{"id":2495,"date":"2016-02-08T10:00:29","date_gmt":"2016-02-08T08:00:29","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/?p=2495"},"modified":"2016-02-08T10:00:29","modified_gmt":"2016-02-08T08:00:29","slug":"un-libro-cada-semana-rosy-john-de-pierre-lemaitre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/2016\/02\/08\/un-libro-cada-semana-rosy-john-de-pierre-lemaitre\/","title":{"rendered":"Un libro cada semana: &#039;Rosy &#038; John&#039; de Pierre Lemaitre"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2016\/02\/Rosy-John.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-2496\" title=\"Rosy &#038; John\" src=\"\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2016\/02\/Rosy-John.jpg\" alt=\"\" width=\"188\" height=\"300\" \/><\/a>Las nuevas tecnolog\u00edas est\u00e1n propiciando <strong>experimentos literarios<\/strong> que no son exactamente in\u00e9ditos pero que s\u00ed <strong>modifican algunas convenciones de los g\u00e9neros<\/strong>. Por ejemplo, a Pierre Lemaitre, exitoso escritor de novela negra que salt\u00f3 a la fama fuera de su pa\u00eds con <em>Nos vemos all\u00e1 arriba<\/em>, ganadora del Goncourt, le ofrecieron en 2013 escribir una novela para <em>smartphones<\/em>. Lo peculiar de la propuesta es que <strong>los cap\u00edtulos deb\u00edan ser muy breves<\/strong>, apenas tres pantallas, que al parecer es el tiempo medio de lectura tipo entre trasbordos en la red de metro de Par\u00eds. Con esas condiciones Joyce no habr\u00eda podido escribir <em>Ulises<\/em> ni Tolst\u00f3i <em>Ana Karenina<\/em>, pero por suerte ellos no estuvieron tan limitados.<\/p>\n<p>Ahora bien, Lemaitre ha resuelto con brillantez los problemas estructurales que le planteaba el formato, hasta el punto de que, trasladada a libro convencional, <em>Rosy &#038; John<\/em> resulta <strong>una novela breve escrita a un ritmo infernal, plasmado en escenas muy cortas pautadas por un reloj<\/strong> que marca el ritmo de la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>El punto de partida parece <strong>un gui\u00f1o a la actualidad<\/strong>: <strong>una bomba explota en una calle de Par\u00eds donde abundan las terrazas repletas<\/strong> de gente que disfruta de un agradable d\u00eda. La ha colocado un joven que filma la escena con su m\u00f3vil y que a continuaci\u00f3n se entrega a la Polic\u00eda y pide hablar con Verhoeven, el polic\u00eda que ha protagonizado una serie de Lemaitre. Es a \u00e9l a quien hace una propuesta: si liberan a su madre \u2013encarcelada\u2013, les dan cuatro millones de euros y unos billetes con destino a Australia, <strong>revelar\u00e1 donde est\u00e1n colocadas otras seis bombas<\/strong>. Si no, cada d\u00eda estallar\u00e1 una.<\/p>\n<p>A partir de ah\u00ed, la Polic\u00eda inicia una carrera contra el reloj, <strong>narrada casi minuto a minuto<\/strong> porque nadie tiene claro si se trata de un chalado, dado que el joven ha visto morir a su novia y a su jefe en extra\u00f1os accidentes y est\u00e1 muy solo desde el encarcelamiento de su madre. Una novela que se lee de un tir\u00f3n, y en este caso es literal. Dos horas \u2013o un poco m\u00e1s, depende de la velocidad de lectura de cada uno\u2013 fren\u00e9ticas junto al peculiar Verhoeven.<\/p>\n<p><em>(Publicado en elcorreo.com)<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las nuevas tecnolog\u00edas est\u00e1n propiciando experimentos literarios que no son exactamente in\u00e9ditos pero que s\u00ed modifican algunas convenciones de los g\u00e9neros. 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