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	<title>Una mañana en Roma | Íñigo Domínguez - Blog elcorreo.com</title>
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		<title>Una mañana en Roma | Íñigo Domínguez - Blog elcorreo.com</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Oct 2008 17:27:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Íñigo Domínguez</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
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		<description><![CDATA[Hoy he tenido una mañana muy romana. A ver si consigo explicar por qué, en esta imposible tarea de describir Italia, y que se me perdone la digresión. Debía ir al INPS, la seguridad social, a arreglar unos papeles. El INPS, como Eni, Acea, el Comune, la Regione (en la foto de aquí al lado, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD HTML 4.0 Transitional//EN" "http://www.w3.org/TR/REC-html40/loose.dtd">
<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><img class="imgizqda" id="img_2" src="/dominguez/wp-content/uploads/sites/50">Hoy he tenido una mañana muy romana. A ver si consigo explicar por qué, en esta imposible tarea de describir Italia, y que se me perdone la digresión. </p>
<p>Debía ir al INPS, la seguridad social, a arreglar unos papeles. El INPS, como Eni, Acea, el Comune, la Regione (en la foto de aquí al lado, ente fantozziano por excelencia), es uno de esos monstruos burocráticos donde uno entra pero no sabe cuándo sale, ni cómo se las arreglará dentro ni que será de su vida. Todo depende de la suerte y de la maña de cada uno, no de seguir las reglas, que es un error. Pues bien, la oficina central de Roma, en San Giovanni, una mole de diez pisos, estaba cerrada todo el día por asamblea sindical. Esto es normal. Fue culpa mía, por no mirar el calendario: los viernes uno tiene ese riesgo. Estas cosas, como las huelgas, se suelen hacer los viernes para que salga un bonito puente.</p>
<p>Cientos de ciudadanos que habían tenido que faltar al trabajo o desatender obligaciones, como millones de italianos que pierden miles de mañanas en resolver papeleos absurdos, llegaban a la puerta y empezaban a cagarse en todos los muertos. Italia aún vive en la época del vuelva usted mañana, Internet es una fantasía y adoran el fax. Pero enseguida ocurría eso que me asombra tanto de los italianos: resignación, miradas al cielo, un café en el bar. No se puede luchar con la vida, contra el sistema, contra la fatalidad. Al rato ya se hacían bromas. A nadie se le ocurre protestar porque no sabría ni por dónde empezar.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>Con el tiempo, yo también he adoptado este punto de vista. Pero no lo tomo como derrota, sino como una forma más inteligente de afrontar la vida. Así que eran las nueve de la mañana y tenía algo de tiempo. ¿Qué hacer? De pronto pienso que ahí al lado está la basílica de <a id="link_0" title="http://es.wikipedia.org/wiki/Santo_Stefano_Rotondo" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Santo_Stefano_Rotondo">Santo Stefano Rotondo</a>, del siglo V. En ocho años nunca he logrado verla. Siempre cerrada no se sabía por qué, o por restauración, o con horarios raros, o con reserva obligatoria,… Como el INPS.</p>
<p>Llego por calles estrechas, entre muros que se derrumban, jardines descuidados. En Roma basta doblar una esquina para quedar en silencio. Milagro, la iglesia abre en ese momento. Me explican que llevaba cinco años cerrada por obras. Por fin voy a verla. Entro y me quedo absorto ante el espectáculo. Una iglesia circular, diáfana, rodeada de decenas de frescos maravillosos. Se forman haces de luz entre el polvo de las obras que aún siguen en marcha. Retumban las conversaciones con acento romano de los currelas. No hay nadie y el tiempo se para.</p>
<p><img class="imgcen" id="img_1" src="/dominguez/wp-content/uploads/sites/50">Había oído que la iglesia ya estaba abierta, pero esas cosas en Roma siempre se mueven en forma de leyenda, como los mismos requisitos burocráticos: nunca se sabe qué papeles hay que llevar, cambian cada día, o según el funcionario que te lo explique. En Italia todo está envuelto en una niebla, como en un sueño, y siempre se va a ciegas, en una realidad inestable, resbaladiza, móvil. Por eso es un país que prepara para la vida, porque la vida es así y no, como se esfuerza el resto del mundo civilizado, algo que tenga un sentido.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Por otro lado, en Italia el cabreo por lo que no funciona se convierte rápidamente en una nimiedad ante el efecto de la belleza, que recuerda la alegría de estar vivo. Y ahí es donde tienen razón los italianos y los demás no terminamos de darnos cuenta. La belleza es vital, tiene una influencia benéfica, medicinal, sobre el estado de ánimo. No es ninguna tontería.</p>
<p><img class="imgdcha" id="img_3" src="/dominguez/wp-content/uploads/sites/50">Para irme cojo el autobús enano 117. Es eléctrico y pequeñito. Dentro, los turistas extranjeros ruedan como en una bolera por las sacudidas. Se suelen dividir entre los impresionables y los que se divierten, pero en general tienen la misma cara que se me puede poner a mí, un suponer, en Calcuta. Hay una pintada -«Laureati falliti!» (¡Licenciados, fracasados!)- ejemplo de la agudeza nacional para la frase corta. Hay un cartel que prohíbe hablar con el conductor, pero todos los romanos que suben le preguntan si para aquí o allá y el viaje en sí es una tertulia colectiva. El 117 recorre la colina del Celio, pasa ante el Colosseo y llega a Piazza de Spagna. Un recorrido como otro cualquiera. Cuando bajo ya ni me acuerdo de la tontería del INPS.</p>
<p>En fin, yo no explico muy bien estas sensaciones inaferrables, pero Fellini lo hace mucho mejor que yo y atrapa de forma magistral el misterio de Roma en, precisamente, ‘Roma’ (1972). Como en esta secuencia mágica de las obras del metro.</p>
<p> <object height="344" width="425"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/RGUJF8hneJE&amp;hl=en&amp;fs=1"><param name="allowFullScreen" value="true">    <embed src="//www.youtube.com/v/RGUJF8hneJE&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object><br>
El viento que aúlla en las películas de Fellini siempre es el misterio, la soledad, el paso del tiempo.</p>
<p>A mí en la parte final siempre se me saltan las lágrimas.</p>
<p>Buen fin de semana.</p>
</body></html>
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