{"id":2488,"date":"2016-01-25T10:00:36","date_gmt":"2016-01-25T08:00:36","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/?p=2488"},"modified":"2016-01-25T10:00:36","modified_gmt":"2016-01-25T08:00:36","slug":"un-libro-cada-semana-los-tres-violines-de-ruven-preuk-de-svenja-leiber","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/2016\/01\/25\/un-libro-cada-semana-los-tres-violines-de-ruven-preuk-de-svenja-leiber\/","title":{"rendered":"Un libro cada semana: &#039;Los tres violines de Ruven Preuk&#039; de Svenja Leiber"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2016\/01\/los-res-violines.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-2489\" title=\"los res violines\" src=\"\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2016\/01\/los-res-violines.jpg\" alt=\"\" width=\"198\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2016\/01\/los-res-violines.jpg 847w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2016\/01\/los-res-violines-198x300.jpg 198w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2016\/01\/los-res-violines-768x1162.jpg 768w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2016\/01\/los-res-violines-677x1024.jpg 677w\" sizes=\"(max-width: 198px) 100vw, 198px\" \/><\/a>Existen muchas novelas que narran historias de m\u00fasicos con talento desbordante, a veces con \u00e9xito y otras sin \u00e9l, pero siempre personalidades avasalladoras. Lo que la alemana Svenja Leiber cuenta es bien diferente: <strong>la peripecia de un modesto violinista<\/strong> que sale de su casa para aprender con maestros tan modestos como \u00e9l mientras busca la manera de ganar unos marcos para sobrevivir. <strong>La novela comienza poco antes de la Primera Guerra Mundial, cuando Ruven Preuk es apenas un ni\u00f1o, y termina en 1975<\/strong>, cuando el personaje se asoma ya a la ancianidad y comienza a despedirse de cuantos han compartido trayecto con \u00e9l.<\/p>\n<p>Un trayecto que nunca es f\u00e1cil cuando se ha nacido en el seno de una familia con muy pocos recursos. <strong>Preuk no dispone de los mejores profesores, ni tiene un gran instrumento<\/strong> a su disposici\u00f3n para tocar. Cosecha m\u00e1s de un fracaso cuando trata de acceder a un puesto en una orquesta y algo parecido sucede en su vida amorosa. Y, adem\u00e1s, <strong>un accidente le causa una cojera<\/strong> que no le impedir\u00e1 participar en la Segunda Guerra Mundial y sufrir heridas de consideraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La lucha de Preuk es la de cualquier ser humano que quiere cumplir un sue\u00f1o. Pero muchos de los obst\u00e1culos que encuentra son superiores a sus fuerzas y llega un momento en que se cansa de luchar. Entonces se convierte en una sombra de s\u00ed mismo, en <strong>un viejo violinista que ya ni siquiera es un artista honrado pero sin relieve, sino una caricatura<\/strong>, una sombra de una insignificancia. Adem\u00e1s, forma parte de una generaci\u00f3n sacrificada: la de <strong>quienes lucharon por una causa en la que no cre\u00edan, se dejaron la sangre en ella, y a su regreso a casa vivieron el rechazo<\/strong> de aquellos que se sumaron con entusiasmo a la misma y el de quienes la combatieron en la clandestinidad. A Preuk todo le llega demasiado tarde o demasiado pronto. Y eso es siempre el camino m\u00e1s seguro hacia la infelicidad.<\/p>\n<p><em>(Publicado en elcorreo.com)<\/em><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Existen muchas novelas que narran historias de m\u00fasicos con talento desbordante, a veces con \u00e9xito y otras sin \u00e9l, pero siempre personalidades avasalladoras. Lo que la alemana Svenja Leiber cuenta es bien diferente: la peripecia de un modesto violinista que sale de su casa para aprender con maestros tan modestos como \u00e9l mientras busca la [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":15830,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5,7,10],"tags":[2231,2536],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2488"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/15830"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2488"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2488\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2488"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2488"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2488"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}