Aunque no lo parezca, estos días se está celebrando la Mostra de Venecia que, por lo que dicen los amigos desplazados allí para la ocasión, está siendo mortífera. Los italianos siempre se las arreglan para meter tres o cuatro películas suyas a concurso que, salvo excepciones, en los últimos años han sido para salir corriendo. Pero este año es todo el nivel general el que debe de estar por los suelos.
Es una pena, porque puede pasar aún más inadvertida la entrega del León de Oro a la carrera a Ermanno Olmi. ¿Quién? Olmi, muy ignorado en España, es uno de los maestros escondidos del cine italiano. Intimista, silencioso, tierno, pegado a la realidad, un cineasta muy puro. Su primer premio y su descubrimiento fue precisamente en Venecia, en 1961, con ‘Il posto’ (El empleo). Es una obra maestra:
Sinopsis: Domenico, el protagonista, ha ido a Milán desde su pueblo para hacer el test de un empleo. Se pone todo guapo y va para allá, descubriendo el mundo de la ciudad. Tras el examen, va a comer a una trattoria y ve a una chica que estaba en el examen. La secuencia que vemos sucede a partir de aquí y no hay mucho que explicar. No por los subtítulos en inglés, sino porque Olmi es de pocas palabras. Basta mirar. Pocas veces se ha contado mejor la tenue línea del paso a la edad adulta, al mundo de los mayores, a la vida laboral, al amor. Y sin ninguna historia de superpoderes.
Feliz fin de semana, lavoratori.