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	<title>Verano loco (y 21) | Íñigo Domínguez - Blog elcorreo.com</title>
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		<title>Verano loco (y 21) | Íñigo Domínguez - Blog elcorreo.com</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Sep 2009 10:31:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Íñigo Domínguez</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><strong><big><strong>41. Deseo de ser inútil</strong></big></strong></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p><img id="img_0" class="imgizqda" src="/dominguez/wp-content/uploads/sites/50">Es inevitable volver de vacaciones, al curro, y que uno piense con nostalgia que quizá estaba llamado a empresas mejores, a surcar los mares o asaltar diligencias. Menos mal que para tratar esos síntomas existen los tebeos del Corto Maltés, paradigma del héroe elegante y sin afeitar. Es la obra maestra de Hugo Pratt, personaje cuya vida es el borrador de sus cómics. Veneciano de adolescencia etíope, desertor del ejército alemán y dibujante en Buenos Aires, era un apasionado de leyendas y viajes, además de que formó cuatro familias.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Al igual que Corto, hijo de una gitana de Sevilla, Pratt descendía de judíos de Toledo. Una vez volvió a esta ciudad para buscar la casa familiar, con la única ayuda de la llave medieval conservada durante generaciones. Con ella paseó por Toledo buscando la cerradura. No la encontró, pero una vez le sirvió para abrir su casa en París. La magia de la vida parecía indicarle que su hogar era donde estuviera él. Pratt cuenta esta historia en ‘El deseo de ser inútil’, precioso libro en el que repasa su vida. El título resume su placer por haber pasado tanto tiempo inmerso en sus mundos de fantasía, frente a quienes le decían que él no servía para nada. Pensando en lo que se consideraba útil, Pratt reafirma su deseo de ser inútil. Es un buen propósito para volver a trabajar, pero casi mejor no lo diga en voz alta en la oficina. Arrivederci.</p>
<p>FIN</p>
<p>Bueno, era el último de estos artículos publicados en el verano de 2007, que hemos rescatado en plan refrito. Decía arrivederci y aquí estamos otra vez. La prueba de que correr aventuras no está reñido con ser un inútil total es nuestro querido héroe de ‘La armada Brancaleone’ (Mario Monicelli, 1966), otro modelo de vida, el inmenso Vittorio Gassman, que al final hasta se intercambia recetas para el dolor de hígado con su rival:</p>
<p> <object style="BORDER-BOTTOM: 0px; BORDER-LEFT: 0px; MARGIN: 0px; BACKGROUND: none transparent scroll repeat 0% 0%; BORDER-TOP: 0px; BORDER-RIGHT: 0px" width="480" height="295"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/YHM9NtiMMLU&amp;hl=it&amp;fs=1&amp;rel=0"><param name="allowFullScreen" value="true"><param name="allowscriptaccess" value="always">   <embed src="//www.youtube.com/v/YHM9NtiMMLU&amp;hl=it&amp;fs=1&amp;rel=0" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="295"></embed></object></p>
<p>En fin, como decía, aquí estamos otra vez de regreso. Hoy se acaba el verano, al menos en el hemisferio desde el que escribo. Ya ven que lo tenía todo perfectamente calculado, aunque a veces no lo parezca. Espero que todo el mundo haya disfrutado de sus vacaciones. Volvemos a nuestros entrañables asuntos italianos.</p>
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