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	<title>DivergenciasLa cultura: ¿cuestión de calidad o de cantidad? &#8211; Divergencias</title>
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	<description>Por César Coca</description>
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		<title>La cultura: ¿cuestión de calidad o de cantidad?</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Feb 2012 17:07:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>César Coca</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p>Las candidaturas y los premios de los Goya han vuelto a poner de actualidad <strong>un debate eterno en el mundo de la cultura y el espectáculo: el de la calidad y la cantidad</strong>. Se ha hablado mucho de que a Santiago Segura no le han dado ni una mísera candidatura (no ya un premio) y él montó su monólogo de la gala en torno a eso.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p><strong>Para muchos, el argumento es muy claro</strong>: Segura -que es un tipo listísimo- hace una película brutalmente comercial, sin concesión alguna al cine de calidad, y tiene un enorme éxito de público. No puede pretender que además se le premie como si hubiera rodado una nueva versión de <em>Ciudadano Kane</em>. El argumento tiene algunos puntos débiles, pero no es fácil de rebatir. Y lo he oído también en el ámbito de la literatura (Dan Brown vende la tira, pero no puede aspirar a ganar el Nobel, se dice), la música, la pintura, etc.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Y es cierto. <strong>Es legítimo optar por lo comercial, a veces hasta extremos llamativos, pero entonces no se puede reclamar un hueco en aquellos ámbitos que lo que priman es la calidad</strong>. De ahí que no haya contradicción entre que la película más taquillera del año no tenga ningún Goya y en cambio lo gane un documental que han visto poco más de mil personas. Es lo que sucede también con la literatura: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tomas_Transtr%C3%B6mer" target="_blank" rel="external nofollow">Thomas Tranströmer</a>, el ganador del último Nobel, ha vendido apenas unas decenas de miles de ejemplares a lo largo de toda su carrera…</p>
<p><strong>Hay ocasiones en las que se conjugan la calidad más exquisita y el éxito comercial. Pocas</strong>. En esas ocasiones no hay ningún problema para que esos creadores que se han hecho ricos, o casi, aspiren además a ganar premios a la calidad. <strong>Pero el debate en el resto de los casos es falso.</strong> Si nos guiamos solo por las preferencias del público, deberíamos eliminar los jurados de los premios: que se otorguen a los filmes más taquilleros, los libros más vendidos o las canciones más escuchadas en la radio. Claro que luego nadie debería echarse las manos a la cabeza si la alta cultura, o al menos la de calidad, sufre todavía más y se convierte en aún más minoritaria.</p>
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