{"id":3284,"date":"2018-05-29T10:00:10","date_gmt":"2018-05-29T08:00:10","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/?p=3284"},"modified":"2018-05-28T19:08:27","modified_gmt":"2018-05-28T17:08:27","slug":"un-libro-cada-semana-absoluta-presencia-de-luisa-etxenike","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/2018\/05\/29\/un-libro-cada-semana-absoluta-presencia-de-luisa-etxenike\/","title":{"rendered":"Un libro cada semana: &#8216;Absoluta presencia&#8217; de Luisa Etxenike"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2018\/05\/presencia.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-3286\" src=\"\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2018\/05\/presencia-204x300.jpg\" alt=\"presencia\" width=\"204\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2018\/05\/presencia-204x300.jpg 204w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2018\/05\/presencia-768x1127.jpg 768w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2018\/05\/presencia-698x1024.jpg 698w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2018\/05\/presencia.jpg 800w\" sizes=\"(max-width: 204px) 100vw, 204px\" \/><\/a>Las novelas de Luisa Etxenike suelen ser textos en los que es tan importante o m\u00e1s lo que se calla o si acaso se sugiere que lo que se dice expresamente. Sucede tambi\u00e9n en <em>Absoluta presencia<\/em>, una novela\u00a0sobre<strong> la relaci\u00f3n entre un padre y su hija que, enfrentados al extra\u00f1o silencio de la madre, recuperan parte de la memoria<\/strong>. O, quiz\u00e1 mejor, se enfrentan al pasado.<\/p>\n<p>Ada, la protagonista, es una joven fot\u00f3grafa que al principio de la novela tiene una exposici\u00f3n en Par\u00eds. En muchas de las im\u00e1genes, <strong>un hombre en pijama mira<\/strong>. No se sabe bien hacia d\u00f3nde pero mira. Ada no es parisina, sino vasca. Lleg\u00f3 a la capital francesa a\u00f1os atr\u00e1s. Su padre, un abogado militante del PSE, hubo de abandonar San Sebasti\u00e1n por las amenazas de ETA. Poco han hablado en casa de eso. Tanto es as\u00ed que, ante la incomprensible enfermedad de la madre \u2013nada f\u00edsico, les dicen los m\u00e9dicos\u2013, un d\u00eda el padre decide contarle las razones por las que abandonaron su pa\u00eds.<\/p>\n<p>El relato contiene <strong>algunos di\u00e1logos que a los lectores se les har\u00e1n familiares<\/strong>. Como cuando el padre de la chica sale una vez a limpiar la puerta porque alguien ha puesto una diana sobre la placa en la que aparece su nombre y el del despacho. Entonces se le acerca el due\u00f1o del bar de al lado y le dice: \u00abEsto se tiene que terminar, nos perjudicas. Cualquier d\u00eda saltamos por los aires&#8230; todos; sin comerlo ni beberlo\u00bb.<\/p>\n<p>Un tercer personaje es un franc\u00e9s que se acerca a Ada porque quiere entrevistarla para una revista. Su participaci\u00f3n es tambi\u00e9n crucial en una novela en la que las miradas, las distintas formas de ver, son la verdadera esencia del relato.<\/p>\n<p><em>(Publicado en elcorreo.com)<\/em><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las novelas de Luisa Etxenike suelen ser textos en los que es tan importante o m\u00e1s lo que se calla o si acaso se sugiere que lo que se dice expresamente. 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