{"id":1012,"date":"2011-04-18T12:29:00","date_gmt":"2011-04-18T12:29:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/?p=1011"},"modified":"2011-04-18T12:29:00","modified_gmt":"2011-04-18T12:29:00","slug":"cinco-anos-cambiaron-literatura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/divergencias\/2011\/04\/18\/cinco-anos-cambiaron-literatura\/","title":{"rendered":"Cinco a\u00f1os que cambiaron la literatura"},"content":{"rendered":"<p><IMG src=\"\/divergencias\/files\/thomas-mann-.jpg\" id=\"img_0\" class=\"imgizqda\"><br \/>\n\u00bfQu\u00e9 sucede cuando coincide en el tiempo una pl\u00e9yade de escritores y pensadores de inusual brillantez? Que durante unos pocos a\u00f1os se genera tal cantidad de obras maestras que conforman una verdadera edad de oro de la cultura. Eso fue lo que ocurri\u00f3 en el lustro transcurrido entre 1911 y 1915: la lista de t\u00edtulos imprescindibles de la literatura y el pensamiento publicados en esos a\u00f1os es tan larga y variada que puede decirse, sin lugar a dudas, que marc\u00f3 la cultura de buena parte del siglo, e incluso que su influencia llega hasta nosotros. Se cumplen cien a\u00f1os de aquellos d\u00edas en que Mann, Russell, Kafka, Joyce, Proust, Shaw, Conrad, Tzara, Freud y unos cuantos m\u00e1s, y en Espa\u00f1a la generaci\u00f3n del 98 en su conjunto, crearon sus mejores obras, esas que est\u00e1n en todos los c\u00e1nones y son lectura obligada para quien quiera conocer los mejores frutos de la creaci\u00f3n en Occidente. Cinco a\u00f1os irrepetibles que terminaron con los ca\u00f1onazos de una guerra que alguno de los miembros de esa generaci\u00f3n no pudo aguantar: George Trakl,por ejemplo, se quit\u00f3 la vida pocos meses despu\u00e9s del inicio del conflicto, incapaz de soportar tanto dolor y desvar\u00edo; y Rilke vivi\u00f3 un per\u00edodo de larga sequ\u00eda creativa. Ha pasado un siglo.<\/p>\n<p>El inicio de la d\u00e9cada estuvo acompa\u00f1ado por signos inequ\u00edvocos de que se acababa una \u00e9poca y de que la nueva nacer\u00eda, como tantas otras veces, gracias a una guerra. El mundo decimon\u00f3nico, con sus valores, se ven\u00eda abajo de forma estrepitosa. Un libro de Thomas Mann, <em>Los Buddenbrock<\/em>, publicado en 1901, ya reflejaba el fin de ese tiempo a trav\u00e9s de una saga familiar que ve c\u00f3mo sus valores entran en crisis.<\/p>\n<p>Sin embargo, la llegada de una nueva era se hizo esperar hasta la d\u00e9cada siguiente. A la altura de 1911 el mundo viv\u00eda en un equilibrio tan inestable que era evidente que algo iba a estallar. El proceso de descolonizaci\u00f3n hab\u00eda dejado perplejo a Occidente. El imperio Austro-H\u00fangaro se agotaba con la misma figura de su viejo emperador Francisco Jos\u00e9, desalentado tras el asesinato de su esposa Siss\u00ed y el suicidio nunca aclarado de su heredero, el pr\u00edncipe Rodolfo, y su novia, Maria Vetsera, en el oscuro episodio del pabell\u00f3n de caza de Mayerling. El Reino Unido ten\u00eda que soportar la cada vez mayor presi\u00f3n de los independentistas irlandeses. El antisemitismo crec\u00eda en todo el continente. Los partidos socialistas y comunistas amenazaban con disolver las estructuras del viejo Estado burgu\u00e9s. Y hasta Estados Unidos, un pa\u00eds nuevo al que Europa miraba con suficiencia, comenzaba a imponerse en las relaciones internacionales.<\/p>\n<p>Algunos cr\u00edticos han hablado de un <em>espacio de Viena<\/em> para referirse a ese grupo de escritores pese a que varios de ellos no eran vieneses ni apenas pisaron el Imperio Austro-H\u00fangaro. Sin embargo, el esp\u00edritu de descomposici\u00f3n del mismo, esa <em>Cacania<\/em> de la que a\u00f1os m\u00e1s tarde -pero refiri\u00e9ndose justamente a esta \u00e9poca- hablaba Musil, haciendo un juego de palabras con K &#038; K (imperio y reino), alcanzaba a todos. Esa abreviatura designaba un Estado plurinacional y multicultural agrietado hasta el l\u00edmite de la ruina y figuraba en todos los edificios oficiales. A\u00fan hoy se puede ver en muchas imponentes fachadas en el centro de Viena.<\/p>\n<p>Ese es el mundo aparatoso pero decadente que alcanza su punto de mayor creatividad hace ahora un siglo. Esa Centroeuropa gobernada de manera autoritaria y moderada por el caos, como escribi\u00f3 Musil, que parec\u00eda ajena a la revoluci\u00f3n que se proyectaba para Rusia desde un caf\u00e9 de Z\u00farich, tan cerca de su frontera. Algo m\u00e1s lejos de all\u00ed, Bertrand Russell atacaba el idealismo, uno de los restos de la filosof\u00eda cl\u00e1sica que se hab\u00eda prolongado hasta el siglo XX, con una de sus obras b\u00e1sicas, <em>Los principios de la filosof\u00eda<\/em>, publicada en 1912. Y Sigmund Freud, con <em>T\u00f3tem y tab\u00fa<\/em> (1913), socavaba las bases de la moral sexual victoriana.<\/p>\n<p>Los autores que forman el n\u00facleo fundamental del <em>espacio de Viena<\/em> publicaron obras esenciales en esos a\u00f1os. El m\u00e1s maduro de todos ellos, por edad y por tener una carrera ya consolidada, era Thomas Mann. <em>La muerte en Venecia<\/em>, editada en 1912, no es su mejor novela, pero s\u00ed una de las m\u00e1s conocidas. La historia de su protagonista es la de una decadencia general: un escritor falto de inspiraci\u00f3n que llega a un hotel decadente en la ciudad m\u00e1s maravillosamente decadente del mundo y se ve asaltado por un amor inesperado hacia un jovencito que lo ignora. Un pu\u00f1etazo en toda la cara a la moral del siglo XIX que se viene abajo en el caos de la miseria social y pol\u00edtica que mina los cimientos del continente.<\/p>\n<p>El mismo golpe certero que da un escritor novel que muri\u00f3 siendo desconocido fuera de un c\u00edrculo reducid\u00edsimo y que, sin embargo, se convirti\u00f3 a\u00f1os despu\u00e9s en el m\u00e1s influyente del siglo: Franz Kafka. En ese lustro de fulgor y muerte, el checo escribi\u00f3 las miniaturas de su primer libro publicado, <em>Contemplaci\u00f3n<\/em>; el cuento <em>La condena<\/em>, concluido en una sola noche y en el que ya est\u00e1n todos los elementos de la literatura &#8216;kafkiana&#8217;; la novela incompleta <em>Am\u00e9rica<\/em> y <em>La metamorfosis<\/em>, probablemente la ficci\u00f3n m\u00e1s impactante del siglo XX y sin duda una de las m\u00e1s analizadas. Sin la historia del viajante de comercio convertido tras un sue\u00f1o intranquilo \u00aben un monstruoso insecto\u00bb, probablemente no habr\u00edan surgido centenares de vocaciones literarias. Las de Borges y Garc\u00eda M\u00e1rquez son solo dos ejemplos, pero hay muchos m\u00e1s.<\/p>\n<p>En 1912, Rainer Maria Rilke empieza a escribir: \u00abLo bello no es sino el comienzo de lo terrible\u00bb. Est\u00e1 en los primeros versos de las <em>Eleg\u00edas de Duino<\/em>, que, v\u00edctima de un inesperado agotamiento espiritual a consecuencia de la guerra que estalla dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, no concluir\u00e1 hasta 1922. Son tambi\u00e9n los a\u00f1os en que Tristan Tzara, a\u00fan adolescente, escribir\u00e1 sus <em>Primeros poemas<\/em>. No falta demasiado para que este joven rumano invente la palabra que dar\u00e1 nombre a uno de los movimientos art\u00edsticos que marcar\u00edan el siglo: dad\u00e1.<\/p>\n<p>Seg\u00fan testigos, el alumbramiento del t\u00e9rmino tuvo lugar una tarde de 1916 en el caf\u00e9 Terrasse de Z\u00farich, situado enfrente de otro cl\u00e1sico de la ciudad, el Ode\u00f3n. En este \u00faltimo caf\u00e9, cada d\u00eda, m\u00e1s o menos a las mismas horas en que Tzara f\u00e1bula con las bases del dada\u00edsmo, Vladimir Ilich Uli\u00e1nov, un tipo calvo, con perilla, de mirada penetrante y aspecto m\u00e1s bien inofensivo, revisa los peri\u00f3dicos sin saber que en poco m\u00e1s de un a\u00f1o se pondr\u00e1 a la cabeza de una revoluci\u00f3n que estremecer\u00e1 al mundo. Los restos pol\u00edticos, sociales y culturales del siglo XIX est\u00e1n a punto de desaparecer.<\/p>\n<p>No muy lejos de all\u00ed, Gustave Meyrink publica <em>El Golem<\/em>, un libro sobre una leyenda del folclore jud\u00edo que se convertir\u00e1 en un texto de estudio para antrop\u00f3logos, investigadores del juda\u00edsmo y antisemitas militantes. Es la otra gran amenaza de comienzos de siglo, el movimiento que crea el caldo de cultivo en el que florecen poco despu\u00e9s el nazismo y su consecuencia inevitable: la cat\u00e1strofe.<\/p>\n<p>Fuera del \u00e1mbito centroeuropeo pero bajo su influencia, hay tambi\u00e9n libros imprescindibles. En Francia, Proust publica en 1913 el primer tomo de <em>En busca del tiempo perdido<\/em>, el monumento literario a la memoria m\u00e1s poderoso que se ha escrito nunca. Jam\u00e1s la evocaci\u00f3n hab\u00eda dado para tanto, para tantas p\u00e1ginas de literatura sin apenas acci\u00f3n, captando el instante, el paso de la vida a trav\u00e9s de la recreaci\u00f3n de un escritor. Ese mismo a\u00f1o, Alain Fournier publica <em>El gran Meaulnes<\/em>, una hermosa novela de iniciaci\u00f3n a la vida adulta y el amor. La primera de su autor, que solo ten\u00eda 27 a\u00f1os cuando la public\u00f3 y que muri\u00f3 en los primeros combates de la gran guerra. Hoy est\u00e1 considerada como una de las mejores obras en franc\u00e9s del pasado siglo.<\/p>\n<p>Como lo est\u00e1 tambi\u00e9n, pero en lengua inglesa, <em>Pigmali\u00f3n<\/em>, de George Bernard Shaw, que no fue publicada hasta 1916. Shaw no fue ajeno a la causa irlandesa -era amigo de Michael Collins- como tampoco lo fue, aunque a su manera, James Joyce. En 1914, publica <em>Dublineses<\/em>, una serie de relatos ambientados en la capital irlandesa y protagonizados por personajes de clase media-baja, algunos de los cuales contienen el germen de lo que luego ser\u00e1 <em>Ulises<\/em>.<\/p>\n<p>Es el tiempo, en fin, de <em>Victoria<\/em> de Joseph Conrad y de <em>Relatos de los mares del Sur<\/em>, de Jack London, dos libros de cabecera de generaciones de j\u00f3venes a lo largo del siglo. Y de <em>Servidumbre humana<\/em>, de William Somerset Maugham, la narraci\u00f3n intensa, dram\u00e1tica y violenta de un tiempo y unas pasiones -el amor, el rencor, la compasi\u00f3n- que son de ayer y de hoy. Y que la literatura de esos a\u00f1os fascinantes y ca\u00f3ticos reflej\u00f3 con maestr\u00eda.<\/p>\n<p><strong>\u00bfY en Espa\u00f1a?<\/strong><\/p>\n<p>En la segunda d\u00e9cada del siglo XX, la generaci\u00f3n del 98 produc\u00eda a todo ritmo. Del lustro 1911-5 son dos obras fundamentales de Baroja: <em>El \u00e1rbol de la ciencia<\/em>, un retrato poco compasivo del Madrid de su tiempo, y por extensi\u00f3n de todo el pa\u00eds; y <em>Las inquietudes de Shanti Andia<\/em>, relato de aventuras te\u00f1ido de nostalgia.<\/p>\n<p>En 1912, Machado public\u00f3 la primera parte de <em>Campos de Castilla<\/em>. Es uno de sus poemarios m\u00e1s c\u00e9lebres, que refleja la fascinaci\u00f3n de la generaci\u00f3n del 98 por Castilla y sus gentes. M\u00e1s o menos lo mismo que <em>Castilla<\/em> de Azor\u00edn, un volumen a medio camino entre el ensayo y la cr\u00f3nica de costumbres, escrito con un estilo de inusitada perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esa misma atracci\u00f3n por la meseta y sus paisajes la sinti\u00f3 Miguel de Unamuno, dividido entre sus dos ciudades, Bilbao y Salamanca, que en 1913 dio a la imprenta uno de sus libros m\u00e1s profundos, el mejor para muchos cr\u00edticos: <em>Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida<\/em>, una l\u00facida reflexi\u00f3n sobre el destino del ser humano. Un a\u00f1o despu\u00e9s, apareci\u00f3 <em>Niebla<\/em>, novela innovadora en un panorama literario, el espa\u00f1ol, no muy dado a experimentos.<\/p>\n<p><em>(Publicado en &#8216;Territorios&#8217; el 16 de abril de 2011)<\/em><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfQu\u00e9 sucede cuando coincide en el tiempo una pl\u00e9yade de escritores y pensadores de inusual brillantez? Que durante unos pocos a\u00f1os se genera tal cantidad de obras maestras que conforman una verdadera edad de oro de la cultura. 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