{"id":981,"date":"2011-02-26T18:00:00","date_gmt":"2011-02-26T18:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/?p=980"},"modified":"2011-02-26T18:00:00","modified_gmt":"2011-02-26T18:00:00","slug":"no-diga-mozart-diga-genio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/2011\/02\/26\/no-diga-mozart-diga-genio\/","title":{"rendered":"No diga Mozart, diga genio"},"content":{"rendered":"<p><IMG style=\"width: 317px; height: 427px;\" src=\"\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\" id=\"img_0\" class=\"imgizqda\"> El 10 de marzo de 1785, en el transcurso de una <em>academia<\/em> (una funci\u00f3n para suscriptores) a la que se hab\u00edan abonado alrededor de 150 amantes de la m\u00fasica, Mozart estren\u00f3 el Concierto para piano y orquesta N\u00ba 21 K. 467. Una m\u00fasica alegre y vivaz, cuyo segundo movimiento es, a juicio del fil\u00f3sofo y estudioso de la m\u00fasica Eugenio Tr\u00edas, una de las piezas m\u00e1s hermosas que se han escrito nunca. La m\u00e1s hermosa, incluso. En esa obra, como en tantas otras de un cat\u00e1logo que resulta inacabable pese a que su autor muri\u00f3 con solo 35 a\u00f1os, hay tanta belleza que parece imposible que fuera concebida por un solo ser humano. Y hay algo a\u00fan m\u00e1s sorprendente: el concierto fue compuesto seg\u00fan algunos historiadores en una semana y terminado la noche anterior a su estreno. <\/p>\n<p>Muy pocos m\u00fasicos se pueden comparar en calidad con Mozart; ninguno lo puede hacer en cuanto a la velocidad con la que llevaba los frutos de su inspiraci\u00f3n de la cabeza al papel pautado. El festival Musika-M\u00fasica ofrecer\u00e1 en esta edici\u00f3n un repaso a algunas de las obras m\u00e1s significativas de este genio absoluto.<\/p>\n<p>La biograf\u00eda de Mozart (Salzburgo 1756- Viena 1791) est\u00e1 marcada por un talento superlativo. Si Uderzo y Goscinny hubiesen sido austriacos, quiz\u00e1 habr\u00edan lanzado un c\u00f3mic sobre un ni\u00f1o que al nacer se cae en la marmita del genio. No habr\u00eda sido una exageraci\u00f3n. Leer una biograf\u00eda de Mozart es transitar por su vida en medio del asombro porque la enumeraci\u00f3n de sus proezas sonar\u00eda a ficci\u00f3n si no estuviera sobradamente documentada: a los cuatro a\u00f1os tocaba con toda correcci\u00f3n el clavicordio y compon\u00eda piezas que podr\u00edan esperarse de un dotado m\u00fasico veintea\u00f1ero; a los seis aprendi\u00f3 sin ayuda de nadie a tocar el viol\u00edn y a partir de ah\u00ed no hubo instrumento que se le resistiera ni g\u00e9nero en el que no brillara. Testimonios de la \u00e9poca revelan tambi\u00e9n que era un fant\u00e1stico improvisador cuando se sentaba al clavicordio. Y las partituras originales que se conservan apenas tienen tachaduras. Es decir, la m\u00fasica sal\u00eda de su cabeza tan perfecta que no necesitaba corregirla. \u00bfHa habido alguien igual?<\/p>\n<p>En la obra de Mozart est\u00e1 todo: la alegr\u00eda desenfrenada y el drama, el lirismo m\u00e1s profundo y la farsa, el abismo y la fiesta, el carnaval y la muerte. Tambi\u00e9n de todo hubo en su corta biograf\u00eda: una infancia con juegos en las diligencias y los salones de los palacios, esperando a ser recibido por el noble de turno; el enfrentamiento con su padre y una tard\u00eda e insuficiente reconciliaci\u00f3n; el \u00e9xito infantil y el ninguneo de la \u00e9poca adulta; una vida de lujo y la angustia de las deudas; el amor y las dudas; la admiraci\u00f3n y el rencor.<\/p>\n<p>La facilidad del salzburgu\u00e9s para la composici\u00f3n era tal que dominaba todos los secretos del \u00e9xito. En m\u00e1s de una carta a su padre le anuncia c\u00f3mo ser\u00e1n las obras que piensa escribir para ganarse al p\u00fablico. El truco era sencillo para alguien como \u00e9l: llegaba a una ciudad \u2013pongamos Viena, que tanto amaba y que le dio la espalda tantas veces\u2013, asist\u00eda a un concierto y prestaba atenci\u00f3n a las obras y los fragmentos con los que el p\u00fablico mostraba un mayor entusiasmo. Y luego escrib\u00eda sus propias partituras en ese estilo favorito de los aficionados. <\/p>\n<p>El problema es que Mozart era un rebelde que no se resignaba a pasarse toda su vida componiendo lo que gustaba a un p\u00fablico al que en el fondo despreciaba por su escaso conocimiento. Si hab\u00eda dado un portazo al arzobispo Colloredo en Salzburgo, renunciando a la seguridad de un puesto fijo como m\u00fasico de la catedral \u2013para gran disgusto de su padre\u2013, era improbable que limitara su actividad a componer para la aristocracia y la naciente burgues\u00eda centroeuropea. <\/p>\n<p>Y as\u00ed fue: durante un tiempo, sobre todo despu\u00e9s de su matrimonio con Constance \u2013la segunda opci\u00f3n, \u00e9l en realidad estaba enamorado de su hermana Aloysia\u2013, escribi\u00f3 obras que buscaban el \u00e9xito seguro y otras destinadas a ser interpretadas por \u00e9l mismo, a veces como complemento de piezas m\u00e1s ligeras. Por las primeras, no pocos cr\u00edticos o detractores \u2013por extra\u00f1o que parezca, los tiene\u2013 lo acusan de m\u00fasico \u2018comercial\u2019. Lo era, pero quedarse solo con esa faceta es muy injusto. <\/p>\n<p>El cat\u00e1logo de su obra comprende 626 t\u00edtulos. Para situarse en una dimensi\u00f3n m\u00e1s comprensible: si se interpretaran sus partituras una detr\u00e1s de otra, sin interrupci\u00f3n ni descanso alguno entre ellas, ser\u00edan precisos aproximadamente nueve d\u00edas. Y se escuchar\u00eda m\u00fasica de todos los g\u00e9neros, porque Mozart se adentr\u00f3 en todos: misas y otras piezas para la iglesia de dimensiones y ambici\u00f3n diversas; \u00f3peras, arias y d\u00faos de concierto; ballets; sinfon\u00edas, divertimentos y serenatas para orquesta; danzas y piezas para grupos de viento; obras concertantes para piano e instrumentos de cuerda y viento; m\u00fasica de c\u00e1mara para las m\u00e1s diversas combinaciones; sonatas y piezas para piano y otros instrumentos; piezas para \u00f3rgano, arpa y hasta arm\u00f3nica de cristal. Todos los instrumentistas tienen material para la interpretaci\u00f3n y todos aman a Mozart. Solo los solistas del violonchelo se preguntan por qu\u00e9 compuso tan poco para ellos, y desde luego ninguna obra para solista con orquesta.<\/p>\n<p>Ni siquiera la leyenda falta a su cita con el genio. La hay, y con versiones para todos los gustos, sobre su car\u00e1cter de ni\u00f1o prodigio, su memoria prodigiosa \u2013escribi\u00f3 la partitura del \u2018Miserere\u2019 de Allegri, unos doce minutos de m\u00fasica, habi\u00e9ndolo escuchado una \u00fanica vez\u2013, su o\u00eddo absoluto&#8230; Y la hay tambi\u00e9n sobre su muerte, aunque a estas alturas est\u00e1 del todo descartado que sufriera un envenenamiento o que tuviera alguna participaci\u00f3n en ella Antonio Salieri. Hasta se ha aclarado que el encargo del R\u00e9quiem fue obra del conde Walsegg, que quer\u00eda interpretarlo, como suyo, en un funeral por su esposa. <\/p>\n<p>Esas leyendas \u2013en algunos casos, corroboradas; en otros, pura fabulaci\u00f3n\u2013 han servido para alimentar obras literarias, teatrales, musicales y cinematogr\u00e1ficas en torno a su figura. La pel\u00edcula <em>Amadeus<\/em> de Milos Forman sobre la obra teatral de Peter Shaffer es, pese a algunas notables desviaciones de la realidad, una buena manera de aproximarse a un personaje inacabable. Un fil\u00f3sofo escribi\u00f3 que la m\u00fasica de Bach nos hace llorar por el para\u00edso, pero la de Mozart nos traslada a \u00e9l. No digan Mozart, digan genio.<\/p>\n<p><em>(Publicado en Territorios, 26 de febrero de 2011)<\/em><\/p>\n<p>Les dejo el segundo movimiento del Concierto para piano y orquesta N\u00ba 21 interpretado por la inolvidable Alicia de Larrocha, junto a la English Chamber Orchestra dirigida por Colin Davis. Esta debe de ser la m\u00fasica que suena en el para\u00edso&#8230;<\/p>\n<p><object style=\"border: 0pt none ; margin: 0pt; background: transparent none repeat scroll 0% 0%; -moz-background-clip: -moz-initial; -moz-background-origin: -moz-initial; -moz-background-inline-policy: -moz-initial;\" width=\"480\" height=\"390\"><param  name=\"movie\" value=\"http:\/\/www.youtube.com\/v\/sHgFqHhE53g?fs=1&#038;hl=es_ES\"><\/param><param  name=\"allowFullScreen\" value=\"true\"><\/param><param  name=\"allowscriptaccess\" value=\"always\"><\/param><embed  src=\"\/\/www.youtube.com\/v\/sHgFqHhE53g?fs=1&#038;hl=es_ES\" type=\"application\/x-shockwave-flash\" allowscriptaccess=\"always\" allowfullscreen=\"true\" width=\"480\" height=\"390\"><\/embed><\/object><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 10 de marzo de 1785, en el transcurso de una academia (una funci\u00f3n para suscriptores) a la que se hab\u00edan abonado alrededor de 150 amantes de la m\u00fasica, Mozart estren\u00f3 el Concierto para piano y orquesta N\u00ba 21 K. 467. 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