{"id":2186,"date":"2014-12-08T14:35:50","date_gmt":"2014-12-08T12:35:50","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/?p=2186"},"modified":"2014-12-08T14:35:50","modified_gmt":"2014-12-08T12:35:50","slug":"un-libro-cada-semana-como-la-sombra-que-se-va-de-antonio-munoz-molina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/2014\/12\/08\/un-libro-cada-semana-como-la-sombra-que-se-va-de-antonio-munoz-molina\/","title":{"rendered":"Un libro cada semana: &#039;Como la sombra que se va&#039; de Antonio Mu\u00f1oz Molina"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/12\/como-la-sombra-que-se-va.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-2187\" title=\"como la sombra que se va\" src=\"\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/12\/como-la-sombra-que-se-va.jpg\" alt=\"\" width=\"182\" height=\"300\" \/><\/a>Durante su huida, tras haber asesinado a Martin Luther King, James Earl Ray <strong>pas\u00f3 diez d\u00edas en Lisboa<\/strong>. Esa estancia, lo que Ray hizo, ese tiempo tenso y mon\u00f3tono a la espera de una salida hacia alg\u00fan pa\u00eds africano en guerra o hacia casi cualquier sitio que le permitiera seguir huyendo, articula la \u00faltima novela de Antonio Mu\u00f1oz Molina. Pero, junto a eso, <strong>se desarrolla una historia paralela protagonizada por otro personaje que no escapa de la Polic\u00eda, pero s\u00ed de una vida que no le llena y a la que no encuentra demasiado sentido<\/strong>. Ese personaje es el autor, que estuvo en la capital portuguesa veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde, buscando los escenarios en los que ambientar la novela que en ese momento ten\u00eda entre manos y que habr\u00eda de suponer su salto a la fama literaria: <em>El invierno en Lisboa<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Esta historia de dos escapadas se desarrolla de forma paralela<\/strong>, con planteamientos narrativos distintos. En los cap\u00edtulos centrados en la figura de Ray \u2013como en el \u00fanico en el que aborda los \u00faltimos d\u00edas de Luther King, que tambi\u00e9n quer\u00eda huir del callej\u00f3n sin salida de su propia existencia\u2013, el autor escribe en tercera persona y narra con detalle de cronista cuanto hizo el asesino, con continuos <em>flash backs<\/em> que dan cuenta de su terrible infancia y el sinsentido de toda su vida. En los que narra su experiencia como escritor y los a\u00f1os dif\u00edciles en los que su matrimonio se resquebrajaba de manera imparable, relata en primera persona, lo que aumenta el tono de confesi\u00f3n \u00edntima.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Mu\u00f1oz Molina recupera escenarios, pasea por los lugares por los que Ray camin\u00f3 con la pistola en el bolsillo, habla con algunos testigos de su estancia en la ciudad, repasa documentos del FB<\/strong>I y <em>rellena<\/em> los huecos con una ficci\u00f3n veros\u00edmil. Con tener inter\u00e9s el personaje y su estancia en Lisboa, es la otra trama, la personal del autor, la que m\u00e1s engancha al lector. El escritor jienense se muestra en esos a\u00f1os cruciales y desvela sus dudas, sus errores y algunos episodios no demasiado memorables que ahora recuerda con un indisimulado tono de autorreproche. A veces, las batallas m\u00e1s cruentas son las que tienen lugar en el interior de uno mismo.<\/p>\n<p><em>(Publicado en elcorreo.com)<\/em><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante su huida, tras haber asesinado a Martin Luther King, James Earl Ray pas\u00f3 diez d\u00edas en Lisboa. Esa estancia, lo que Ray hizo, ese tiempo tenso y mon\u00f3tono a la espera de una salida hacia alg\u00fan pa\u00eds africano en guerra o hacia casi cualquier sitio que le permitiera seguir huyendo, articula la \u00faltima novela [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5,10],"tags":[1235,1438,1558],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2186"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2186"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2186\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2186"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2186"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2186"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}