{"id":810,"date":"2010-05-31T19:12:00","date_gmt":"2010-05-31T19:12:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/?p=810"},"modified":"2010-05-31T19:12:00","modified_gmt":"2010-05-31T19:12:00","slug":"los-periodistas-la-gran-pantalla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/2010\/05\/31\/los-periodistas-la-gran-pantalla\/","title":{"rendered":"Los periodistas en la gran pantalla"},"content":{"rendered":"<p><IMG src=\"\/divergencias\/files\/PrimeraPlana.jpg\" id=\"img_0\" class=\"imgcen\">&#8220;S\u00e9 todo acerca de los periodistas, un regimiento de tipos curiosos corriendo de un lugar a otro para que unos cuantos aburridos sepan lo que pasa por el mundo. \u00bfY eso para qu\u00e9 sirve?\u00bb Hilding (Rosalind Russell), la protagonista de <em>Luna nueva <\/em>(Howard Hawks, 1940), sabe efectivamente de lo que habla cuando se refiere a la tarea de los informadores porque ella misma trabaja como reportera. Incluso ha estado casada con el director de su diario. Por eso, cuando anuncia que deja la profesi\u00f3n y su ex marido trata de convencerla para que no lo haga, le responde con un retrato \u00e1cido de su actividad. En otro filme c\u00e9lebre, <em>Primera plana<\/em> (Billy Wilder, 1974), en realidad una nueva versi\u00f3n de la misma historia, solo que aqu\u00ed el protagonista es un var\u00f3n, se completa el perfil del periodista. El reportero a punto de dejarlo, encarnado por Jack Lemmon, confiesa a su director -impagable Walter Matthau-, que se va a dedicar a la publicidad en una empresa de la familia de su futura esposa porque no quiere vivir como \u00e9l: \u00abSin hogar, sin familia, sin amigos, comes jud\u00edas de lata sin calentar siquiera y duermes en el sof\u00e1 de tu despacho veinte noches de cada mes. Y tu \u00fanica distracci\u00f3n es meterte en la cama con un peri\u00f3dico\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfSon as\u00ed todos los periodistas que salen en el cine? Un reciente art\u00edculo en &#8216;Intercom. Revista Brasileira de Ci\u00eancias da Comunica\u00e7ao&#8217;, que a su vez parte de una investigaci\u00f3n realizada por un equipo de profesores de las universidades del Pa\u00eds Vasco y Sevilla, dirigido por la catedr\u00e1tica Ofa Bezunartea, da respuesta a esa pregunta. Tras analizar un centenar de filmes de periodistas desde los a\u00f1os treinta hasta la actualidad, concluyen que los informadores del celuloide tienen vidas familiares muy complicadas, son tipos solitarios, que con frecuencia no han pasado por la Universidad, obsesionados por su trabajo, menos dados a los vicios -sobre todo, alcohol y tabaco- de lo que podr\u00eda suponerse y en general bien armados \u00e9ticamente.<\/p>\n<p>Una vida afectiva desastrosa. Los periodistas que salen en las pel\u00edculas son p\u00e9simos maridos -o esposas, aunque en su mayor parte son varones-, malos amantes y novios insufribles. M\u00e1s de la mitad de ellos est\u00e1n solteros, algo que llama la atenci\u00f3n dado que la edad media de los informadores del cine ronda los 40 a\u00f1os. A esos hay que sumar que uno de cada diez est\u00e1n divorciados y y casi otro tanto casados de nuevo tras un fracaso previo.<\/p>\n<p><strong>Fracasos y obsesiones<\/strong><br \/>\nPero, \u00bfc\u00f3mo no va a fracasar el matrimonio del protagonista de <em>El americano impasible<\/em> (en sus dos versiones, Joseph Mankiewicz, 1958, y Philip Noyce, 2002 ) si \u00e9l vive en Indochina, amenazado cada d\u00eda con volar por los aires por una bomba, y su esposa est\u00e1 en Londres? Claro que a veces es solo la presi\u00f3n informativa la que conduce hacia el precipicio. En <em>El cuarto poder<\/em> (Richard Brooks, 1952), la viuda del editor del diario cuenta que se march\u00f3 en una ocasi\u00f3n de casa, un par de d\u00edas, y su marido ni siquiera lo not\u00f3. \u00abPero \u00e9l la amaba\u00bb, la interpela el director del peri\u00f3dico. \u00abApasionadamente, s\u00f3lo que entre ediciones\u00bb, le contesta la mujer. Y la protagonista de <em>La mujer del a\u00f1o<\/em> (George Stevens, 1942) abandona a su marido en su noche de bodas porque le surge la oportunidad de hacer una importante entrevista.<\/p>\n<p>Algo parecido sucede en <em>El reloj asesino<\/em> (John Farrow, 1948): el protagonista debe interrumpir su luna de miel porque le avisan para cubrir un suceso. \u00abDesde entonces, trabajo 26 horas al d\u00eda, Navidad y el D\u00eda de la Madre\u00bb, confiesa. Las relaciones afectivas son dif\u00edciles con quien vive obsesionado con su trabajo. Le sucede al director de <em>The paper. Detr\u00e1s de la noticia<\/em> (Ron Howard, 1994), que solo cuando le detectan un c\u00e1ncer coge el tel\u00e9fono para llamar a su hija, de la que hace a\u00f1os que no sabe nada. Porque \u00e9l no ha querido saber, o no ha tenido tiempo de saber.<\/p>\n<p>La obsesi\u00f3n por el trabajo, por la noticia, llega a ser una patolog\u00eda. El c\u00e1mara de <em>H\u00e9roe por accidente<\/em> (Stephen Frears, 1992) no deja de hablar en voz alta mientras filma las im\u00e1genes del avi\u00f3n que acaba de estrellarse: \u00abVaya, es un aut\u00e9ntico infierno, es imponente, es de Pulitzer\u00bb. M\u00e1s o menos lo mismo que otro c\u00e1mara, el de <em>Territorio comanche<\/em> (Gerardo Herrero, 1996), a quien no se le va de la cabeza la posibilidad de filmar la voladura de un puente pese a que una m\u00ednima prudencia deber\u00eda llevarle a renunciar a esas im\u00e1genes.<\/p>\n<p>Periodistas que viven para conseguir la mejor noticia, las im\u00e1genes m\u00e1s impactantes, la entrevista m\u00e1s brillante. Y no se lo pueden quitar de la cabeza. El protagonista de <em>Silver City<\/em> (John Sayles, 2004) tiene las paredes de su piso llenas de papeles pegados, con las anotaciones sobre la investigaci\u00f3n que est\u00e1 haciendo, y no deja de mirarlos en los pocos ratos en los que est\u00e1 en casa.<\/p>\n<p>Una tensi\u00f3n -y una obsesi\u00f3n- semejante podr\u00eda conducir a un consumo masivo de alcohol, tabaco y otras drogas. Sin embargo, no parece que los periodistas de la pantalla destaquen por ello. S\u00ed aparecen, a veces, grupos de informadores -sobre todo, corresponsales de guerra- charlando en torno a unas copas en el hotel en el que se alojan, pero es infrecuente que est\u00e9n borrachos. Tan solo el personaje encarnado por Bruce Willis en <em>La hoguera de las vanidades<\/em> (Brian de Palma, 1989) se pasa la totalidad del filme ebrio. Pero es una excepci\u00f3n notable.<\/p>\n<p>\u00bfY la \u00e9tica? Casi la mitad de los informadores que aparecen en el centenar de pel\u00edculas examinadas tienen muy asumida la funciones de control del poder y de informar a la sociedad de cuanto sucede. Y una cuarta parte se mueve por el inter\u00e9s de conseguir \u00e9xitos para su medio. S\u00f3lo otro cuarto busca en primer lugar el \u00e9xito personal sin importarle los medios para ello. El caso m\u00e1s llamativo es el de <em>Corredor sin retorno<\/em> (Samuel Fuller, 1963), donde un periodista simula una enfermedad mental para entrar en un psiqui\u00e1trico e investigar un crimen. Al comienzo del filme, cuando est\u00e1 preparando la farsa, dice con toda claridad que \u00e9l lo \u00fanico que quiere es ganar el Pulitzer. Tambi\u00e9n en <em>Tinta roja<\/em> (Francisco Lombardi, 2000) el protagonista adquiere todos los vicios y vulnera todas las normas con tal de triunfar. Pero casos as\u00ed los hay en todas las profesiones.<\/p>\n<p>(Publicado en <em>Territorios de la Cultura<\/em>, 29 de mayo de 2010)<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8220;S\u00e9 todo acerca de los periodistas, un regimiento de tipos curiosos corriendo de un lugar a otro para que unos cuantos aburridos sepan lo que pasa por el mundo. \u00bfY eso para qu\u00e9 sirve?\u00bb Hilding (Rosalind Russell), la protagonista de Luna nueva (Howard Hawks, 1940), sabe efectivamente de lo que habla cuando se refiere a [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[11],"tags":[845,886,1791,1881,1890,1898],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/810"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=810"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/810\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=810"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=810"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=810"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}