{"id":2469,"date":"2015-12-28T10:00:31","date_gmt":"2015-12-28T08:00:31","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/?p=2469"},"modified":"2015-12-28T10:00:31","modified_gmt":"2015-12-28T08:00:31","slug":"un-libro-cada-semana-y-tu-no-regresaste-de-marceline-loridan-ivens","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/2015\/12\/28\/un-libro-cada-semana-y-tu-no-regresaste-de-marceline-loridan-ivens\/","title":{"rendered":"Un libro cada semana: &#039;Y t\u00fa no regresaste&#039; de Marceline Loridan-Ivens"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2015\/12\/y-tu-no-regresaste.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-2470\" title=\"Y tu no regresaste_129X205\" src=\"\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2015\/12\/y-tu-no-regresaste.jpg\" alt=\"\" width=\"188\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2015\/12\/y-tu-no-regresaste.jpg 320w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2015\/12\/y-tu-no-regresaste-188x300.jpg 188w\" sizes=\"(max-width: 188px) 100vw, 188px\" \/><\/a>Dos <strong>escenas de este libro son especialmente estremecedoras<\/strong>: la primera, cuando la autora cuenta c\u00f3mo <strong>estando en Auschwitz se cruz\u00f3 con su padre<\/strong> una ma\u00f1ana, mientras iba con su grupo camino del trabajo que ten\u00edan encomendado en el campo. El hombre formaba parte de otra brigada radicada en Auschwitz 1 mientras la muchacha, apenas una adolescente, estaba en Birkenau. Pese a que estaba prohibido cualquier contacto, ambos rompieron la fila para abrazarse. Fue la \u00faltima vez que se vieron. <strong>Salomon Rozenberg, el padre, no sobrevivi\u00f3 a aquella carnicer\u00eda<\/strong>. La muchacha fue trasladada a un campo menos duro y vivi\u00f3 para contarlo. Vive a\u00fan. Se llama Marcelina Loridan-Ivens (ha adoptado los apellidos de sus dos maridos) y es conocida por su trabajo como cineasta y escritora.<br \/>\n<em>Y t\u00fa no regresaste<\/em> est\u00e1 escrito en forma de carta dirigida al padre. \u00c9l le anunci\u00f3 que ella regresar\u00eda del infierno y de ah\u00ed el t\u00edtulo del libro, que es <strong>un muy doloroso documento<\/strong> de una sinceridad que apabulla al lector. Instalada ya en la ancianidad, sin miedo a la muerte, la autora cuenta lo que pas\u00f3 en Auschwitz, y tambi\u00e9n su incapacidad posterior para adaptarse a la vida normal. Porque lo que escribe es <strong>el relato de un complejo de culpa: la culpa por no haber muerto<\/strong>, por sobrevivir a la tragedia y volver al mundo de los vivos.<br \/>\nAh\u00ed est\u00e1 la segunda escena estremecedora: al llegar al Par\u00eds liberado, Marceline fue trasladada al hotel Lutecia, que hab\u00eda sido el cuartel general de los alemanes y en ese momento era el centro de acogida de los supervivientes. All\u00ed estuvo compartiendo habitaci\u00f3n con otra exprisionera y ambas <strong>dorm\u00edan en el suelo porque era lo que sus cuerpos aceptaban<\/strong>. Y as\u00ed ha sido durante mucho tiempo. Incluso hoy, otra exprisionera ilustre, Simone Veil, compa\u00f1era de Loridan-Ivens, mantiene <strong>la costumbre de llevarse cucharas y cucharillas de algunos restaurantes y caf\u00e9s. No lo puede evitar<\/strong>. Durante su estancia en el campo perder la cuchara era un drama. Algo as\u00ed no se supera nunca. Y la autora de este libro breve pero de una intensidad enorme lo cuenta. Una lectura necesaria porque se trata de evitar a toda costa que olvidemos lo que pas\u00f3 en el coraz\u00f3n de la Europa civilizada hace no tantos a\u00f1os.<\/p>\n<p><em>(Publicado en elcorreo.com)<\/em><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dos escenas de este libro son especialmente estremecedoras: la primera, cuando la autora cuenta c\u00f3mo estando en Auschwitz se cruz\u00f3 con su padre una ma\u00f1ana, mientras iba con su grupo camino del trabajo que ten\u00edan encomendado en el campo. 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