{"id":170,"date":"2010-04-26T10:31:46","date_gmt":"2010-04-26T09:31:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ehu.es\/ehusfera\/cineliteraturaymedioambiente\/?p=170"},"modified":"2010-04-26T10:31:46","modified_gmt":"2010-04-26T09:31:46","slug":"el-futuro-verde","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/cine-literatura-y-medio-ambiente\/2010\/04\/26\/el-futuro-verde\/","title":{"rendered":"El futuro verde"},"content":{"rendered":"<p>En <em>El Pa\u00eds de los Negocios<\/em> del 25 de abril se publica un extenso, interesante y estupendo art\u00edculo del Premio Nobel Paul Krugman sobre la econom\u00eda del futuro y c\u00f3mo debe tener muy en cuenta las implicaciones ambientales de car\u00e1cter global que ser\u00e1n determinantes en cualquier planificaci\u00f3n. Este es el texto, y aviso de nuevo que es un art\u00edculo muy extenso:<\/p>\n<h1>C\u00f3mo construir una econom\u00eda &#8216;verde&#8217;<\/h1>\n<h3>Sabemos c\u00f3mo frenar el calentamiento de la Tierra, y los costes son asumibles. Hace falta voluntad pol\u00edtica, seg\u00fan expone el premio Nobel de Econom\u00eda de 2008<\/h3>\n<div>\n<p><strong>PAUL KRUGMAN<\/strong> <em>El Pa\u00eds de los Negocios<\/em> 25\/04\/2010<\/p>\n<\/div>\n<p><!-- ***** Contenido noticia ***** --><\/p>\n<div>\n<p>Si escuchan a los climat\u00f3logos -y a pesar de la implacable campa\u00f1a para desacreditar su trabajo, deber\u00edan escucharlos-, hace ya mucho que habr\u00eda que haber hecho algo respecto a las emisiones de di\u00f3xido de carbono y otros gases de efecto invernadero. Aseguran que, si seguimos como hasta ahora, nos enfrentamos a una subida de las temperaturas mundiales que ser\u00e1 poco menos que apocal\u00edptica. Y para evitar ese Apocalipsis tenemos que acostumbrar a la econom\u00eda a dejar de usar combustibles f\u00f3siles, sobre todo carb\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfPero es posible realizar recortes dr\u00e1sticos en las emisiones de gases de efecto invernadero sin destruir la econom\u00eda? Al igual que el debate sobre el cambio clim\u00e1tico, el debate sobre la econom\u00eda clim\u00e1tica tiene un aspecto muy distinto visto desde dentro, en comparaci\u00f3n con el aspecto que suele tener en los medios de comunicaci\u00f3n populares. El lector ocasional podr\u00eda tener la impresi\u00f3n de que hay dudas reales sobre si las emisiones pueden reducirse sin infligir un da\u00f1o grave a la econom\u00eda. De hecho, una vez que uno filtra las interferencias generadas por los grupos de presi\u00f3n, descubre que los economistas medioambientales en general coinciden en que con un programa basado en el mercado para hacer frente a la amenaza del cambio clim\u00e1tico -uno que limite las emisiones poni\u00e9ndoles un precio- se pueden obtener grandes resultados con un coste m\u00f3dico, aunque no despreciable. Sin embargo, hay mucho menos consenso en cuanto a la rapidez con la que deber\u00edamos actuar, si los esfuerzos de conservaci\u00f3n importantes deben ponerse en marcha casi de inmediato o intensificarse gradualmente a lo largo de muchas d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>En los p\u00e1rrafos siguientes presentar\u00e9 un breve informe sobre la econom\u00eda del cambio clim\u00e1tico, o m\u00e1s exactamente, la econom\u00eda de la reducci\u00f3n del cambio clim\u00e1tico. Tratar\u00e9 de exponer los asuntos sobre los que hay un acuerdo amplio, as\u00ed como aquellos que siguen siendo objeto de importantes disputas. Pero primero, una introducci\u00f3n a la econom\u00eda b\u00e1sica de la protecci\u00f3n medioambiental.<\/p>\n<h4>ECONOM\u00cdA MEDIOAMBIENTAL<\/h4>\n<p>Si hay una \u00fanica verdad fundamental en la econom\u00eda, es esta: las transacciones entre personas mayores de edad generan beneficios mutuos. Si el precio consensuado de un artilugio es de 10 d\u00f3lares y compro uno, debe de ser porque ese artilugio vale m\u00e1s de 10 d\u00f3lares para m\u00ed. Si uno vende un artilugio a ese precio, debe de ser porque fabricarlo le cuesta menos de 10 d\u00f3lares. Por tanto, comprar y vender en el mercado de los artilugios redunda en beneficio tanto de los compradores como de los vendedores. Es m\u00e1s, un an\u00e1lisis pormenorizado demuestra que si hay una competencia real en el mercado de los artilugios, de tal modo que el precio termine por hacer coincidir el n\u00famero de artilugios que la gente quiere comprar con el de artilugios que otra gente quiere vender, la consecuencia es que los beneficios de productores y consumidores se maximizan. Los mercados libres son <em>eficientes<\/em> (lo que en jerga econ\u00f3mica, al contrario que en el lenguaje coloquial, significa que nadie puede mejorar su situaci\u00f3n sin empeorar la situaci\u00f3n de otro).<\/p>\n<p>Pero la eficiencia no lo es todo. En concreto, no hay raz\u00f3n para suponer que los mercados libres generar\u00e1n un resultado que consideraremos justo o equitativo. De modo que el argumento de la eficiencia del mercado no dice nada sobre si deber\u00edamos tener, por ejemplo, alguna forma de seguro sanitario garantizado, ayuda a los pobres y dem\u00e1s. Pero la l\u00f3gica de la econom\u00eda b\u00e1sica dice que deber\u00edamos tratar de alcanzar objetivos sociales mediante intervenciones <em>posmercado<\/em>. Es decir, deber\u00edamos dejar que los mercados cumplan su funci\u00f3n, haciendo un uso eficiente de los recursos del pa\u00eds, y luego emplear los impuestos y las transferencias para ayudar a aquellos a quienes el mercado pasa por alto.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfy si un acuerdo entre personas mayores de edad supone un coste para personas que no forman parte del intercambio? \u00bfQu\u00e9 pasa si alguien fabrica un artilugio y yo lo compro, con beneficios para ambos, pero el proceso de producir ese artilugio conlleva verter residuos t\u00f3xicos en el agua potable de otras personas? Cuando hay &#8220;efectos externos negativos&#8221; -costes que los agentes econ\u00f3micos imponen a otros sin pagar un precio por sus acciones- se esfuma cualquier suposici\u00f3n de que la econom\u00eda de mercado, si se la deja a su aire, har\u00e1 lo que debe. Entonces, \u00bfqu\u00e9 hacemos? La econom\u00eda medioambiental trata de dar respuesta a esa pregunta.<\/p>\n<p>Un modo de hacer frente a los efectos externos negativos es dictar normas que proh\u00edban o al menos limiten los comportamientos que impongan costes especialmente altos a otros. Eso es lo que hicimos durante la primera gran oleada de legislaci\u00f3n medioambiental a principios de los a\u00f1os setenta: se exigi\u00f3 que los coches cumpliesen unas normas sobre las emisiones de los compuestos que provocan la niebla t\u00f3xica, se exigi\u00f3 a las f\u00e1bricas que limitasen el volumen de residuos que vert\u00edan a los r\u00edos, y as\u00ed sucesivamente. Y ese m\u00e9todo dio sus frutos; el aire y el agua de Estados Unidos se volvieron mucho m\u00e1s limpios durante las d\u00e9cadas siguientes.<\/p>\n<p>Pero aunque la regulaci\u00f3n directa de las actividades contaminantes tiene sentido en algunos casos, es enormemente defectuosa en otros, porque no deja ning\u00fan margen para la flexibilidad o la creatividad. Pensemos en el mayor problema medioambiental de los a\u00f1os ochenta: la lluvia \u00e1cida. Result\u00f3 que las emisiones de di\u00f3xido de azufre de las centrales el\u00e9ctricas tend\u00edan a combinarse con el agua siguiendo la direcci\u00f3n del viento y a generar \u00e1cido sulf\u00farico, que destru\u00eda la flora (y la fauna). En 1977, el Gobierno hizo su primer intento de abordar el problema y recomend\u00f3 que todas las centrales nuevas alimentadas con carb\u00f3n tuviesen depuradoras que eliminasen el di\u00f3xido de azufre de sus emisiones. Imponer una norma estricta a todas las centrales era problem\u00e1tico, porque modernizar algunas centrales m\u00e1s antiguas habr\u00eda resultado extremadamente caro. Sin embargo, al regular \u00fanicamente las centrales nuevas, el Gobierno desaprovech\u00f3 la oportunidad de lograr un control de la contaminaci\u00f3n bastante barato en centrales que eran, de hecho, f\u00e1ciles de modernizar. Salvo mediante una adquisici\u00f3n federal de facto del sector el\u00e9ctrico, con funcionarios federales dictando instrucciones espec\u00edficas para cada central, \u00bfc\u00f3mo pod\u00eda resolverse este dilema?<\/p>\n<p>Entra en escena Arthur Cecil Pigou, un catedr\u00e1tico brit\u00e1nico de principios del siglo XX cuyo libro de 1920, <em>The economics of welfare<\/em> <em>(La econom\u00eda del bienestar), <\/em>suele considerarse la base de la econom\u00eda medioambiental.<\/p>\n<p>Aunque en cierto modo resulte sorprendente, teniendo en cuenta su actual condici\u00f3n de padrino de la ciencia medioambiental altamente desarrollada desde un punto de vista econ\u00f3mico, Pigou no hizo verdaderamente hincapi\u00e9 en el problema de la contaminaci\u00f3n. M\u00e1s que centrarse en, por ejemplo, la famosa niebla de Londres (en realidad, niebla t\u00f3xica acre, provocada por millones de fuegos de carb\u00f3n), abr\u00eda su disertaci\u00f3n con un ejemplo que debi\u00f3 de parecer cursi incluso en 1920, un caso hipot\u00e9tico en el que &#8220;las actividades de conservaci\u00f3n de la caza menor de un ocupante conllevan la invasi\u00f3n de las tierras de un ocupante vecino por los conejos&#8221;. Pero da igual. Lo que Pigou enunciaba era un principio: las actividades econ\u00f3micas que imponen costes no rec\u00edprocos a otras personas no siempre deben prohibirse, pero deben desaconsejarse. Y la forma correcta de frenar una actividad, en la mayor\u00eda de los casos, es ponerle un precio. Por eso, Pigou propon\u00eda que las personas que generan efectos externos negativos pagasen una cuota que reflejara los costes que imponen a otros (lo que ha llegado a conocerse como impuesto pigouviano). La versi\u00f3n m\u00e1s simple del impuesto pigouviano es una cuota sobre las aguas residuales: cualquiera que vierta contaminantes en un r\u00edo, o los libere en el aire, debe pagar una suma proporcional a la cantidad vertida.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis de Pigou qued\u00f3 en gran parte olvidado durante casi un siglo, mientras los economistas dedicaban su tiempo a luchar contra problemas que parec\u00edan m\u00e1s acuciantes, como la Gran Depresi\u00f3n. Pero con el auge de la normativa medioambiental, los economistas desempolvaron a Pigou y empezaron a defender un planteamiento &#8220;basado en el mercado&#8221; que ofreciese al sector privado incentivos, por medio de los precios, para limitar la contaminaci\u00f3n, en lugar de un remedio a base de &#8220;\u00f3rdenes y control&#8221; que dictase instrucciones espec\u00edficas en forma de normas.<\/p>\n<p>La reacci\u00f3n inicial de muchos activistas medioambientales ante esta idea fue hostil, en gran parte por razones morales. Les parec\u00eda que la contaminaci\u00f3n deb\u00eda tratarse como un crimen, m\u00e1s que como algo que uno tiene derecho a hacer siempre que pague el dinero suficiente. Conflictos morales aparte, tambi\u00e9n hab\u00eda un escepticismo considerable en cuanto a si los incentivos mercantiles ser\u00edan realmente eficaces para reducir la contaminaci\u00f3n. Incluso, hoy, los impuestos pigouvianos tal como se idearon originalmente son relativamente raros. El ejemplo m\u00e1s provechoso que he podido encontrar es un impuesto holand\u00e9s sobre los vertidos de agua que contienen materia org\u00e1nica.<\/p>\n<p>La idea que s\u00ed ha cuajado, en cambio, es una variante que la mayor\u00eda de los economistas consideran m\u00e1s o menos equivalente: un sistema de permisos de emisiones comercializables, tambi\u00e9n conocido como tope y trueque. Seg\u00fan este modelo, se concede un n\u00famero limitado de permisos para emitir un contaminante espec\u00edfico como el di\u00f3xido de azufre. Una empresa que quiera generar m\u00e1s contaminaci\u00f3n de la que se le permite puede ir y comprar permisos adicionales de otras partes; una compa\u00f1\u00eda que tenga m\u00e1s permisos de los que tiene intenci\u00f3n de usar puede vender los que le sobran. Esto proporciona a todo el mundo un incentivo para reducir la contaminaci\u00f3n, porque los compradores no tienen que adquirir tantos permisos si pueden recortar sus emisiones, y los vendedores pueden deshacerse de m\u00e1s permisos si hacen lo mismo. De hecho, desde un punto de vista econ\u00f3mico, un sistema de tope y trueque produce los mismos incentivos para reducir la contaminaci\u00f3n que un impuesto pigouviano, ya que, efectivamente, el precio de los permisos hace las veces de un impuesto sobre la contaminaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la pr\u00e1ctica hay un par de diferencias importantes entre el tope y trueque y un impuesto sobre la contaminaci\u00f3n. Una es que los dos sistemas generan tipos distintos de incertidumbre. Si el Gobierno establece un impuesto sobre la contaminaci\u00f3n, los contaminadores saben qu\u00e9 precio tendr\u00e1n que pagar, pero el Gobierno no sabe cu\u00e1nta contaminaci\u00f3n generar\u00e1n. Si el Gobierno impone un tope, conoce la cantidad de contaminaci\u00f3n, pero los contaminadores no saben cu\u00e1l ser\u00e1 el precio de las emisiones. Otra diferencia importante tiene que ver con los ingresos del Gobierno. Un impuesto sobre la contaminaci\u00f3n es, bueno, un impuesto, el cual supone un coste para el sector privado mientras que genera ingresos para el Gobierno. El sistema de tope y trueque es un poco m\u00e1s complicado. Si el Gobierno se limita a emitir los permisos y recaudar los ingresos, entonces es exactamente igual que un impuesto. Sin embargo, el tope y trueque suele conllevar un intercambio de permisos entre los agentes existentes, por lo que los posibles ingresos van a parar a la industria en lugar de al Gobierno.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista pol\u00edtico, repartir permisos entre la industria no es del todo malo, porque brinda un modo de compensar parcialmente a algunos de los grupos cuyos intereses sufrir\u00edan si se adoptase una pol\u00edtica dura contra el cambio clim\u00e1tico. Esto puede servir para que aprobar las leyes sea m\u00e1s factible.<\/p>\n<p>Estas reflexiones pol\u00edticas probablemente expliquen por qu\u00e9 la soluci\u00f3n al dilema de la lluvia \u00e1cida adopt\u00f3 la forma del tope y trueque y por qu\u00e9 los permisos para contaminar se distribuyeron gratuitamente entre las empresas el\u00e9ctricas. Tambi\u00e9n merece la pena se\u00f1alar que el proyecto de ley Waxman-Markey, un sistema de tope y trueque para los gases de efecto invernadero que empieza concediendo muchos permisos al sector, pero saca a subasta un n\u00famero creciente durante los a\u00f1os siguientes, fue de hecho aprobado por la C\u00e1mara de Representantes el a\u00f1o pasado; es dif\u00edcil imaginar un impuesto generalizado sobre las emisiones que haga lo mismo durante muchos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Eso no significa que los impuestos sobre las emisiones no tengan ninguna posibilidad de \u00e9xito. Hace poco, algunos senadores han presentado una propuesta con una especie de soluci\u00f3n h\u00edbrida, con tope y trueque para algunos sectores de la econom\u00eda e impuestos sobre el carbono para otros (principalmente, el petr\u00f3leo y el gas). La l\u00f3gica pol\u00edtica parece ser la de que el sector del petr\u00f3leo piensa que los consumidores no le culpar\u00e1n por la subida de los precios si dichos precios reflejan un impuesto concreto.<\/p>\n<p>En cualquier caso, la experiencia indica que el control de las emisiones basado en el mercado funciona. Nuestra historia reciente en relaci\u00f3n con la lluvia \u00e1cida demuestra lo mismo. La Ley del Aire Limpio de 1990 introdujo un sistema de tope y trueque por el que las centrales el\u00e9ctricas pod\u00edan comprar y vender el derecho a emitir di\u00f3xido de azufre, y dejaba en manos de las empresas individuales la gesti\u00f3n de su actividad dentro de los nuevos l\u00edmites. Como cab\u00eda esperar, con el paso del tiempo, las emisiones de di\u00f3xido de azufre de las centrales el\u00e9ctricas se redujeron a casi la mitad, a un coste mucho m\u00e1s bajo de lo que incluso los optimistas esperaban; los precios de la electricidad bajaron en vez de subir. El problema de la lluvia \u00e1cida no desapareci\u00f3, pero se redujo considerablemente. Se podr\u00eda pensar que los resultados demostraban que podemos hacer frente a los problemas medioambientales cuando nos vemos obligados a hacerlo.<\/p>\n<p>De modo que ah\u00ed lo tenemos, \u00bfno? La emisi\u00f3n de di\u00f3xido de carbono y otros gases de efecto invernadero es un efecto externo negativo t\u00edpico (el &#8220;mayor fallo del mercado que el mundo ha conocido jam\u00e1s&#8221;, en palabras de Nicholas Stern, autor de un informe sobre el tema para el Gobierno brit\u00e1nico). La econom\u00eda de los libros de texto y la experiencia del mundo real nos dicen que deber\u00edamos tener pol\u00edticas que desincentiven las actividades que generan efectos externos negativos y que, por lo general, es mejor depender de un enfoque basado en el mercado.<\/p>\n<h4>\u00bfCLIMA DE DUDA?<\/h4>\n<p>\u00c9ste es un art\u00edculo sobre la econom\u00eda del clima, no sobre la climatolog\u00eda. Pero antes de abordar la econom\u00eda merece la pena aclarar tres cosas en relaci\u00f3n con la situaci\u00f3n del debate cient\u00edfico.<\/p>\n<p>La primera es que, sin duda, el planeta se est\u00e1 calentando. La temperatura fluct\u00faa y, en consecuencia, es bastante f\u00e1cil encontrar un a\u00f1o inusualmente c\u00e1lido en el pasado reciente, notar que ahora hace m\u00e1s fr\u00edo y afirmar: &#8220;\u00a1Ven, el planeta se est\u00e1 enfriando, no calentando!&#8221;. Pero si se observan las pruebas como es debido -teniendo en cuenta las medias a lo largo de periodos lo bastante prolongados como para anular las fluctuaciones-, la tendencia ascendente es inequ\u00edvoca: cada d\u00e9cada sucesiva desde la de los setenta ha sido m\u00e1s c\u00e1lida que la anterior.<\/p>\n<p>En segundo lugar, los modelos clim\u00e1ticos predijeron esto con mucha antelaci\u00f3n, e incluso adivinaron la magnitud del aumento de las temperaturas con bastante aproximaci\u00f3n. Mientras que es relativamente f\u00e1cil idear un an\u00e1lisis que haga coincidir datos conocidos, es mucho m\u00e1s complicado crear un modelo que prediga el futuro con exactitud. As\u00ed que el hecho de que los creadores de los modelos predijesen correctamente hace m\u00e1s de 20 a\u00f1os el calentamiento mundial futuro les da una enorme credibilidad.<\/p>\n<p>Pero esa no es la conclusi\u00f3n que se podr\u00eda extraer de los muchos informes de los medios de comunicaci\u00f3n que se han centrado en asuntos como los mensajes de correo electr\u00f3nico pirateados y los cient\u00edficos que hablan de &#8220;hacer trampa&#8221; para &#8220;ocultar&#8221; una ca\u00edda an\u00f3mala en una serie de datos o expresan el deseo de que los art\u00edculos de los esc\u00e9pticos del cambio clim\u00e1tico queden excluidos de las revisiones de investigaci\u00f3n. La verdad, sin embargo, es que los supuestos esc\u00e1ndalos se esfuman al analizarlos m\u00e1s de cerca, y solamente revelan que quienes investigan el clima tambi\u00e9n son seres humanos. S\u00ed, los cient\u00edficos procuran que sus resultados destaquen, pero no se ha suprimido ning\u00fan dato. S\u00ed, a los cient\u00edficos no les gusta que se publiquen trabajos que, en su opini\u00f3n, crean deliberadamente confusi\u00f3n respecto a los problemas. \u00bfQu\u00e9 tiene de extra\u00f1o? No hay nada que d\u00e9 a entender que no se deba seguir apoyando firmemente la investigaci\u00f3n sobre el clima.<\/p>\n<p>Y esto me lleva al tercer punto: los modelos basados en esta investigaci\u00f3n indican que si seguimos a\u00f1adiendo gases de efecto invernadero a la atm\u00f3sfera como hasta ahora, terminaremos enfrent\u00e1ndonos a cambios dr\u00e1sticos en el clima. Seamos claros. No estamos hablando de unos cuantos d\u00edas m\u00e1s de calor en verano y de un poco menos de nieve en invierno; estamos hablando de acontecimientos enormemente perjudiciales, como la transformaci\u00f3n del suroeste de Estados Unidos en una zona de gran sequ\u00eda permanente durante las pr\u00f3ximas d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>Sin embargo, a pesar de la alta credibilidad de los creadores de los modelos clim\u00e1ticos, sigue existiendo una tremenda incertidumbre en sus previsiones a largo plazo. Pero, como veremos en breve, la incertidumbre es un argumento a favor de medidas m\u00e1s fuertes, no m\u00e1s d\u00e9biles. De modo que el cambio clim\u00e1tico exige pasar a la acci\u00f3n. \u00bfEs un programa de tope y trueque similar al modelo utilizado para reducir el di\u00f3xido de azufre el sistema adecuado?<\/p>\n<p>La oposici\u00f3n seria al tope y trueque suele presentarse bajo dos formas: el argumento de que una acci\u00f3n m\u00e1s directa -en concreto, una prohibici\u00f3n de las centrales el\u00e9ctricas alimentadas con carb\u00f3n- ser\u00eda m\u00e1s efectiva, y el de que un impuesto sobre las emisiones ser\u00eda mejor que la comercializaci\u00f3n de las emisiones. (Dejemos a un lado a quienes rechazan la ciencia del clima en su totalidad y se oponen a cualquier limitaci\u00f3n de las emisiones de gases de efecto invernadero, as\u00ed como a quienes se oponen al uso de cualquier clase de soluci\u00f3n basada en el mercado). Hay argumentos a favor de cada una de esas propuestas, aunque no tantos como sus defensores creen.<\/p>\n<p>En lo que respecta a la acci\u00f3n directa, uno puede argumentar que los economistas aman los mercados de manera insensata y excesiva, que est\u00e1n demasiado dispuestos a suponer que cambiar los incentivos econ\u00f3micos de la gente resuelve todos los problemas. En concreto, no es posible ponerle precio a algo a menos que se pueda medir con precisi\u00f3n, y eso puede ser complicado a la par que caro. Por eso, a veces, es mejor limitarse a establecer algunas normas b\u00e1sicas sobre lo que la gente puede y no puede hacer.<\/p>\n<p>F\u00edjense en las emisiones de los coches, por ejemplo. \u00bfPodr\u00edamos o deber\u00edamos cobrar a cada propietario de un coche una cuota proporcional a las emisiones de su tubo de escape? Desde luego que no. Habr\u00eda que instalar caros equipos de control en cada coche y tambi\u00e9n habr\u00eda que preocuparse por el fraude. Casi con certeza, es mejor hacer lo que de hecho hacemos, que es imponer normas sobre las emisiones a todos los coches.<\/p>\n<p>\u00bfSe puede exponer un razonamiento similar respecto a las emisiones de gases de efecto invernadero? Mi reacci\u00f3n inicial, que sospecho que compartir\u00edan la mayor\u00eda de los economistas, es que la propia escala y complejidad de la situaci\u00f3n requiere una soluci\u00f3n basada en el mercado, ya sea el tope y trueque o un impuesto sobre las emisiones. Despu\u00e9s de todo, los gases de efecto invernadero son un subproducto directo o indirecto de casi todo lo producido en una econom\u00eda moderna, desde las casas en las que vivimos hasta los coches que conducimos. Para reducir las emisiones de esos gases ser\u00e1 necesario lograr que la gente modificase su comportamiento de muchas maneras diferentes, algunas de ellas imposibles de identificar hasta que tengamos un dominio mucho mayor de la tecnolog\u00eda ecol\u00f3gica. Por tanto, \u00bfpodemos realmente conseguir avances significativos dici\u00e9ndole a la gente lo que est\u00e1 o no est\u00e1 concretamente permitido? Econom\u00eda 101 nos dice -probablemente con acierto- que el \u00fanico modo de conseguir que la gente cambie de comportamiento adecuadamente es ponerles un precio a las emisiones, de tal manera que este coste quede a su vez incorporado en todo lo dem\u00e1s de una forma que refleje los impactos medioambientales finales.<\/p>\n<p>Cuando los compradores vayan a la fruter\u00eda, por ejemplo, se encontrar\u00e1n con que las frutas y las verduras que vienen de lejos tienen precios m\u00e1s altos que las locales, lo que ser\u00e1 en parte un reflejo del coste de los permisos de emisi\u00f3n o impuestos pagados para enviar esos productos. Cuando las empresas decidan cu\u00e1nto gastarse en aislamiento, tendr\u00e1n en cuenta los costes de la calefacci\u00f3n y el aire acondicionado, que incluyen el precio de los permisos de emisi\u00f3n o los impuestos pagados por la generaci\u00f3n de electricidad. Cuando las instalaciones el\u00e9ctricas tengan que elegir entre distintas fuentes de energ\u00eda, tendr\u00e1n que tener en cuenta que el consumo de combustibles f\u00f3siles ir\u00e1 asociado a unos impuestos m\u00e1s altos o unos permisos m\u00e1s caros. Y as\u00ed sucesivamente. Un sistema basado en el mercado crear\u00eda incentivos descentralizados para hacer lo correcto, y \u00e9sa es la \u00fanica forma de hacerlo.<\/p>\n<p>Dicho eso, podr\u00edan ser necesarias algunas normas espec\u00edficas. James Hansen, el destacado climat\u00f3logo a quien se le debe atribuir gran parte del m\u00e9rito de haber convertido el cambio clim\u00e1tico en un problema prioritario, ha defendido en\u00e9rgicamente que la mayor parte del problema del cambio clim\u00e1tico se debe a una sola cosa, la combusti\u00f3n del carb\u00f3n, y que hagamos lo que hagamos tenemos que dejar de quemar carb\u00f3n de aqu\u00ed a 20 a\u00f1os. Mi reacci\u00f3n como economista es que un canon caro disuadir\u00eda de usar carb\u00f3n en cualquier caso. Pero es posible que un sistema basado en el mercado acabe teniendo lagunas, y las consecuencias ser\u00edan terribles. As\u00ed que yo defender\u00eda que se complementasen las medidas disuasorias basadas en el mercado con controles directos del uso del carb\u00f3n como combustible.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 hay de la defensa de un impuesto sobre las emisiones en lugar de un sistema de tope y trueque? No cabe duda de que un impuesto directo tendr\u00eda muchas ventajas frente a leyes como la de Waxman-Markey, que est\u00e1 llena de excepciones y situaciones especiales. Pero esa no es en realidad una comparaci\u00f3n \u00fatil: por supuesto que un impuesto ideal sobre las emisiones tiene mejor aspecto que un sistema de tope y trueque que la C\u00e1mara ya ha aprobado con todas sus condiciones adicionales. La pregunta es si el impuesto sobre las emisiones que realmente podr\u00eda aplicarse es mejor que el tope y trueque. No hay motivos para creer que lo ser\u00eda; de hecho, no hay motivos para creer que un impuesto sobre las emisiones generalizado conseguir\u00eda la aprobaci\u00f3n del Congreso.<\/p>\n<p>Para ser justos, Hansen ha expuesto un interesante argumento moral contra el sistema de tope y trueque, uno mucho m\u00e1s elaborado que la vieja idea de que est\u00e1 mal permitir que quienes contaminan compren el derecho a contaminar. Hansen llama la atenci\u00f3n sobre el hecho de que en un mundo de tope y trueque, las buenas acciones individuales no contribuyen a los objetivos sociales. Si uno opta por conducir un coche h\u00edbrido o comprar una casa con una huella de carbono peque\u00f1a, todo lo que est\u00e1 haciendo es liberar permisos de emisiones para otra persona, lo que significa que uno no ha hecho nada para reducir la amenaza del cambio clim\u00e1tico. Tiene parte de raz\u00f3n. Pero el altruismo no puede resolver de forma efectiva el problema del cambio clim\u00e1tico. Cualquier soluci\u00f3n seria debe depender principalmente de la creaci\u00f3n de un sistema que le d\u00e9 a todo el mundo un motivo ego\u00edsta para generar menos emisiones. Es una l\u00e1stima, pero el altruismo clim\u00e1tico debe ponerse por detr\u00e1s de la tarea de lograr que dicho sistema funcione.<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n, por tanto, es que, aunque el cambio clim\u00e1tico puede ser un problema much\u00edsimo m\u00e1s grave que el de la lluvia \u00e1cida, la l\u00f3gica de c\u00f3mo responder ante \u00e9l es en gran medida la misma. Lo que necesitamos son incentivos de mercado para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero -junto con algunos controles directos del uso del carb\u00f3n-, y el sistema de tope y trueque es una forma razonable de crear esos incentivos.<\/p>\n<p>\u00bfPero podemos permitirnos hacer eso? Y lo que es igual de importante, \u00bfpodemos permitirnos no hacerlo?<\/p>\n<h4>EL PRECIO DE LA ACTUACI\u00d3N<\/h4>\n<p>Del mismo modo que existe un consenso aproximado entre los creadores de los modelos clim\u00e1ticos en cuanto a la trayectoria probable de las temperaturas si no actuamos para recortar las emisiones de gases de efecto invernadero, hay un consenso aproximado entre los creadores de los modelos econ\u00f3micos en cuanto al precio de la actuaci\u00f3n. Esa opini\u00f3n general puede resumirse de la manera siguiente: limitar las emisiones frenar\u00e1 el crecimiento econ\u00f3mico, pero no demasiado. La Oficina Presupuestaria del Congreso, bas\u00e1ndose en un estudio de modelos, ha llegado a la conclusi\u00f3n de que la ley Waxman-Markey &#8220;reducir\u00eda la tasa media anual de crecimiento prevista del producto interior bruto entre 2010 y 2050 entre 0,03 y 0,09 puntos porcentuales&#8221;. Es decir, en el peor de los casos, reducir\u00eda el crecimiento anual medio del 2,4% al 2,31%. B\u00e1sicamente, la Oficina Presupuestaria llega a la conclusi\u00f3n de que unas medidas fuertes para abordar el cambio clim\u00e1tico har\u00edan que la econom\u00eda estadounidense fuese entre un 1,1% y un 3,4% m\u00e1s peque\u00f1a en 2050 de lo que lo ser\u00eda sin ellas.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 hay de la econom\u00eda mundial? En general, los creadores de los modelos tienden a calcular que las pol\u00edticas sobre cambio clim\u00e1tico reducir\u00edan la producci\u00f3n mundial en un porcentaje algo menor que el correspondiente a Estados Unidos. El principal motivo es que las econom\u00edas incipientes como China usan actualmente la energ\u00eda de un modo bastante ineficiente, en parte como consecuencia de unas pol\u00edticas nacionales que han mantenido los precios de los combustibles f\u00f3siles muy bajos, y por tanto podr\u00edan conseguir un gran ahorro energ\u00e9tico a un precio m\u00f3dico. Una revisi\u00f3n reciente de los c\u00e1lculos disponibles establece el coste de una pol\u00edtica clim\u00e1tica muy estricta -considerablemente m\u00e1s agresiva que la contemplada en las propuestas legislativas actuales- en un valor situado entre el 1% y el 3% del PIB.<\/p>\n<p>Esas cifras suelen provenir de un modelo que combina todo tipo de c\u00e1lculos procedentes de la ingenier\u00eda y del mercado. Entre ellos est\u00e1n, por ejemplo, los c\u00e1lculos \u00f3ptimos de los ingenieros sobre cu\u00e1nto cuesta generar electricidad de distintas formas, a partir del carb\u00f3n, el gas, la energ\u00eda nuclear y la solar, con unos precios determinados de los recursos. A continuaci\u00f3n se hacen c\u00e1lculos, basados en la experiencia hist\u00f3rica, sobre cu\u00e1nto recortar\u00edan los consumidores su consumo de electricidad si su precio subiese. El mismo proceso se sigue con otras fuentes de energ\u00eda, como el carburante. Y el modelo supone que todo el mundo opta por la mejor alternativa en funci\u00f3n del contexto econ\u00f3mico; que los generadores de energ\u00eda eligen las formas menos caras de producir electricidad, mientras que los consumidores conservan la energ\u00eda siempre que el dinero que ahorren al comprar menos electricidad supere el coste de usar menos electricidad en forma de otro gasto o de p\u00e9rdida de comodidad. Despu\u00e9s de todos estos an\u00e1lisis, resulta posible predecir c\u00f3mo los productores y los consumidores de energ\u00eda reaccionar\u00e1n ante pol\u00edticas que les pongan un precio a las emisiones, y qu\u00e9 coste final tendr\u00e1n esas reacciones para la econom\u00eda en su conjunto.<\/p>\n<p>Naturalmente, hay casos en los que esta clase de modelo podr\u00eda equivocarse. Muchos de los c\u00e1lculos subyacentes son necesariamente especulativos hasta cierto punto; por ejemplo, nadie sabe realmente lo que costar\u00e1 la energ\u00eda solar una vez que finalmente se convierta en una opci\u00f3n a gran escala. Tambi\u00e9n hay motivos para dudar de la suposici\u00f3n de que la gente realmente toma las decisiones correctas: muchos estudios han descubierto que los consumidores no eran capaces de tomar medidas para ahorrar energ\u00eda, como mejorar el aislamiento, aun cuando podr\u00edan ahorrar dinero si lo hicieran.<\/p>\n<p>Pero, aunque sea improbable que estos modelos acierten en todo, est\u00e1 bien que, en vez de infravalorarlos, exageren los costes econ\u00f3micos de las medidas para abordar el cambio clim\u00e1tico. Eso es lo que la experiencia del programa de tope y trueque para la lluvia \u00e1cida indica: los costes resultaron estar bastante por debajo de las predicciones iniciales. Y en general, lo que los modelos no tienen ni pueden tener en cuenta es la creatividad; sin duda, frente a una econom\u00eda en la que hay grandes recompensas monetarias por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, el sector privado encontrar\u00e1 formas de limitar las emisiones que todav\u00eda no est\u00e1n en ning\u00fan modelo.<\/p>\n<p>Sin embargo, lo que o\u00edmos decir a los conservadores que se oponen a la pol\u00edtica sobre cambio clim\u00e1tico es que cualquier intento de limitar las emisiones ser\u00eda econ\u00f3micamente devastador. La Fundaci\u00f3n Heritage, por ejemplo, respondi\u00f3 a los c\u00e1lculos de la Oficina Presupuestaria sobre la ley Waxman-Markey con un largo texto titulado &#8220;La OPC subestima enormemente los costes del sistema de tope y trueque&#8221;. Los efectos reales, seg\u00fan la fundaci\u00f3n, ser\u00edan ruinosos para las familias y la creaci\u00f3n de empleo.<\/p>\n<p>Esta reacci\u00f3n -este pesimismo exagerado respecto a la capacidad de la econom\u00eda para sobrellevar el tope y trueque- choca frontalmente con la ret\u00f3rica conservadora. Al fin y al cabo, los conservadores modernos dan muestras de una profunda y casi m\u00edstica confianza en la efectividad de los incentivos mercantiles (a Ronald Reagan le gustaba hablar de la &#8220;magia del mercado&#8221;). Creen que el sistema capitalista puede hacer frente a todo tipo de limitaciones, que la tecnolog\u00eda, por ejemplo, puede superar f\u00e1cilmente cualquier restricci\u00f3n impuesta al crecimiento por las reservas limitadas de petr\u00f3leo o de otros recursos naturales. Pero ahora afirman que este mismo sector privado es absolutamente incapaz de soportar una limitaci\u00f3n de las emisiones generales, aun cuando dicho tope funcionar\u00eda, desde el punto de vista del sector privado, de forma muy similar al suministro de un recurso limitado, como la tierra. \u00bfPor qu\u00e9 no creen que el dinamismo del capitalismo le inducir\u00e1 a encontrar modos de arregl\u00e1rselas en un mundo de emisiones de carbono reducidas? \u00bfPor qu\u00e9 piensan que el mercado pierde su magia en cuanto se invocan los incentivos mercantiles en favor de la conservaci\u00f3n?<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que los conservadores abandonan toda su fe en la capacidad de los mercados para adaptarse a la pol\u00edtica sobre cambio clim\u00e1tico porque no quieren que el Gobierno intervenga. Su pesimismo declarado respecto al coste de la pol\u00edtica clim\u00e1tica es esencialmente una estratagema pol\u00edtica m\u00e1s que una opini\u00f3n econ\u00f3mica razonada. Lo que los delata es la marcada tendencia que tienen los conservadores que se oponen al tope y trueque a argumentar de mala fe. El extenso documento de la Fundaci\u00f3n Heritage acusa a la Oficina Presupuestaria del Congreso de cometer errores l\u00f3gicos elementales, pero si uno lee de hecho el informe de la oficina, est\u00e1 claro que la fundaci\u00f3n lo est\u00e1 malinterpretando intencionadamente. Los pol\u00edticos conservadores han sido a\u00fan m\u00e1s descarados. El Comit\u00e9 Nacional Republicano del Congreso, por ejemplo, public\u00f3 varios comunicados de prensa citando espec\u00edficamente un estudio del Massachusetts Institute of Technology (MIT en sus siglas en ingl\u00e9s) como base para afirmar que el tope y trueque costar\u00eda 3.100 d\u00f3lares a cada familia, a pesar de los repetidos intentos por parte de los autores del estudio de aclarar que la cifra real representaba aproximadamente s\u00f3lo una cuarta parte de eso.<\/p>\n<p>La verdad es que no hay investigaciones cre\u00edbles que indiquen que tomar medidas en\u00e9rgicas contra el cambio clim\u00e1tico est\u00e9 fuera de las posibilidades de la econom\u00eda. Incluso si uno no conf\u00eda plenamente en los modelos -y no deber\u00eda hacerlo-, la historia y la l\u00f3gica indican que los modelos exageran, no subestiman, los costes de la actuaci\u00f3n clim\u00e1tica. Podemos permitirnos hacer algo respecto al cambio clim\u00e1tico.<\/p>\n<p>Pero eso no equivale a decir que debamos hacerlo. La actuaci\u00f3n tendr\u00e1 costes, y \u00e9stos deben compararse con los de la falta de actuaci\u00f3n. Sin embargo, antes de llegar a ese punto, perm\u00edtanme tocar un tema que se volver\u00e1 esencial si realmente ponemos en marcha la pol\u00edtica clim\u00e1tica: c\u00f3mo lograr que el resto del mundo nos acompa\u00f1e en el esfuerzo.<\/p>\n<h4>EL S\u00cdNDROME DE CHINA<\/h4>\n<p>Estados Unidos sigue siendo la mayor econom\u00eda del mundo, lo que convierte al pa\u00eds en una de las mayores fuentes de gases de efecto invernadero. Pero no es la mayor. China, que quema mucho m\u00e1s carb\u00f3n por d\u00f3lar del producto interior bruto que Estados Unidos, lo super\u00f3 seg\u00fan ese criterio hace unos tres a\u00f1os. En general, los pa\u00edses desarrollados -el club de los ricos del que forman parte Europa, Am\u00e9rica del Norte y Jap\u00f3n- son responsables de solamente la mitad m\u00e1s o menos de las emisiones de efecto invernadero, y esa es una fracci\u00f3n que se reducir\u00e1 con el paso del tiempo. En resumen, no puede haber una soluci\u00f3n para el cambio clim\u00e1tico a menos que el resto del mundo, y las econom\u00edas incipientes en particular, participen de forma importante.<\/p>\n<p>Invariablemente, quienes se resisten a hacer frente al cambio clim\u00e1tico se\u00f1alan la naturaleza mundial de las emisiones como motivo para no actuar. Limitar las emisiones de Estados Unidos no servir\u00e1 de mucho, sostienen, si China y otros no nos acompa\u00f1an en el esfuerzo. Y subrayan la obstinaci\u00f3n de China en las negociaciones de Copenhague como prueba de que otros pa\u00edses no cooperar\u00e1n. De hecho, las econom\u00edas incipientes consideran que tienen derecho a emitir libremente sin preocuparse por las consecuencias (eso es lo que los pa\u00edses que hoy son ricos pudieron hacer durante siglos). No es posible conseguir una cooperaci\u00f3n mundial en relaci\u00f3n con el cambio clim\u00e1tico, prosigue el argumento, y eso significa que no tiene sentido tomar ninguna medida en absoluto.<\/p>\n<p>Para quienes piensan que tomar medidas es esencial, la pregunta correcta es c\u00f3mo convencer a China y a otros pa\u00edses emergentes de que participen en la limitaci\u00f3n de las emisiones. Las zanahorias, o incentivos positivos, son una respuesta. Imaginen que se establecen sistemas de tope y trueque en China y Estados Unidos (pero permitiendo el trueque internacional de los permisos, de manera que las empresas chinas y estadounidenses puedan comprar y vender los derechos de emisiones). Al establecer topes generales a niveles pensados para garantizar que China nos venda un n\u00famero considerable de permisos, estar\u00edamos de hecho pagando a China para que recortase sus emisiones. Dado que las pruebas indican que el coste de recortar las emisiones ser\u00eda m\u00e1s bajo en China que en Estados Unidos, esto podr\u00eda ser un trato ventajoso para todos.<\/p>\n<p>\u00bfPero qu\u00e9 pasa si los chinos (o los indios, o los brasile\u00f1os, etc\u00e9tera) no quieren participar en dicho sistema? Entonces hacen falta tanto varas como zanahorias. En concreto, hacen falta aranceles sobre el carbono.<\/p>\n<p>Un arancel sobre el carbono ser\u00eda un impuesto sobre los productos importados proporcional al carb\u00f3n emitido al fabricar dichos productos. Supongamos que China se niega a reducir las emisiones, mientras que Estados Unidos adopta unas pol\u00edticas que establecen un precio de 100 d\u00f3lares por cada tonelada de emisiones de carbono. Si Estados Unidos impusiese ese arancel sobre el carbono, cualquier env\u00edo de productos chinos a Estados Unidos cuya producci\u00f3n conllevase la emisi\u00f3n de una tonelada de carbono estar\u00eda gravado con un impuesto de 100 d\u00f3lares que se a\u00f1adir\u00edan a cualquier otro impuesto. Esos aranceles, si fuesen impuestos por los actores m\u00e1s importantes -probablemente Estados Unidos y la Uni\u00f3n Europea-, ofrecer\u00edan a los pa\u00edses que no cooperan un incentivo considerable para que se replanteasen su postura.<\/p>\n<p>A la objeci\u00f3n de que una pol\u00edtica as\u00ed ser\u00eda proteccionista, una violaci\u00f3n de los principios del libre comercio, una posible respuesta es: \u00bfy qu\u00e9? Mantener los mercados mundiales abiertos es importante, pero evitar una cat\u00e1strofe planetaria es mucho m\u00e1s importante. Sin embargo, se puede argumentar de todos modos que los aranceles sobre el carbono entran dentro de las normas de las relaciones comerciales normales. Siempre que el arancel impuesto al contenido de carbono de las importaciones sea comparable al precio de los permisos de carbono nacionales, la consecuencia es cobrar a los consumidores un coste que refleja el carbono emitido en lo que compran, independientemente de d\u00f3nde se fabrique. Eso deber\u00eda ser legal seg\u00fan las normas del comercio internacional. De hecho, hasta la Organizaci\u00f3n Mundial del Comercio, que se encarga de supervisar las pol\u00edticas comerciales, ha publicado un estudio que indica que los aranceles sobre el carbono ser\u00edan aceptables.<\/p>\n<p>Huelga decir que las negociaciones reales para lograr que se coopere y se act\u00fae a escala mundial contra el cambio clim\u00e1tico ser\u00edan mucho m\u00e1s complejas y tendenciosas de lo que esta exposici\u00f3n da a entender. Pero el problema no es tan inabordable como se suele afirmar. Si Estados Unidos y Europa decidiesen tomar medidas sobre pol\u00edtica clim\u00e1tica, casi seguro que ser\u00edan capaces de engatusar y presionar al resto del mundo para que se una al esfuerzo. Podemos hacerlo.<\/p>\n<h4>EL PRECIO DE LA FALTA DE ACTUACI\u00d3N<\/h4>\n<p>En los debates p\u00fablicos, los esc\u00e9pticos del cambio clim\u00e1tico han ganado terreno claramente durante los dos \u00faltimos a\u00f1os, aun cuando \u00faltimamente se ha visto que es probable que 2010 sea el a\u00f1o m\u00e1s caluroso de los registrados. Pero los propios creadores de los modelos clim\u00e1ticos se sienten cada vez m\u00e1s pesimistas. Lo que antes eran las peores situaciones posibles se han convertido en previsiones de partida, y algunas organizaciones han duplicado sus predicciones sobre el aumento de la temperatura en el transcurso del siglo XXI. Tras este nuevo pesimismo se oculta una preocupaci\u00f3n cada vez mayor por los efectos de acoplamiento (por ejemplo, la liberaci\u00f3n de metano, un importante gas de efecto invernadero, desde los lechos marinos y la tundra, a medida que el planeta se calienta).<\/p>\n<p>En estos momentos, las previsiones sobre el cambio clim\u00e1tico, suponiendo que sigamos como hasta ahora, se agrupan en torno al c\u00e1lculo de que en 2100 las temperaturas medias ser\u00e1n unos cinco grados cent\u00edgrados m\u00e1s altas de lo que lo eran en 2000. Eso es mucho (equivale a la diferencia de las temperaturas medias de Nueva York y el centro del Estado de Misisipi). Un cambio tan grande ser\u00eda enormemente perjudicial. Y los problemas no terminar\u00edan aqu\u00ed: las temperaturas seguir\u00edan subiendo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, los cambios en la temperatura media no ser\u00e1n ni mucho menos la \u00fanica alteraci\u00f3n. Los patrones de precipitaci\u00f3n cambiar\u00e1n, y algunas regiones se volver\u00e1n mucho m\u00e1s h\u00famedas, y otras, mucho m\u00e1s secas. Muchos creadores de modelos tambi\u00e9n predicen tormentas m\u00e1s intensas. El nivel de los oc\u00e9anos subir\u00e1, y el impacto se ver\u00e1 intensificado por esas tormentas: la inundaci\u00f3n costera, que ya es una fuente importante de desastres naturales, se volver\u00eda mucho m\u00e1s frecuente y grave. Y podr\u00eda haber cambios dr\u00e1sticos en el clima de algunas regiones a medida que las corrientes oce\u00e1nicas se modifiquen. Siempre merece la pena tener en cuenta que Londres tiene la misma latitud que Labrador; sin la corriente del Golfo, Europa Occidental apenas ser\u00eda habitable.<\/p>\n<p>Aunque un clima m\u00e1s c\u00e1lido podr\u00eda tener algunas ventajas, parece casi seguro que un trastorno de esta magnitud har\u00eda que Estados Unidos, y el mundo en su conjunto, fuese m\u00e1s pobre de lo que lo ser\u00eda en otras circunstancias. \u00bfCu\u00e1nto m\u00e1s pobre? Si la nuestra fuese una sociedad preindustrial y principalmente agr\u00edcola, el cambio clim\u00e1tico radical ser\u00eda evidentemente catastr\u00f3fico. Pero tenemos una econom\u00eda avanzada, del tipo que hist\u00f3ricamente ha demostrado tener gran capacidad para adaptarse a circunstancias cambiantes. Si esto suena parecido a mi argumento sobre que los costes de los l\u00edmites de las emisiones ser\u00edan soportables, as\u00ed debe ser: la misma flexibilidad que deber\u00eda permitirnos soportar unos precios del carbono mucho m\u00e1s altos tambi\u00e9n deber\u00eda ayudarnos a hacer frente a una temperatura media algo m\u00e1s alta.<\/p>\n<p>Pero hay al menos dos motivos para tomarse con precauci\u00f3n las valoraciones positivas de las consecuencias del cambio clim\u00e1tico. Uno es que, como acabo de se\u00f1alar, no se trata s\u00f3lo de tener un clima m\u00e1s c\u00e1lido: muchos de los costes del cambio clim\u00e1tico es probable que se deban a las sequ\u00edas, las inundaciones y las tormentas fuertes. El otro es que, mientras que las econom\u00edas modernas pueden ser enormemente adaptables, a los ecosistemas puede que no les suceda lo mismo. La \u00faltima vez que la Tierra experiment\u00f3 un calentamiento cuyo ritmo era similar al que ahora esperamos fue durante el m\u00e1ximo t\u00e9rmico del Paleoceno-Eoceno, hace unos 55 millones de a\u00f1os, cuando las temperaturas aumentaron unos seis grados cent\u00edgrados en el transcurso de unos 20.000 a\u00f1os (lo cual es un ritmo mucho m\u00e1s lento que el del calentamiento actual). Esa subida estuvo unida a extinciones masivas, lo cual, por decirlo suavemente, probablemente no ser\u00eda bueno para el nivel de vida.<\/p>\n<p>De modo que, \u00bfc\u00f3mo podemos ponerle un precio a los efectos del calentamiento global? Los c\u00e1lculos m\u00e1s citados, como los del Modelo Din\u00e1mico Integrado de Clima y Econom\u00eda, conocido como DICE por sus siglas en ingl\u00e9s y empleado por William Nordhaus, de Yale, y sus compa\u00f1eros, dependen de unas elaboradas conjeturas para atribuir un valor a los efectos negativos del calentamiento global para algunos sectores cruciales, especialmente la agricultura y la protecci\u00f3n costera, y luego tratar de dejar cierto margen para otras posibles repercusiones. Nordhaus ha sostenido que un aumento de la temperatura mundial de 2,5 grados cent\u00edgrados -que era antes la previsi\u00f3n aceptada para 2100- reducir\u00eda el producto mundial bruto en algo menos del 2%. \u00bfPero qu\u00e9 pasar\u00eda si, como indica un n\u00famero cada vez mayor de modelos, el aumento real de la temperatura fuese el doble? Nadie sabe realmente c\u00f3mo hacer esa extrapolaci\u00f3n. Acierte o no, el modelo de Nordhaus calcula que las p\u00e9rdidas debidas a un aumento de cinco grados ser\u00edan de alrededor del 5% del producto bruto mundial. Sin embargo, muchos cr\u00edticos han sostenido que el coste ser\u00eda mucho m\u00e1s alto.<\/p>\n<p>A pesar de la incertidumbre, resulta tentador hacer una comparaci\u00f3n directa entre las p\u00e9rdidas calculadas y los c\u00e1lculos de lo que costar\u00edan las pol\u00edticas clim\u00e1ticas: el cambio clim\u00e1tico reducir\u00e1 el producto mundial bruto en un 5%; detenerlo costar\u00e1 el 2%, as\u00ed que, adelante. Desgraciadamente, los c\u00e1lculos no son tan sencillos por al menos cuatro motivos.<\/p>\n<p>Primero, ya se est\u00e1 <em>cociendo<\/em> un considerable calentamiento global como consecuencia de las emisiones del pasado y porque, incluso con unas medidas fuertes contra el cambio clim\u00e1tico, lo m\u00e1s probable es que la cantidad de di\u00f3xido de carbono en la atm\u00f3sfera siga aumentando durante muchos a\u00f1os. Por tanto, incluso si los pa\u00edses de todo el mundo consiguen frenar el cambio clim\u00e1tico, seguiremos teniendo que pagar por nuestra falta de actuaci\u00f3n inicial. Como consecuencia, los c\u00e1lculos de las p\u00e9rdidas de Nordhaus pueden superar a los beneficios de la actuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Segundo, los costes econ\u00f3micos de los l\u00edmites de las emisiones empezar\u00edan a producirse en cuanto la pol\u00edtica entrase en vigor y, seg\u00fan la mayor\u00eda de las propuestas, ser\u00edan considerables dentro de unos 20 a\u00f1os. Por otra parte, si no actuamos, los grandes costes probablemente llegar\u00edan a finales de este siglo (aunque algunas cosas, como la transformaci\u00f3n del suroeste de Estados Unidos en una zona des\u00e9rtica, podr\u00edan llegar mucho antes). As\u00ed que la forma de comparar esos costes depende de c\u00f3mo se valoren los costes en el futuro lejano en relaci\u00f3n con los costes que se presentar\u00e1n mucho antes.<\/p>\n<p>Tercero, y yendo en direcci\u00f3n contraria, si no tomamos medidas, el calentamiento global no se detendr\u00e1 en 2100: las temperaturas, y las p\u00e9rdidas, seguir\u00e1n aumentando. De modo que si uno le da importancia al futuro muy, muy lejano, las razones para actuar son m\u00e1s s\u00f3lidas de lo que incluso los c\u00e1lculos para 2100 dan a entender.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, est\u00e1 el important\u00edsimo problema de la incertidumbre. No sabemos a ciencia cierta la magnitud del cambio clim\u00e1tico, lo cual es inevitable, porque hablamos de alcanzar niveles de di\u00f3xido de carbono en la atm\u00f3sfera que no se han visto en millones de a\u00f1os. La reciente duplicaci\u00f3n de las cifras previstas para 2100 por muchos modelos es en s\u00ed misma una muestra del alcance de esa incertidumbre; qui\u00e9n sabe qu\u00e9 revisiones podr\u00edan producirse en los pr\u00f3ximos a\u00f1os. Aparte de eso, nadie sabe realmente cu\u00e1nto da\u00f1o causar\u00eda un aumento de las temperaturas del calibre que ahora se considera probable.<\/p>\n<p>Podr\u00edan pensar que esta incertidumbre debilita el argumento en favor de la actuaci\u00f3n, pero en realidad lo refuerza. Como ha sostenido Martin Weitzman, de Harvard, en varios art\u00edculos influyentes, si hay una posibilidad significativa de que se produzca una cat\u00e1strofe absoluta, esa posibilidad -m\u00e1s que la cuesti\u00f3n de qu\u00e9 es m\u00e1s probable que suceda- deber\u00eda dominar los c\u00e1lculos de los costes frente a los beneficios. Y la de la cat\u00e1strofe absoluta s\u00ed que parece una posibilidad realista, aun cuando no sea el resultado m\u00e1s probable.<\/p>\n<p>Weitzman sostiene -y yo estoy de acuerdo- que este riesgo de una cat\u00e1strofe, m\u00e1s que los detalles de los c\u00e1lculos de los costes frente a los beneficios, es el argumento m\u00e1s poderoso a favor de una pol\u00edtica clim\u00e1tica rigurosa. Las previsiones actuales sobre el calentamiento global en ausencia de medidas para combatirlo est\u00e1n demasiado cerca de las clases de cifras que se asocian a las peores de las perspectivas. Ser\u00eda irresponsable -resulta tentador decir que criminalmente irresponsable- no alejarse de lo que muy f\u00e1cilmente podr\u00eda resultar ser el borde de un precipicio.<\/p>\n<p>Aun as\u00ed, eso abre un gran debate sobre la velocidad de las actuaciones.<\/p>\n<h4>LA RAMPA CONTRA EL &#8216;BIG BANG&#8217;<\/h4>\n<p>Los economistas que analizan las pol\u00edticas clim\u00e1ticas coinciden en algunos puntos clave. Hay un amplio consenso en cuanto a que tenemos que poner precio a las emisiones de carbono, y que este precio debe terminar siendo muy alto, pero que los efectos econ\u00f3micos negativos de esta pol\u00edtica tendr\u00e1n una magnitud abarcable. En otras palabras, podemos y debemos actuar para limitar el cambio clim\u00e1tico. Pero hay un debate encarnizado entre los analistas expertos respecto al ritmo, la rapidez con que los precios del carbono deben subir hasta niveles significativos.<\/p>\n<p>Por una parte est\u00e1n los economistas que llevan muchos a\u00f1os trabajando en los llamados modelos de evaluaci\u00f3n integrada, que combinan modelos de cambio clim\u00e1tico con modelos que describen tanto el da\u00f1o debido al calentamiento global como los costes debidos al recorte de las emisiones. En su mayor parte, el mensaje de estos economistas es una especie de versi\u00f3n para el cambio clim\u00e1tico de la famosa plegaria de san Agust\u00edn: &#8220;Dame castidad y continencia, pero no ahora&#8221;. As\u00ed, el modelo DICE de Nordhaus afirma que el precio de las emisiones de carbono subir\u00e1 finalmente hasta m\u00e1s de 200 d\u00f3lares por tonelada, en la pr\u00e1ctica m\u00e1s del cu\u00e1druple del coste del carb\u00f3n, pero que la mayor parte de ese aumento deber\u00eda llegar a finales de este siglo, y que la mucho m\u00e1s modesta tasa inicial deber\u00eda ser de 30 d\u00f3lares por tonelada. Nordhaus llama &#8220;rampa de la pol\u00edtica clim\u00e1tica&#8221; a esta recomendaci\u00f3n de una pol\u00edtica que se intensifica poco a poco durante un largo periodo.<\/p>\n<p>Por otra parte, hay algunos m\u00e1s recientemente llegados al campo que trabajan con modelos similares, pero que llegan a conclusiones diferentes. El m\u00e1s conocido, Nicholas Stern, un economista de la London School of Economics, defend\u00eda en 2006 una actuaci\u00f3n r\u00e1pida y agresiva para limitar las emisiones, lo que muy probablemente conllevar\u00eda unos precios del carbono mucho m\u00e1s altos. Esta postura alternativa no parece tener un nombre consensuado, as\u00ed que perm\u00edtanme llamarla <em>&#8220;big bang <\/em>de la pol\u00edtica clim\u00e1tica&#8221;.<\/p>\n<p>Me resulta m\u00e1s f\u00e1cil encontrarles el sentido a los argumentos si pienso en las pol\u00edticas para reducir las emisiones de carbono como en una especie de proyecto de inversi\u00f3n p\u00fablica: uno paga un precio ahora y obtiene unos beneficios en forma de un planeta menos da\u00f1ado m\u00e1s tarde. Y cuando digo m\u00e1s tarde, me refiero a mucho m\u00e1s tarde; las emisiones de hoy influir\u00e1n sobre la cantidad de carbono en la atm\u00f3sfera durante d\u00e9cadas y posiblemente siglos futuros. As\u00ed que si quieren evaluar si merece la pena hacer una inversi\u00f3n determinada en la reducci\u00f3n de las emisiones tienen que calcular el da\u00f1o que har\u00e1 una tonelada adicional de carbono en la atm\u00f3sfera no s\u00f3lo este a\u00f1o, sino dentro de un siglo o m\u00e1s; y tambi\u00e9n tienen que decidir cu\u00e1nta importancia le atribuyen a un da\u00f1o que tardar\u00e1 mucho tiempo en materializarse.<\/p>\n<p>Los defensores de la pol\u00edtica rampa sostienen que el da\u00f1o hecho por una tonelada adicional de carbono en la atm\u00f3sfera es bastante bajo con las concentraciones actuales; el coste no ser\u00e1 realmente grande hasta que haya mucho m\u00e1s di\u00f3xido de carbono en el aire, y eso no suceder\u00e1 hasta finales de este siglo. Y sostienen que unos costes tan lejanos en el tiempo no deber\u00edan tener una gran influencia sobre la pol\u00edtica actual. Se\u00f1alan los tipos de rendimiento del mercado, que indican que los inversores dan poca importancia a los beneficios o p\u00e9rdidas que experimentar\u00e1n en un futuro lejano, y argumentan que las pol\u00edticas oficiales, incluidas las pol\u00edticas clim\u00e1ticas, deber\u00edan hacer lo mismo.<\/p>\n<p>Los defensores del <em>big bang<\/em> sostienen que el Gobierno deber\u00eda tener mucha m\u00e1s perspectiva que los inversores privados. Stern, concretamente, defiende que los responsables pol\u00edticos deber\u00edan dar la misma importancia al bienestar de las generaciones futuras que al de las actuales. Adem\u00e1s, los defensores de la acci\u00f3n r\u00e1pida sostienen que el da\u00f1o debido a las emisiones podr\u00eda ser mucho mayor de lo que indican los an\u00e1lisis de la pol\u00edtica rampa, ya sea porque las temperaturas globales son m\u00e1s sensibles a las emisiones de efecto invernadero de lo que se cre\u00eda, o porque el da\u00f1o econ\u00f3mico debido a una gran subida de las temperaturas es mucho mayor de lo que afirman los c\u00e1lculos aproximados de los modelos rampa.<\/p>\n<p>Como economista profesional, este debate me resulta doloroso. Hay personas inteligentes y bienintencionadas en ambos lados -algunos de ellos, como suele ocurrir, viejos amigos y mentores m\u00edos-, y ambos lados se han apuntado algunos tantos importantes. Desgraciadamente, no podemos declarar un empate honorable, porque hay que tomar una decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Personalmente, me inclino por la opini\u00f3n del <em>big bang. <\/em>El argumento moral de Stern a favor de amar a las generaciones no nacidas igual que nos amamos a nosotros mismos puede resultar demasiado fuerte, pero se puede argumentar convincentemente que la pol\u00edtica p\u00fablica debe tener una perspectiva mucho m\u00e1s amplia que la de los mercados privados. Y lo que es m\u00e1s importante, las recomendaciones de la pol\u00edtica rampa se parecen demasiado a la realizaci\u00f3n de un experimento muy arriesgado con el planeta entero. La pol\u00edtica preferida por Nordhaus, por ejemplo, estabilizar\u00eda la concentraci\u00f3n de di\u00f3xido de carbono en la atm\u00f3sfera a un nivel que es aproximadamente el doble de la media preindustrial. Seg\u00fan su modelo, esto s\u00f3lo tendr\u00eda unas consecuencias moderadas para el bienestar mundial; \u00bfpero hasta qu\u00e9 punto podemos confiar en esto? \u00bfC\u00f3mo podemos estar seguros de que esta clase de cambios en el medio ambiente no conducir\u00eda a una cat\u00e1strofe? No lo bastante seguros, dir\u00eda yo, especialmente porque, como he se\u00f1alado antes, los creadores de modelos clim\u00e1ticos han elevado radicalmente sus cifras aproximadas de calentamiento futuro en tan s\u00f3lo los dos \u00faltimos a\u00f1os.<\/p>\n<p>As\u00ed que, b\u00e1sicamente, me quedo con el argumento de Martin Weitzman: la probabilidad no insignificante de un desastre absoluto es la que debe dominar nuestro an\u00e1lisis pol\u00edtico. Y eso es un argumento a favor de las medidas agresivas para frenar las emisiones ya.<\/p>\n<h4>LA ATM\u00d3SFERA POL\u00cdTICA<\/h4>\n<p>Como he mencionado, la C\u00e1mara de Representantes de Estados Unidos ya ha aprobado el proyecto de ley Waxman-Markey, una legislaci\u00f3n bastante s\u00f3lida destinada a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. No es tan radical como lo que proponen los defensores del <em>big bang,<\/em> pero sus medidas parecen m\u00e1s r\u00e1pidas que las propuestas por la pol\u00edtica rampa. Pero la votaci\u00f3n de la ley Waxman-Markey que se celebr\u00f3 el pasado junio puso de manifiesto la clara divisi\u00f3n que existe en el Congreso. Tan s\u00f3lo 8 republicanos votaron a favor, mientras que 44 dem\u00f3cratas votaron en contra. Y todo indica que no se aprobar\u00eda si tuviese que ser sometido a votaci\u00f3n hoy.<\/p>\n<p>Las perspectivas en el Senado, donde hacen falta 60 votos para que se aprueben la mayor\u00eda de las leyes, son a\u00fan peores. Algunos senadores dem\u00f3cratas, representantes de Estados agr\u00edcolas y productores de energ\u00eda, han hecho declaraciones en contra del sistema de tope y trueque (la agricultura estadounidense moderna es una gran consumidora de energ\u00eda). En el pasado, algunos senadores republicanos han apoyado el tope y trueque. Pero con el partidismo en auge, la mayor\u00eda de ellos ha cambiado de tono. El cambio de actitud m\u00e1s sorprendente ha sido el de John McCain, que tuvo un papel protagonista en la promoci\u00f3n del tope y trueque y present\u00f3 un proyecto de ley similar al de Waxman-Markey en 2003. Hoy, McCain desprecia la idea en s\u00ed llam\u00e1ndola &#8220;tope e impuesto&#8221;, para consternaci\u00f3n de sus ex ayudantes.<\/p>\n<p>Ah, y un invierno muy nevado en la Costa Este de Estados Unidos les ha brindado a los esc\u00e9pticos del cambio clim\u00e1tico una buena oportunidad, aun cuando a escala mundial \u00e9ste ha sido uno de los inviernos m\u00e1s c\u00e1lidos que se han registrado.<\/p>\n<p>Por tanto, las perspectivas inmediatas de las actuaciones clim\u00e1ticas no parecen prometedoras, a pesar del esfuerzo constante de tres senadores -Kerry, Lieberman y Graham- por presentar una propuesta negociada. (Tienen previsto presentar una ley a finales de este mes). Pero el problema no va a desaparecer. Es bastante probable que las temperaturas r\u00e9cord que el mundo situado fuera de Washington ha conocido en lo que llevamos de a\u00f1o contin\u00faen, lo que privar\u00eda a los esc\u00e9pticos de uno de sus principales argumentos. Y en un sentido m\u00e1s general, dados los vaivenes de la pol\u00edtica estadounidense en los \u00faltimos a\u00f1os -desde 2005, la creencia generalizada ha pasado del dominio republicano permanente al dominio dem\u00f3crata permanente y a Dios sabe qu\u00e9-, tiene que haber una posibilidad real de que renazca el apoyo pol\u00edtico a la actuaci\u00f3n contra el cambio clim\u00e1tico.<\/p>\n<p>Si lo hace, el an\u00e1lisis econ\u00f3mico estar\u00e1 preparado. Sabemos c\u00f3mo limitar las emisiones de gases de efecto invernadero. Tenemos un buen conocimiento de los costes, y son asumibles. 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