{"id":1636,"date":"2013-04-04T20:46:28","date_gmt":"2013-04-04T18:46:28","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/?p=1636"},"modified":"2013-04-04T20:46:28","modified_gmt":"2013-04-04T18:46:28","slug":"el-derroche-considerado-como-una-de-las-bellas-artes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/2013\/04\/04\/el-derroche-considerado-como-una-de-las-bellas-artes\/","title":{"rendered":"El derroche considerado como una de las bellas artes"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/04\/XII_Duque-de-Osuna.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1637\" title=\"XII_Duque-de-Osuna\" src=\"\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/04\/XII_Duque-de-Osuna.jpg\" alt=\"\" width=\"205\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/04\/XII_Duque-de-Osuna.jpg 274w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/04\/XII_Duque-de-Osuna-206x300.jpg 206w\" sizes=\"(max-width: 205px) 100vw, 205px\" \/><\/a>Mariano T\u00e9llez-Gir\u00f3n y Beaufort Spontin, XII duque de Osuna, nacido en Madrid, tiene en su haber, con completa seguridad, <strong>un r\u00e9cord que no est\u00e1 al alcance de cualquiera<\/strong>: pulir en 37 a\u00f1os una fortuna gigantesca y dejar tras de s\u00ed una deuda que multiplicaba varias veces la herencia que recibi\u00f3 en la juventud. Hay que tener arte incluso a la hora de derrochar. Y Mariano T\u00e9llez-Gir\u00f3n (1814-1882) lo ten\u00eda. Tanto que su vida es pura leyenda.<\/p>\n<p>En realidad, \u00e9l no estaba llamado a heredar una gran fortuna ni una acumulaci\u00f3n obscena de t\u00edtulos nobiliarios. Pero la muerte con poco tiempo de diferencia de su padre y su hermano mayor hizo que a los 30 a\u00f1os se encontrara con catorce grandezas de Espa\u00f1a, cuatro principados, medio centenar largo de t\u00edtulos de nobleza y una renta anual fabulosa.<\/p>\n<p><strong>La lista de sus t\u00edtulos es tan larga que resulta aburrida<\/strong>, pero conviene destacar algunos. Los ducados: Osuna, Infantado, Gand\u00eda, B\u00e9jar, Benavente, Pastrana, Plasencia, Lerma&#8230; Los marquesados: \u00c9boli, Santillana, Pe\u00f1afiel, Zahara, Monteagudo, Nules, Almenara y unos cuantos m\u00e1s. Condados: Oliva, Bail\u00e9n, Casares, Mayorga, Reino de Valencia. Luego viene la calderilla nobiliaria: almirante de Castilla, notario mayor, justicier del Reino de N\u00e1poles, Se\u00f1or de Villasandino, Ponce de Le\u00f3n, Cisneros, etc.<\/p>\n<p>La biograf\u00eda de T\u00e9llez-Gir\u00f3n lo presenta como un tipo atractivo, buen diplom\u00e1tico \u2013se dedic\u00f3 a ello la mayor parte de su vida\u2013 aunque fuera a base de despliegues de simpat\u00eda y regalos, generoso con reyes y criados, pero incapaz de hacer el menor c\u00e1lculo sobre sus gastos y su patrimonio. Es m\u00e1s, <strong>ten\u00eda una aversi\u00f3n absoluta no ya al ahorro sino tan siquiera hacia el menor recorte del disparatado tren de vida que mantuvo cada uno de los d\u00edas de su existencia<\/strong>. Imposible imaginarlo en momentos como el presente.<\/p>\n<p>Su patrimonio era gigantesco. Se dec\u00eda de \u00e9l que <strong>podr\u00eda haber recorrido media pen\u00ednsula sin salir de sus tierras<\/strong>. Pero no solo eso: <strong>pod\u00eda ir de Madrid a Rusia y hacer noche siempre en una casa de su propiedad<\/strong>. Una casa donde <strong>tendr\u00eda preparada cama y comida<\/strong>, porque pronto dio orden de que todos los d\u00edas del a\u00f1o sus palacios estuvieran en funcionamiento como si \u00e9l fuera a residir en ellos. Daba igual que se tratara del tiempo de su cargo de embajador en San Petersburgo: todas sus casas en Espa\u00f1a y Europa deb\u00edan estar abiertas, la comida caliente y la cama lista. En Madrid, lleg\u00f3 al extremo de ordenar que <strong>en la estaci\u00f3n de tren estuviese siempre su carruaje esper\u00e1ndolo<\/strong>, por si se le ocurr\u00eda llegar en cualquier momento. Y como ten\u00eda un tren privado sus criados no se pod\u00edan fiar de los horarios del servicio regular.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de sus palacios y las fincas, <strong>ten\u00eda una fabulosa biblioteca de 60.000 vol\u00famenes<\/strong> que a su muerte fue a engrosar los fondos de la Nacional.<\/p>\n<p>Su generosidad era c\u00e9lebre ya en sus primeros a\u00f1os como titular del ducado. Se dice que repart\u00eda tarjetas de visita por todo Madrid y los destinatarios pod\u00edan presentarse de improviso en cualquiera de sus dos palacios para comer, alojarse, montar a caballo o pasar la tarde, incluso aunque \u00e9l no estuviera en casa. Sus criados eran los mejor pagados del pa\u00eds y repart\u00eda propinas con enorme prodigalidad. Incluso <strong>mand\u00f3 construir un hospital para atender a sus sirvientes enfermos y ancianos<\/strong>. Y si no paraba en gastos, tampoco era de quienes reclamaban los mayores honorarios. M\u00e1s bien lo contrario: mientras estuvo al servicio de la Corona <strong>como embajador, se neg\u00f3 a cobrar por ello<\/strong>. A\u00fan m\u00e1s: las legendarias fiestas que organiz\u00f3 en las embajadas corr\u00edan de su cuenta.<\/p>\n<p>\u00a0Su celebridad internacional comenz\u00f3 en 1852, cuando represent\u00f3 a la reina en el funeral de Wellington. Pero fue durante su estancia en San Petersburgo cuando su capacidad para el derroche alcanz\u00f3 el delirio. Entre lo que se cuenta puede haber no poca fantas\u00eda, pero muchos episodios est\u00e1n narrados por un cronista de excepci\u00f3n: el escritor Juan Valera, que dej\u00f3 testimonio de todo en sus c\u00e9lebres <em>Cartas desde Rusia<\/em>.<\/p>\n<p>Ya se ha dicho que dispon\u00eda de un tren propio. Pues bien, estando en Rusia dio la orden de que ese tren uniera de forma continua la capital de los zares y Madrid. En el mismo viajaban varios emisarios que, adem\u00e1s de informarle de cuanto pasaba en Espa\u00f1a, le atend\u00edan en sus numerosos encargos. Numerosos, variados y continuos. Un ejemplo: el duque de Osuna ten\u00eda por costumbre regalar rosas blancas a las mujeres que le gustaban. Y no eran pocas, as\u00ed que el tren llevaba siempre un importante cargamento de flores.<\/p>\n<p>En una ocasi\u00f3n, durante una cena, algunas damas probaron unas naranjas que hab\u00eda hecho llevar desde Valencia y alabaron su sabor. El duque les habl\u00f3 entonces del \u00e1rbol que las produce y de las flores de azahar. Como quiera que las mujeres se interesaron por la planta, <strong>hizo llevar varias decenas de \u00e1rboles<\/strong> que recorrieron en tren el continente para llegar hasta orillas del B\u00e1ltico.<\/p>\n<p><strong>Sus fiestas eran una apolog\u00eda del exceso<\/strong>. En una ocasi\u00f3n, uno de los invitados coment\u00f3 ante una copa de champ\u00e1n que hac\u00eda tiempo que en su casa no lo probaban. Ni corto ni perezoso, el duque lo atiborr\u00f3 de espumoso y en un alarde de chuler\u00eda dif\u00edcil de igualar orden\u00f3 que llenaran unos cubos y se los dieran de beber a los caballos de su visitante. <strong>Hasta los animales ten\u00edan derecho a disfrutar de su bodega<\/strong>.<\/p>\n<p>En las ocasiones verdaderamente especiales, T\u00e9llez-Gir\u00f3n echaba el resto. Es dif\u00edcil imaginar de qu\u00e9 manera, pero puede bastar un dato: una vez <strong>sirvi\u00f3 la cena en platos de oro, y a medida que se vaciaban ordenaba que se arrojaran al Neva<\/strong> por las ventanas. No extra\u00f1a que Alejandro II, zar de todas las Rusias, desde la frontera con Polonia hasta el oc\u00e9ano Pac\u00edfico, tuviera que reconocer que sus fiestas eran mucho mejores que las que \u00e9l mismo organizaba en sus palacios.<\/p>\n<p>Pero no era cuesti\u00f3n solo de fiestas. El autor de <em>Pepita Jim\u00e9nez<\/em> cuenta que el duque de Osuna <strong>nunca se puso una ropa que no estrenara en ese momento<\/strong>, y en sus cr\u00f3nicas relata que hab\u00eda d\u00edas que se cambiaba m\u00e1s de seis veces de indumentaria. Ese gusto por la moda lo hab\u00eda desarrollado ya en sus a\u00f1os madrile\u00f1os. En una ocasi\u00f3n, uno de sus visitantes llevaba una corbata que le gust\u00f3 mucho. Como \u00e9ste le dijo que la hab\u00eda comprado en Par\u00eds, orden\u00f3 que uno de sus lacayos viajara de inmediato a la capital francesa en su propio tren para adquirirle una igual.<\/p>\n<p>En Rusia compraba pieles car\u00edsimas para sus abrigos y los de quienes estaban a su servicio. Durante su estancia, se puso de moda una piel de una variedad de zorro hasta entonces desconocida de la que se hab\u00edan descubierto unos pocos ejemplares en una zona de Siberia. El zar organiz\u00f3 una expedici\u00f3n para cazar unos cuantos animales. Sin embargo, los abatidos fueron tan pocos que sus pieles apenas dieron para una peque\u00f1a capa para la zarina. Osuna, bueno era \u00e9l, <strong>financi\u00f3 su propio grupo de cazadores, que capturaron tantos animales que se pudieron hacer dos hermosos abrigos&#8230; que regal\u00f3 a sus criados<\/strong>.<\/p>\n<p>El conde Orloff, uno de los arist\u00f3cratas favoritos del zar, le dio la oportunidad de hacer otro de sus alardes. Ten\u00eda una magn\u00edfica cuadra de caballos y el duque se empe\u00f1\u00f3 en comprarle el mejor de todos ellos, a lo que el ruso se opuso con insistencia. Finalmente, lo compr\u00f3 a un precio disparatado. El animal consumi\u00f3 sus d\u00edas dedicado a empujar la peque\u00f1a noria que adornaba su jard\u00edn. Mientras, los caballos de raza espa\u00f1ola que Osuna se hab\u00eda llevado a Rusia llevaban <strong>herraduras de una aleaci\u00f3n de plata.<\/strong><\/p>\n<p>Se cuenta tambi\u00e9n que, en una ocasi\u00f3n, durante una cena en su casa, a una dama se le cay\u00f3 uno de los pendientes bajo los manteles, y el propio duque <strong>prendi\u00f3 fuego a un fajo de billetes de rublo<\/strong> para iluminarse durante la b\u00fasqueda. Su despedida de la embajada, doce a\u00f1os despu\u00e9s de su llegada, debi\u00f3 de ser un acontecimiento luctuoso.<\/p>\n<p>Fantas\u00eda o no, que de todo habr\u00e1, lo cierto es que cuando ya pr\u00f3ximo a la vejez el duque contrajo matrimonio con una noble centroeuropea, su fortuna hab\u00eda menguado de forma extraordinaria. Incluso pod\u00eda decirse que hab\u00eda empezado a vivir a cr\u00e9dito, y su situaci\u00f3n no hizo m\u00e1s que empeorar porque <strong>su joven esposa demostr\u00f3 una capacidad similar para gastar dinero<\/strong>. Cuando muri\u00f3 en su castillo de Beauraing (B\u00e9lgica), a la edad de 67 a\u00f1os, estaba en la ruina. \u00c9l lo sab\u00eda, porque sus administradores llevaban tiempo advirti\u00e9ndoselo. Pero <strong>se neg\u00f3 a cambiar de estilo de vida<\/strong>. Todav\u00eda un a\u00f1o antes de su fallecimiento, hab\u00eda acudido a la boda del futuro kaiser Guillermo II en representaci\u00f3n del Rey de Espa\u00f1a, y su regalo fue tan generoso que hasta el padre del novio qued\u00f3 impresionado.<\/p>\n<p>Su esposa orden\u00f3 construir un f\u00e9retro en el que estuvieran inscritos todos sus t\u00edtulos nobiliarios. M\u00e1s de 2.000 palabras en total. El artesano no cobr\u00f3 nunca por su trabajo. En la caja del ducado de Osuna no hab\u00eda ni un real. \u00ab\u00a1Ni que fueras Osuna!\u00bb, se dijo en Madrid durante muchos a\u00f1os para dirigirse a alguien que pensaba gastar una buena suma de dinero. Pocas veces una frase habr\u00e1 hecho tanta justicia a un personaje.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>(Publicado en elcorreo.com)<\/em><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mariano T\u00e9llez-Gir\u00f3n y Beaufort Spontin, XII duque de Osuna, nacido en Madrid, tiene en su haber, con completa seguridad, un r\u00e9cord que no est\u00e1 al alcance de cualquiera: pulir en 37 a\u00f1os una fortuna gigantesca y dejar tras de s\u00ed una deuda que multiplicaba varias veces la herencia que recibi\u00f3 en la juventud. 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