{"id":2374,"date":"2015-07-08T17:09:34","date_gmt":"2015-07-08T15:09:34","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/?p=2374"},"modified":"2015-07-08T17:09:34","modified_gmt":"2015-07-08T15:09:34","slug":"asesinen-a-ese-musico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/2015\/07\/08\/asesinen-a-ese-musico\/","title":{"rendered":"Asesinen a ese m\u00fasico"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00bfQui\u00e9n puede querer asesinar a un m\u00fasico?<\/strong> A un m\u00fasico bueno, se entiende, no a un perpetrador de serenatas nocturnas de esas con las que se pretende requerir de amores a una mujer que saldr\u00e1 corriendo en cuanto perciba las disonancias interpretativas. Un m\u00fasico, un creador de belleza inasible, el artista que ha puesto la banda sonora de nuestras vidas&#8230; Pues s\u00ed, hay quien quiere matar a un compositor. No piensen en campos de concentraci\u00f3n o gulags: all\u00ed murieron compositores, escritores, fontaneros, abogados, torneros y administradores de fincas. No se trata de eso: hablamos de <strong>asesinatos a personas concretas<\/strong>, no masacres de grupos por raz\u00f3n de su etnia, su ideolog\u00eda pol\u00edtica o el capricho del dictador de turno. Hablamos de coger un pu\u00f1al y clavarlo en el pecho de un compositor concreto, autor de unas obras que est\u00e1n ah\u00ed. O de encargar a unos sicarios que terminen con la vida de esa persona a cambio de una bolsa de monedas. Tampoco muchas, que la vida de un m\u00fasico nunca ha valido demasiado, y en el barroco menos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La Historia de la M\u00fasica registra los <strong>asesinatos de dos grandes compositores<\/strong>, muy conocidos en su tiempo aunque hoy un tanto olvidados salvo para los aficionados m\u00e1s expertos. Dos <strong>casos distintos pero unidos por elementos comunes: su pertenencia a la misma corriente compositiva y la novela<\/strong> que se puede construir alrededor de la muerte de ambos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El primero de esos asesinatos fue el de <strong>Alessandro Stradella<\/strong>. Es sabido que Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez se inspir\u00f3 en una <a href=\"http:\/\/www.elheraldo.co\/local\/soy-el-unico-personaje-de-garcia-marquez-que-aun-vive-miguel-reyes-palencia-149875\" target=\"_blank\" rel=\"external nofollow\">historia real<\/a>, ocurrida en su pa\u00eds, para escribir la novela <em>Cr\u00f3nica de una muerte anunciada<\/em>. Pero el t\u00edtulo sirve a la perfecci\u00f3n para contar <strong>lo sucedido con Stradella. Dicho de otra forma: ofendi\u00f3, estaf\u00f3, enga\u00f1\u00f3 y humill\u00f3 a tantos poderosos<\/strong> de su tiempo que ten\u00eda que saber que alguno de ellos se tomar\u00eda cumplida venganza.<\/p>\n<p>Stradella lo ten\u00eda todo para haber vivido sin trabajar, dedic\u00e1ndose a la m\u00fasica como un diletante, sin crearse problemas. Nacido en Nepi, en el seno de una familia aristocr\u00e1tica, estudi\u00f3 en Bolonia y no hab\u00eda cumplido a\u00fan los 20 a\u00f1os cuando recibi\u00f3 un encargo de la reina Cristina de Suecia. <strong>Se sabe que tocaba el la\u00fad y el viol\u00edn y que escrib\u00eda versos galantes en lat\u00edn<\/strong>. Sumen esas habilidades a su fortuna y sus deseos de aventura y tendr\u00e1n el retrato robot de un seductor de vida azarosa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La vida azarosa cuando se tienen gustos refinados es cara, y a Stradella pronto se le acabaron las reservas. As\u00ed que, <strong>entre cantata y cantata, se le ocurri\u00f3 estafar al Vaticano<\/strong> en compa\u00f1\u00eda de dos amigos. Es conocido que los Papas han dispuesto siempre de magn\u00edficos servicios de informaci\u00f3n, de manera que Stradella fracas\u00f3 en esa aventura y tuvo que dejar Roma durante una temporada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para entonces, su <strong>curr\u00edculum amoroso era ya tan extenso como el cat\u00e1logo de sus obras<\/strong>. En el mismo, <strong>figuraban cantantes<\/strong> de los grupos que interpretaban sus piezas, <strong>criadas, j\u00f3venes doncellas y esposas de ricos arist\u00f3cratas<\/strong> de varias ciudades italianas. En muchos casos, esas relaciones le supusieron la inquina de maridos enga\u00f1ados, padres ofendidos y hermanos con un estricto sentido del honor familiar. Podr\u00edan haber formado un peque\u00f1o ej\u00e9rcito con un solo enemigo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1677 encontramos a Stradella en Venecia, amparado en la larga sombra art\u00edstica de Monteverdi. Un noble, quiz\u00e1 desinformado sobre el car\u00e1cter de la persona que estaba metiendo en su palacio, lo contrat\u00f3 para que impartiera <strong>clase de m\u00fasica a su joven esposa<\/strong>. Seguro que lo han imaginado. Estaban todav\u00eda en las primeras lecciones y la joven y el compositor ya eran amantes. La muchacha se enamor\u00f3 de verdad del m\u00fasico, tanto como para aceptar marchar con \u00e9l a Tur\u00edn. La salida fue apresurada porque el arist\u00f3crata hab\u00eda descubierto lo que pasaba en casa y prometi\u00f3 matar al compositor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No era una promesa vana. Unos sicarios siguieron a la pareja hasta Tur\u00edn y solo la ayuda del regente impidi\u00f3, en un par de ocasiones, que consiguieran su objetivo. Stradella fue entonces<strong> consciente de que se hab\u00eda salvado casi de milagro<\/strong>, as\u00ed que abandon\u00f3 a la mujer y se instal\u00f3 en G\u00e9nova. Durante tres a\u00f1os, se dedic\u00f3 a trabajar. Compuso oratorios y serenatas, asisti\u00f3 a la representaci\u00f3n de alguna de sus \u00f3peras y por supuesto persigui\u00f3 a mujeres de toda condici\u00f3n&#8230; pero sin maridos celosos. Hasta que un d\u00eda conoci\u00f3 a una joven de la familia Lomellini, una de las m\u00e1s ricas e influyentes de la ciudad. El m\u00fasico baj\u00f3 la guardia y se enred\u00f3 con ella en otra historia de alto riesgo. Esta vez no hubo regente que lo salvara. Los Lomellini contrataron a un <strong>antiguo soldado que lo apu\u00f1al\u00f3 hasta darle muerte<\/strong> cuando cruzaba la plaza Bianchi. Ten\u00eda 42 a\u00f1os. Su historia da tanto juego que se han escrito varias \u00f3peras y alguna novela sobre la misma. Ninguna ha gozado de un \u00e9xito equiparable al de\u00a0 su m\u00fasica en el tiempo que fue estrenada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La historia de <strong>Jean-Marie Leclair<\/strong> es m\u00e1s sencilla pero contiene una dosis mayor de misterio porque <strong>no se conoce qui\u00e9n lo mat\u00f3<\/strong>. Su vida da menos juego para una novela aunque este compositor franc\u00e9s nacido en Lyon en 1697 (quince a\u00f1os despu\u00e9s del asesinato de Stradella)<strong> ten\u00eda un padre con un extra\u00f1o sentido del humor<\/strong>. Tanto que puso a dos de sus hijos varones el mismo nombre: Jean-Marie. Para m\u00e1s confusi\u00f3n, el otro Jean-Marie tambi\u00e9n fue m\u00fasico, de manera que en Francia, donde son m\u00e1s conocidos, se habla del <em>joven<\/em> y el <em>viejo<\/em> Leclair.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El que protagoniz\u00f3 un crimen sin resoluci\u00f3n fue el viejo. En realidad, hasta el d\u00eda anterior a su muerte no hay nada especial en su biograf\u00eda. Nada diferente de lo vivido por cualquier otro compositor de su tiempo: estudios en Italia, violinista y profesor de \u00e9xito, algunos trabajos para nobles y reyes (entre ellos, Luis XV) y viajes por toda Europa (incluida Madrid, donde atendi\u00f3 encargos del infante don Felipe). Los historiadores de la m\u00fasica creen que <strong>la mayor parte de su obra la escribi\u00f3 en un per\u00edodo de tiempo relativamente corto<\/strong>, pero la fue publicando poco a poco.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Casado en 1716, a los 19 a\u00f1os, con una bailarina, enviud\u00f3 en 1728. Contrajo matrimonio de nuevo, y en 1764, el a\u00f1o de su muerte, estaba divorciado. En ese momento, Leclair <strong>viv\u00eda en un barrio parisino donde la criminalidad era notable<\/strong>. Una noche, el compositor estuvo jugando al billar con un amigo. Fue la \u00faltima persona que lo vio con vida. Por la ma\u00f1ana, el jardinero se sorprendi\u00f3 al hallar el sombrero del m\u00fasico entre las flores.<strong> Leclair estaba tirado en el vest\u00edbulo de la casa, muerto<\/strong> en medio de un charco de sangre. Hab\u00eda sido apu\u00f1alado. La Polic\u00eda <strong>sospech\u00f3 de tres personas: el jardinero<\/strong> (cualquier seguidor de series policiales sabe que quien descubre un crimen es siempre el primer candidato a autor del mismo); <strong>su exmujer<\/strong>, que era tambi\u00e9n la editora de sus partituras, y <strong>un sobrino<\/strong> con quien ten\u00eda una mala relaci\u00f3n. Nunca pudieron pasar de las sospechas y nadie fue acusado del crimen.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y ahora, preg\u00fantense de nuevo: <strong>\u00bfqui\u00e9n puede querer matar a un m\u00fasico?<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>(Publicado en elcorreo.com)<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfQui\u00e9n puede querer asesinar a un m\u00fasico? A un m\u00fasico bueno, se entiende, no a un perpetrador de serenatas nocturnas de esas con las que se pretende requerir de amores a una mujer que saldr\u00e1 corriendo en cuanto perciba las disonancias interpretativas. 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