se da a los de mayor edad, no sé de qué nos extrañamos. De cualquier forma, ser joven no es lo mismo que ser gilipollas. Y ante sueldos de miseria, y precariedad de empleo, la respuesta quizá se dé en la calle. Esperemos que antes de que todo explote, se encuentre una solución satisfactoria para todos.