{"id":1903,"date":"2014-03-03T17:41:47","date_gmt":"2014-03-03T15:41:47","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/?p=1903"},"modified":"2014-03-03T17:41:47","modified_gmt":"2014-03-03T15:41:47","slug":"un-libro-cada-semana-el-arca-del-agua-de-e-l-doctorow","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/2014\/03\/03\/un-libro-cada-semana-el-arca-del-agua-de-e-l-doctorow\/","title":{"rendered":"Un libro cada semana: &#039;El arca del agua&#039; de E.L. Doctorow"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/03\/El_Arca_Del_Agua-E_L_Doctorow.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1904\" title=\"El_Arca_Del_Agua-E_L_Doctorow\" src=\"\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/03\/El_Arca_Del_Agua-E_L_Doctorow.jpg\" alt=\"\" width=\"200\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/03\/El_Arca_Del_Agua-E_L_Doctorow.jpg 1100w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/03\/El_Arca_Del_Agua-E_L_Doctorow-200x300.jpg 200w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/03\/El_Arca_Del_Agua-E_L_Doctorow-768x1152.jpg 768w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2014\/03\/El_Arca_Del_Agua-E_L_Doctorow-683x1024.jpg 683w\" sizes=\"(max-width: 200px) 100vw, 200px\" \/><\/a>Desde hace a\u00f1os, <strong>E. L. Doctorow aparece en todas las apuestas del Nobel de Literatura<\/strong>. En un lugar no destacado sino m\u00e1s bien en los puestos discretos que suelen ocupar los ganadores hasta apenas unas horas antes de que Peter Englund, el secretario permanente de la Academia sueca, abra la puerta de su despacho y pronuncie un nombre.<\/p>\n<p><em>El arca del agua<\/em> es una historia de Nueva York. Una historia fundacional, puesto que <strong>est\u00e1 ambientada en la parte final del siglo XIX<\/strong>, cuando tras la Guerra de Secesi\u00f3n la ciudad est\u00e1 sentando las bases de la urbe prodigiosa que pronto llegar\u00e1 a ser. Es ah\u00ed donde transcurre la acci\u00f3n, que parte del momento en que un joven periodista ve pasar una comitiva en la que va su padre. Su padre, que ha hecho una gran fortuna con negocios m\u00e1s que turbios, burlando las leyes y ajeno a cualquier consideraci\u00f3n no ya \u00e9tica sino sencillamente humana. Pero el problema mayor no es ese, sino que el progenitor del joven cronista ha muerto tiempo atr\u00e1s. O eso cree su hijo.<\/p>\n<p>El muchacho se ha convertido en la ant\u00edtesis de lo que su padre pretend\u00eda que fuera. Ya en las primeras p\u00e1ginas del libro, el editor para el que trabaja lo describe como un tipo h\u00e1bil para las noticias, algo que el jefe aprecia en su justa medida porque \u00e9l mismo es un observador sagaz de la sociedad poli\u00e9drica en la que vive y de la que se alimenta su peri\u00f3dico. <strong>El joven desaparece tras su padre y el editor debe resolver el misterio<\/strong> en el reverso de la ciudad, en el submundo que se oculta tras el frenes\u00ed constructor de una urbe en la que casi cada d\u00eda hay una gran novedad: una l\u00ednea de ferrocarril, una f\u00e1brica, la red de gas, un peri\u00f3dico nuevo, la llegada masiva de inmigrantes desde la vieja y gastada Europa, la formaci\u00f3n de bandas, la proliferaci\u00f3n de buscavidas de toda condici\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Doctorow narra con un estilo cl\u00e1sico y poderoso que evoca a los grandes del g\u00e9nero<\/strong>. No es extra\u00f1o. \u00c9l lo es. Un aut\u00e9ntico cl\u00e1sico vivo.<\/p>\n<p><em>(Publicado en elcorreo.com)<\/em><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde hace a\u00f1os, E. L. Doctorow aparece en todas las apuestas del Nobel de Literatura. En un lugar no destacado sino m\u00e1s bien en los puestos discretos que suelen ocupar los ganadores hasta apenas unas horas antes de que Peter Englund, el secretario permanente de la Academia sueca, abra la puerta de su despacho y [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[5,10],"tags":[471,1754,1780],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1903"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1903"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1903\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1903"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1903"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1903"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}