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Itsaso Álvarez

Colomba. Todo mujeres

Escritores que firman con nombre de mujer


¿Qué puede llevar a un hombre a firmar su obra con un seudónimo femenino? Investigando en la historia de la literatura, vemos que existen más ejemplos de esta práctica de los esperados en un principio. Para algunos, esta actitud viene motivada por la búsqueda errónea de una credibilidad ante las consumidoras de una literatura denominada, entre comillas, femenina. Solo recientemente se supo en el Reino Unido que Emma Blair se llama en verdad Ian Blair; Jessica Stirling es Hugh C Rae, y Jill Sanderson nació Roger.

Pero no sólo ocurre en la literatura. Hay también periodistas hombres que, bajo estos mismos parámetros, escribir supuestamente “para mujeres”, decidieron usar un nombre femenino. Es el caso de la revista ‘La Dernière Mode’ (la última moda), de Stéphane Mallarmé. En 1872, Mallarmé escribe a su amigo, el poeta José María Heredia, las siguientes palabras: “Estoy recopilando por las esquinas de París las suficientes suscripciones para crear una revista dedicada a la belleza y al lujo”. Este proyecto vería finalmente la luz en 1874 y pasaría a la historia como ‘La Dernière Mode’, un magazine de moda destinado, una vez más, a las mujeres y cuyos artículos estaban firmados por Marguerite de Ponty y Miss Satin, alter egos de Mallarmé y su colaborador Ulrich Lehmann. La masculinidad de su autor era guardada cuidadosamente en secreto. A pesar de que el nombre de Mallarmé aparecía en primera página como un donante literario, la publicación no proporcionaba ningún otro signo que señalara que cada palabra impresa había sido escrita exclusivamente por hombres.

Pero, ¿y cuando la seguridad personal está en juego? De vez en cuando, sale a la luz alguna noticia sobre mujeres valientes que arriesgan su integridad en países donde expresarse libremente puede significar la pena de muerte. ¿Y los hombres? Existen también estos casos. En menor cantidad, pero existen.

Así pues, Yasmina Khadra es el seudónimo femenino del escritor argelino en lengua francesa Mohammed Moulessehoul (1955, Kednasa-el Sáhara argelino-). En 1989, después de haber publicado seis obras con su nombre real, decide refugiarse bajo un seudónimo para evitar la autocensura que practicó en sus primeras novelas y poder adentrarse con mayor libertad en la recreación de la Argelia de su tiempo, marcada por el antagonismo entre el gubernamental FLN y el FIS islamista, que pronto dio lugar a una auténtica guerra civil en la que Moulessehoul, como miembro de las fuerzas armadas, combatió.

Su seudónimo lo forman los dos nombres de su esposa. Con él publica en 1990 ‘El loco del bisturí’, una novela policíaca. La obra que le da fama mundial (en realidad, a su seudónimo, que el público supone que corresponde a una mujer argelina) ha sido ‘Morituri’, publicada en París en 1997, a la que siguieron otras también publicadas en Francia que se adentran en la crisis argelina, el paro, la corrupción, el islamismo, las diferencias sociales, la ausencia de libertades, el terrorismo, la depresión…

Su intención al tomar un nombre femenino, fue, según Mohamed Moulessehoul, “expresar su profunda admiración por las mujeres argelinas, su coraje, y la esperanza que ellas mantienen”. En el año 2000, el comandante Moulessehoul abandonó el ejército para dedicarse por entero a la literatura; fue entonces cuando reveló su verdadera identidad, lo que causó gran escándalo, tanto en Francia como en Argelia.

El caso de Yasmina Khadra demuestra que aún hoy, mujeres y hombres deben esconder su identidad para ejercer el derecho a la libre expresión.

(Fuente: Amecopress. La fotografía es de Fotolia)

Por Itsaso Álvarez

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