{"id":1600,"date":"2013-02-26T22:10:08","date_gmt":"2013-02-26T20:10:08","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/?p=1600"},"modified":"2013-02-26T22:10:08","modified_gmt":"2013-02-26T20:10:08","slug":"el-infierno-de-leningrado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/2013\/02\/26\/el-infierno-de-leningrado\/","title":{"rendered":"El infierno de Leningrado"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/02\/leningrad-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1601\" title=\"leningrad 2\" src=\"\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/02\/leningrad-2.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"191\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/02\/leningrad-2.jpg 909w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/02\/leningrad-2-300x191.jpg 300w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/wp-content\/uploads\/sites\/3\/2013\/02\/leningrad-2-768x489.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>En diciembre de 1941, Tanya S\u00e1vicheva, una ni\u00f1a de once a\u00f1os que viv\u00eda en Leningrado (actual San Petersburgo), empez\u00f3 un diario. Cuando muri\u00f3, en 1944, apenas hab\u00eda escrito unas docenas de palabras repartidas en nueve hojas. Estas eran sus anotaciones: \u00ab 1) Zhenia muri\u00f3 el 28 de diciembre de 1941, a las 12.30 horas. 2) La abuelita muri\u00f3 el 25 de enero de 1942, a las 3:00 p.m. 3) Leka muri\u00f3 el 17 de marzo de 1942, a las 5.00 a.m. 4) El t\u00edo Vasia muri\u00f3 el 13 de abril de 1942, dos horas despu\u00e9s de la medianoche. 5) El t\u00edo Lesha, el 10 de mayo de 1942 a las 4.00 p.m. 6) La mam\u00e1, el 13 de mayo de 1942 a las 7.30 a.m. 7) Los S\u00e1vichev murieron. 8)Murieron todos. 9) Solo qued\u00f3 Tanya\u00bb.<br \/>\nEl diario de Tanya S\u00e1vicheva, que recoge la desaparici\u00f3n de sus familiares m\u00e1s pr\u00f3ximos \u2013el padre hab\u00eda muerto tiempo atr\u00e1s\u2013 no fue publicado nunca pero se us\u00f3 como prueba en el juicio de N\u00faremberg. Y estos d\u00edas que se conmemora el 70 aniversario de la batalla de Stalingrado que con sus casi cuatro millones de muertos es la m\u00e1s sangrienta de la historia de la humanidad, conviene recordar tambi\u00e9n el infierno de Leningrado. Porque en la hermosa capital de los zares muri\u00f3 m\u00e1s de un mill\u00f3n de personas. La inmensa mayor\u00eda, como la familia de Tanya, no por las bombas sino por hambre y fr\u00edo. Lo que all\u00ed pas\u00f3 durante casi 900 d\u00edas fue tan terrible que resultar\u00eda inveros\u00edmil si no estuviera documentado. Aunque el Gobierno sovi\u00e9tico tuvo buen cuidado en ocultar al mundo durante d\u00e9cadas los aspectos menos heroicos.<br \/>\nEl sitio de Leningrado comenz\u00f3 el 8 de septiembre de 1941, poco despu\u00e9s de la invasi\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica por Alemania. La intenci\u00f3n inicial de los atacantes era destruir la ciudad, s\u00edmbolo de la Revoluci\u00f3n de Octubre pese a que ya no ten\u00eda el rango de capital. Pero cuando apenas se hab\u00edan iniciado los bombardeos, Hitler cambi\u00f3 la estrategia. Leningrado perecer\u00eda por hambre. Con la ayuda de algunos batallones finlandeses \u2013que se aliaron a Alemania para recuperar el territorio que la URSS les hab\u00eda arrebatado en 1939\u2013 sitiaron la ciudad y se prepararon para esperar mientras la somet\u00edan a bombardeos sistem\u00e1ticos pero no de alta intensidad.<br \/>\nViv\u00edan all\u00ed en ese momento alrededor de tres millones de personas, de manera que las autoridades se vieron obligadas a poner en marcha un estricto plan de racionamiento. Las v\u00edas f\u00e9rreas, las carreteras y los pasos mar\u00edtimos estaban cortados y el aislamiento era total. El invierno se aproximaba y, poco a poco, se agotaban la le\u00f1a y el carb\u00f3n y los dep\u00f3sitos de alimentos quedaban desabastecidos o eran destruidos por las bombas. Los almacenes Badayev, donde se guardaban harina, legumbres y az\u00facar, ardieron. Entre las llamas se consumi\u00f3 la esperanza de supervivencia de decenas de miles de personas.<br \/>\nEn diciembre de 1941, el term\u00f3metro lleg\u00f3 varios d\u00edas a \u201340\u00ba y los habitantes de la ciudad se vieron obligados a dormir envueltos en la mayor cantidad de ropa que cada uno pudiera ponerse. El estricto racionamiento contemplaba una dieta de una cantidad insignificante de carne y grasa que se sumaban a 300 gramos de pan para los obreros, 250 para los empleados administrativos y 125 para ni\u00f1os y personas no activas. En cada hogar, sin calefacci\u00f3n ni luz el\u00e9ctrica, se hac\u00edan milagros para sobrevivir: todos se convirtieron en expertos cazadores de p\u00e1jaros, gatos, perros y otros animales dom\u00e9sticos. Luego continuaron con las ratas, los topos de los jardines, insectos y gusanos. Ninguna prote\u00edna era desde\u00f1able.<br \/>\nLas amas de casa hac\u00edan sopa mil veces con unos m\u00edseros huesos y la \u2018enriquec\u00edan\u2019 con la cola con la que estaban encuadernados los libros, el papel pintado de las paredes, las cortezas de los \u00e1rboles, trozos de cuero, serr\u00edn e incluso la tierra de los lugares donde antes se hab\u00edan asentado plantas envasadoras o almacenes de comida. Se pensaba, quiz\u00e1 con raz\u00f3n, que deb\u00eda quedar en ella alg\u00fan resto alimenticio. La brillantina para el pelo y la vaselina se usaban como grasa para las frituras.<br \/>\nUna de las hermanas de Tanya y su abuela hab\u00edan muerto ya cuando comenz\u00f3 una guerra psicol\u00f3gica que pretend\u00eda acabar con los \u00e1nimos de una poblaci\u00f3n sin fuerzas. Los soldados alemanes preparaban sabrosos (y olorosos) guisos al aire libre en los d\u00edas de viento, para que el aroma de la comida llegara hasta la ciudad. Los estrategas sovi\u00e9ticos respondieron a su manera. Por la megafon\u00eda instalada en las calles emit\u00edan una grabaci\u00f3n de los ruidos propios de una urbe en ebullici\u00f3n:\u00a0 el estampido de los camiones y el rugido de las f\u00e1bricas se mezclaba con m\u00fasica. Algunos testigos recuerdan que, en medio de una ciudad por la que apenas circulaban personas convertidas en espectros, se escuchaban los sones de la Sinfon\u00eda N\u00ba 5 de Shostakovich y la N\u00ba 6 de Chaikovski, tan pat\u00e9ticas ambas. Una tortura a\u00f1adida.<br \/>\nEl mercado negro, que al principio del asedio era floreciente, tambi\u00e9n languideci\u00f3. Resultaba igual tener algo que vender que carecer de todo, porque el objeto de los cambios era la comida y ya no quedaba nada. Apenas dos meses atr\u00e1s, hab\u00eda llegado a canjearse un piano por unos pocos mendrugos. Y entonces reapareci\u00f3 el fantasma de lo sucedido en Ucrania pocos a\u00f1os antes, cuando el hambre atroz ocasionada por una serie de desastrosas cosechas y las requisas de grano deriv\u00f3 en numerosos episodios de antropofagia y canibalismo.<\/p>\n<p>A partir de febrero de 1942, la situaci\u00f3n en Leningrado fue tan desesperada que muchos vencieron todas las resistencias f\u00edsicas y morales a comer carne humana. Cuando hab\u00eda alguien tan d\u00e9bil \u2013o tan enfermo, porque el tifus ocasion\u00f3 tambi\u00e9n una terrible mortandad\u2013 que no quedaba posibilidad alguna de supervivencia, cesaban los cuidados. La muerte dej\u00f3 de ser una mala noticia para los allegados del difunto. En muchos hogares donde hab\u00eda ni\u00f1os peque\u00f1os, se opt\u00f3 por dejar morir a alguno de ellos para que vivieran los hermanos y, sobre todo, los padres. La raz\u00f3n m\u00e1s poderosa era que, si los progenitores fallec\u00edan, los ni\u00f1os apenas sobrevivir\u00edan unos d\u00edas.\u00a0<br \/>\nMuchos a\u00f1os despu\u00e9s, algunos supervivientes reconocieron que la carne humana lleg\u00f3 a convertirse en el producto estrella de un renacido mercado negro. Tambi\u00e9n hubo asesinatos por un mendrugo de pan y las escenas de violencia estaban a la orden del d\u00eda, porque hab\u00eda desaprensivos, o desesperados, que quer\u00edan arrebatar a ni\u00f1os y ancianos su m\u00edsera porci\u00f3n diaria de comida.<br \/>\nLas condiciones mejoraron algo cuando los resistentes lograron abrir una v\u00eda de comunicaci\u00f3n a trav\u00e9s de la superficie del lado Ladoga, que estaba helado varios meses al a\u00f1o. Parad\u00f3jicamente, cuantos m\u00e1s mor\u00edan mejor era la situaci\u00f3n para los habitantes de la ciudad, porque aumentaban algo sus raciones. En los momentos peores del sitio, a comienzos de 1942, llegaron a fallecer alrededor de 7.000 personas al d\u00eda. El Gobierno sovi\u00e9tico hizo p\u00fablica una estimaci\u00f3n de algo m\u00e1s de 600.000 muertos durante todo el sitio, pero fuentes independientes consideran que fueron el doble.<\/p>\n<p>La vida continu\u00f3 en aquel infierno. Shostakovich compuso durante los primeros meses del asedio su Sinfon\u00eda N\u00ba 7. Adem\u00e1s, consigui\u00f3 que una copia de la partitura llegara a EE UU, donde fue estrenada por Arturo Toscanini, que era un furibundo antifascista.<br \/>\nComo si vivieran del aire, centenares de miles de ciudadanos sovi\u00e9ticos lograron sobrevivir al sitio. Cuando el 18 de enero de 1944 termin\u00f3 el asedio, la poblaci\u00f3n de la ciudad se hab\u00eda reducido a poco m\u00e1s de un mill\u00f3n de personas, porque alrededor de 600.000 hab\u00edan sido evacuados a trav\u00e9s del lado Ladoga o aprovechando \u2018grietas\u2019 en las filas alemanas.<br \/>\nTanya pudo haber sido una de las afortunadas. Formaba parte de un grupo de unos 150 ni\u00f1os que en agosto de 1943 fueron trasladados a un pueblo pr\u00f3ximo. Pero estaba enferma y extremadamente d\u00e9bil y nunca se recuper\u00f3. Muri\u00f3 en julio de 1944. Su diario se conserva en el Museo de Historia de San Petersburgo. El texto, reproducido en grandes caracteres, puede leerse tambi\u00e9n en un memorial que lleva su nombre, en un parque de la ciudad. \u00abLos S\u00e1vichev murieron. Murieron todos. Solo qued\u00f3 Tanya\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>(Publicado en elcorreo.com)<\/em><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En diciembre de 1941, Tanya S\u00e1vicheva, una ni\u00f1a de once a\u00f1os que viv\u00eda en Leningrado (actual San Petersburgo), empez\u00f3 un diario. Cuando muri\u00f3, en 1944, apenas hab\u00eda escrito unas docenas de palabras repartidas en nueve hojas. 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