Esto, evidentemente, no es Cádiz -que más quiséramos-, ni Tenerife… ni Río de Jainero. Pero nos hemos empeñado en emularles y tener carnaval. ¿O es que no somos de Bilbao?
Los carnavales de la capital vizcaína no cuajan. Sin embargo, año tras año organizamos con el dinero público unos fastos importantes, no vaya a ser que alguien los eche de menos. La verdad sea dicha nos podíamos ahorrar el dinero. O invertirlo en traer, para esos mismos días, al cantante o grupo de moda. Pero el desfile que organiza el consistorio, sobra. No hay espectáculo en la calle, salvo que se contrate a murgas o grupos foráneos con experiencia en estas artes. Los conjuntos locales están bien para las fiestas de Deusto o Santutxu -unas abren y las otras cierran las carnestolendas de Bilbao-, pero no para tratar de emular las exhibiciones de esos lugares tan entrañables.
El ambiente, como digo, es frío. Pero tampoco el clima resulta apropiado para lucir palmito durante esos días. Nuestros carnavales suelen estar pasados por agua o acompañados de un tiempo gélido. Y el personal, además, se empeña en salir esos días con disfraces de aires más bien cálidos. Con lo apropiado que todos fueran vestidos de pescadores de altura -impermeable, pantalón y botas de agua- o emulando a Bing Crosby en “Cantando bajo la lluvia”. En conclusión: que no pega nada; todo resulta artificial y postizo. Así que me iré a Cádiz: eso sí que es carnaval.