{"id":3353,"date":"2018-07-24T10:00:54","date_gmt":"2018-07-24T08:00:54","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/?p=3353"},"modified":"2018-07-04T20:31:33","modified_gmt":"2018-07-04T18:31:33","slug":"un-libro-cada-semana-los-cain-de-enrique-llamas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/2018\/07\/24\/un-libro-cada-semana-los-cain-de-enrique-llamas\/","title":{"rendered":"Un libro cada semana: &#8216;Los Ca\u00edn&#8217; de Enrique Llamas"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2018\/07\/los-cain.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-3355\" src=\"\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2018\/07\/los-cain-203x300.jpg\" alt=\"los-cain\" width=\"203\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2018\/07\/los-cain-203x300.jpg 203w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2018\/07\/los-cain-768x1135.jpg 768w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2018\/07\/los-cain-693x1024.jpg 693w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2018\/07\/los-cain.jpg 1000w\" sizes=\"(max-width: 203px) 100vw, 203px\" \/><\/a>Enrique Llamas es un joven periodista con experiencia en la radio y <em>Los Ca\u00edn<\/em> es su primera novela. En cuanto el lector ha le\u00eddo unas pocas p\u00e1ginas descubre las dos referencias fundamentales de la obra: por un lado, el t\u00edtulo es la oposici\u00f3n a <em>Los Abel<\/em>, de Ana Mar\u00eda Matute; por otro, el lenguaje, el escenario e incluso el tiempo de la narraci\u00f3n conduce inevitablemente a Miguel Delibes, a quien cita el autor en la nota final de agradecimientos.<\/p>\n<p>El argumento se centra en<strong> la llegada de un joven e inexperto maestro madrile\u00f1o a un pueblo de la zona noroeste de Zamora<\/strong>. La referencia es indirecta porque los nombres de las aldeas son ficticios, pero los personajes hablan de la vecina Sierra de la Culebra y uno de los detonantes de la acci\u00f3n es la aparici\u00f3n de ciervos muertos en las calles del pueblo en el que transcurre la mayor parte de la acci\u00f3n. Y los ciervos son muy comunes justo en esa regi\u00f3n.<\/p>\n<p>El pueblo al que llega el protagonista est\u00e1 dividido en <strong>dos zonas, la alta y la baja, y sus habitantes se agrupan tambi\u00e9n en dos bandos. Entre ellos existe un odio ancestral<\/strong> de cuyo origen nadie quiere hablar pero que alimentan con sumo cuidado. La muerte de una ni\u00f1a a\u00f1os atr\u00e1s y el accidente sufrido por una adolescente que hu\u00eda en el tiempo de la acci\u00f3n no hacen sino profundizar en esa divisi\u00f3n, en un contexto de ciervos muertos, cazadores furtivos, guardias civiles a quienes nadie quiere llamar aunque sucedan cosas muy graves y un director de escuela a quien el centro no interesa nada en absoluto.<\/p>\n<p>Llamas narra con un lenguaje cl\u00e1sico, recupera palabras que ya casi nadie usa fuera de los pueblos m\u00e1s remotos (teso, buchina) y es capaz de hablar de la violencia sin referirse a ella de manera muy directa. Un narrador con pulso que se suma a la corriente de <em>novela rural<\/em> que parece ya un subg\u00e9nero en la literatura espa\u00f1ola actual.<\/p>\n<p><em>(Publicado en elcorreo.com)<\/em><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Enrique Llamas es un joven periodista con experiencia en la radio y Los Ca\u00edn es su primera novela. En cuanto el lector ha le\u00eddo unas pocas p\u00e1ginas descubre las dos referencias fundamentales de la obra: por un lado, el t\u00edtulo es la oposici\u00f3n a Los Abel, de Ana Mar\u00eda Matute; por otro, el lenguaje, el [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":15830,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5,10],"tags":[963,2737,2580],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3353"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/15830"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3353"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3353\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3356,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3353\/revisions\/3356"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3353"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3353"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3353"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}