{"id":3210,"date":"2018-04-03T10:00:27","date_gmt":"2018-04-03T08:00:27","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/?p=3210"},"modified":"2018-03-28T13:34:18","modified_gmt":"2018-03-28T11:34:18","slug":"un-libro-cada-semana-anatomia-de-un-escandalo-de-sarah-vaughan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/2018\/04\/03\/un-libro-cada-semana-anatomia-de-un-escandalo-de-sarah-vaughan\/","title":{"rendered":"Un libro cada semana: &#8216;Anatom\u00eda de un esc\u00e1ndalo&#8217; de Sarah Vaughan"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2018\/03\/anatom\u00eda.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-3212\" src=\"\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2018\/03\/anatom\u00eda-195x300.jpg\" alt=\"anatomia\" width=\"195\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2018\/03\/anatom\u00eda-195x300.jpg 195w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2018\/03\/anatom\u00eda.jpg 500w\" sizes=\"(max-width: 195px) 100vw, 195px\" \/><\/a>El libro llega en el momento justo pero no se puede acusar a su autora de oportunismo porque, evidentemente, cuando empez\u00f3 a escribirlo no exist\u00eda el <em>Me Too<\/em> ni hab\u00edan salido a la luz tantas acusaciones de abuso sexual. Sarah Vaughan, que ha sido corresponsal pol\u00edtica en<em> The Guardian<\/em>, ambienta su historia en un contexto que conoce bien: el de la alta pol\u00edtica brit\u00e1nica. El protagonista de la novela es<strong> James, mano derecha del primer ministro<\/strong>, con quien mantiene una relaci\u00f3n de absoluta confianza desde los a\u00f1os felices en que ambos estudiaban en Oxford. James <strong>est\u00e1 casado con Sophie<\/strong>, a quien tambi\u00e9n conoci\u00f3 en esa Universidad. Junto a sus hijos forman una familia glamurosa que parece tenerlo todo.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, se filtra <strong>la noticia de que James ha tenido una relaci\u00f3n con una subordinada<\/strong>. La pareja perfecta se tambalea. Pero el peor golpe es cuando <strong>la chica denuncia que<\/strong>, tras la ruptura de ese <em>affaire<\/em>,<strong> James la viol\u00f3<\/strong>. En el juicio, la acusaci\u00f3n la llevar\u00e1 Kate, una abogada de vida desastrosa, que pretende por encima de todo descubrir la verdad. En medio, Sophie, que se debate entre creer a su marido, que ha reconocido el adulterio pero niega tajantemente la violaci\u00f3n, o aceptar que quiz\u00e1 viva con una persona a la que no conoce en absoluto.<\/p>\n<p>Sarah Vaughan introduce entre los secundarios a asesores de comunicaci\u00f3n que est\u00e1n tan bien perfilados que deben ser muy parecidos a algunos que ella ha conocido, y <strong>describe, en varios flashbacks, el ambiente de Oxford m\u00e1s all\u00e1 del prestigio<\/strong> que la misma palabra contiene. La historia avanza a buen ritmo, pasando de unos personajes a otros y recorriendo un cuarto de siglo en sus vidas. Todo es absolutamente cre\u00edble, tanto que si no fuera porque el 10 de Downing Street lo ocupa Theresa May desde hace a\u00f1o y medio, ser\u00eda como para tratar de indagar en qui\u00e9n de los asesores del primer ministro de turno se ha basado Vaughan para crear su personaje. Y una apuesta final: aqu\u00ed hay una pel\u00edcula.<\/p>\n<p><em>(Publicado en elcorreo.com)<\/em><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El libro llega en el momento justo pero no se puede acusar a su autora de oportunismo porque, evidentemente, cuando empez\u00f3 a escribirlo no exist\u00eda el Me Too ni hab\u00edan salido a la luz tantas acusaciones de abuso sexual. Sarah Vaughan, que ha sido corresponsal pol\u00edtica en The Guardian, ambienta su historia en un contexto [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":15830,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5,10],"tags":[1955,2093,2697],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3210"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/15830"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3210"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3210\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3213,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3210\/revisions\/3213"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3210"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3210"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3210"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}