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	<title>Cambio climático | Cine, literatura y medio ambiente - Blog elcorreo.com</title>
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	<description>La percepción social del medio ambiente a partir del tratamiento que recibe en el cine y la literatura</description>
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		<title>Cambio climático | Cine, literatura y medio ambiente - Blog elcorreo.com</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Oct 2013 08:36:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Angulo Pinedo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[Escepticismo y cambio climático El cambio climático es casi, hasta donde puede serlo en ciencia, un hecho científico aceptado. Sin embargo, entre los ciudadanos no ocurre lo mismo. En Estados Unidos, el mayor productor del mundo de gases con efecto invernadero per capita que son los que provocan la subida de temperatura y el cambio [&#8230;]]]></description>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><span style="text-decoration: underline;">Escepticismo y cambio climático</span></p>
<p>El cambio climático es casi, hasta donde puede serlo en ciencia, un hecho científico aceptado. Sin embargo, entre los ciudadanos no ocurre lo mismo. En Estados Unidos, el mayor productor del mundo de gases con efecto invernadero per capita que son los que provocan la subida de temperatura y el cambio climático, solo el 30% de los ciudadanos consideraba en 2009 que el calentamiento global debía una prioridad en el mandato del nuevo Presidente Obama; el 85% colocaba la economía en el primer lugar. Es más, solo el 35% considera el cambio climático un problema serio, frente al 44% que así lo creía en 2008. Ya ven, la importancia para los ciudadanos de Estados Unidos del cambio climático incluso baja de un año para otro. También cae el porcentaje de ciudadanos que es un hecho científico, o que es un proceso provocado por el hombre.</p>
<p>Después de lo dicho, es obvio que se hayan investigado, con diferentes enfoques, los factores que provocan esta respuesta del público ante el cambio climático. Nicholas Smith y Anthony Leiserowitz, de la Universidad de Yale, están interesados, sobre todo, en el poder afectivo del cambio climático y en el juicio de si es bueno o malo el riesgo que asociamos con el calentamiento global. Es evidente que las personas sienten emociones cuando procesan información y toman decisiones. Usan, para tomar la decisión, lo que saben pero, para los autores, usan también lo que sienten. Así, en la decisión del riesgo por análisis utilizan lo que saben y, en cambio, el riesgo como emoción viene de afectos y sensaciones. Smith y Leiserowitz investigan las imágenes que tenemos en el cerebro, que provocan afecto y emoción, cuando estamos evaluando el riesgo del cambio climático.</p>
<p>Utilizan datos de cuatro estudios anteriores, obtenidos en Estados Unidos de 4852 voluntarios entre 2002 y 2010. Se les pide su percepción del riesgo del calentamiento global, que puntúen lo bueno y lo malo del proceso y que revelen las imágenes que el proceso provoca en su mente. Por ejemplo, se les pide que escriban la primera palabra, frase o imagen que aparece en su mente cuando piensan en el cambio climático; la respuesta puede ser “apocalipsis” o “el fin del mundo”. Deben puntuar su respuesta en una escala de 0 a 10, de muy malo a muy bueno. Por supuesto también se conoce su edad, sexo, raza, educación, ideología política, partido político, religión e ingresos.</p>
<p>Las respuestas llevan a 24 categorías de imágenes provocadas por el cambio climático, aunque solo las 9 más citadas son estudiadas en detalle por los autores. Estas 9 son: fusión del hielo, calor, naturaleza, ozono, alarma, inundaciones/nivel del mar, cambios en el clima, tiempo y escepticismo. El porcentaje de respuestas va desde el máximo de fusión del hielo en 2002 hasta el máximo de escepticismo en 2010. En 2007 y 2008, el máximo sigue estando en la fusión del hielo, muy cercano a la alarma en 2008. Por cierto, las emociones más negativas las despierta, como es lógico, la sensación de alarma y, por el contrario, la menor alarma aparece con el escepticismo.</p>
<p>El pasar del máximo en fusión del hielo desde 2002 hasta 2008 al máximo de escepticismo en 2010, indica un cambio repentino en las emociones que crea el cambio climático, pasando de la creencia en el cambio a no creer con el escepticismo. Sin embargo, también crece la alarma. O sea, como conclusión de los autores, parece que alarma y escepticismo crecen en los últimos tiempos, es decir, los que creen y los que no creen crecen y, por tanto, dividen la sociedad cada año que pasa con más claridad.</p>
<p>*Smith. N. &amp; A. Leiserowitz. 2012. The rise of global warning skepticism: Exploring affective image associations in theUnited Statesover time. Risk Analysis DOI:10.1111/j.1539-6924.2012.01801.x</p>
<p> </p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Palabras y cambio climático</span></p>
<p>Mientras los científicos y sus instituciones aceptan, en su gran mayoría, el cambio climático, la respuesta de los ciudadanos no es igual de rotunda, según nos cuentan Alexander Bentley y su grupo, de la Universidad de Bristol, en Inglaterra. Es cierto que los riesgos más graves del cambio climático son a medio y a largo plazo y, quizá al no ser inminentes, interesan menos al público. Pero, para Bentley también influye cómo se presentan los hechos y las hipótesis a los ciudadanos y, en concreto, el lenguaje utilizado con sus términos, metáforas, narrativa y demás. Este lenguaje concierne por igual a los científicos, a menudo con su argot especializado, y a los periodistas, con su uso habitual de términos relacionados con el cambio climático y, a veces, no con la exactitud y el rigor deseados. Además, según Bentley, hay tendencias culturales y temporales en el uso de algunos términos y se deben conocer esas tendencias para conseguir una mayor eficacia en la comunicación. Si los términos están desfasados o son muy recientes, será más difícil presentar los hechos y definir, interpretar y debatir el cambio climático. En resumen, que para comunicar con eficacia hay que emplear términos que la población haya asumido y entienda.</p>
<p>Para conocer las tendencias temporales en el uso de términos, los autores utilizan la base de datos de Google llamada Ngram que contiene el escaneo de 5 millones de libros publicados en 7 idiomas desde 1500 (más o menos, el 4% de todos los libros publicados hasta ahora), y se centran sobre todo en lo publicado a partir de 1800. Con esta base de datos, Bentley evalúa los cambios en el tiempo del uso de palabras. Para sigue a partir de 1800 las palabras clave más utilizadas en la ciencia del clima entre 2004 y 2009: adaptación, biodiversidad, clima, sequía, global, isótopos, paleoclima, temperatura, precipitación, fotosíntesis,…</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>Por ejemplo, entre 1910 y 2010, sube desde no usarse hasta hacerlo con profusión el término “global” y, en cambio, “temperatura” se utiliza por igual durante esos cien años o “isótopos” sube hasta la década de los sesenta y luego se mantiene. Cuando Bentley entra en el detalle, observa como “biodiversidad” aparece en los ochenta y multiplica por 5 su presencia entre 1990 y 2008. O que adaptación se multiplica por 3 entre los setenta y el año 2000.</p>
<p>La conclusión de los autores es que las palabras mantienen su vigencia durante 30-50 años, algo así como una generación humana, aunque hay términos, como “precipitación”, “fotosíntesis” o “temperatura”, que se mantienen más tiempo. De todas formas, los términos cambian con el tiempo y los cambios, que provienen de los científicos y de sus novedades en investigación, pasan al público un tiempo más tarde, y allí se mantienen por una generación, más o menos. Conocer esas tendencias y qué es lo que el público usa, acepta y entiende puede ayudar a una mejor comunicación entre científicos, periodistas y divulgadores, y ciudadanos.</p>
<p>*Bentley, R.A. y 3 colaboradores. 2012. Word difusión and climate science. PLoS one 7: e47966</p>
<p> </p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Prensa y cambio climático</span></p>
<p>La base de las proyecciones futuras del cambio climático son los modelos de ordenador. Se utilizan los mejores y más ajustados datos posibles del pasado y, después, en el ordenador se predice el futuro. Y estas proyecciones hacia el futuro son, o deben ser, las que marquen las políticas de los gobiernos para mitigar y paliar los efectos del cambio climático. Pero la complejidad de los modelos y sus limitaciones, tanto por la escasez de datos como por problemas de hardware y software, pueden limitar la comunicación de los resultados  y llevar a la incredulidad de quien los recibe, sea el gobierno o sean los ciudadanos. Además, estos problemas de comunicación entre ciencia y público respecto de los modelos están agravados por su escasa presencia en los medios, en concreto en Estados Unidos, tal como nos cuentan Karen Akerlof y sus colegas de la Universidad George Mason de Fairfax, en Estados Unidos.</p>
<p>Según sus resultados, el 64% del público cree que los modelos son demasiado inexactos como para predecir el clima futuro, y el 23%, simplemente, no sabe si creer o no creer en ellos.  Por tanto, Akerloff y su equipo proponen estudiar la manera en que los modelos sobre el clima se presentan al público, identificar las dificultades y las posibles mejoras para conseguir una buena comunicación y ayudar a la toma de decisiones.</p>
<p>Evalúan la presencia de los modelos climáticos, entre 1998 y 2010, en los cuatro primeros periódicos de Estados Unidos: The Wall Street Journal, USA Today, The New York Times y The Washington Post. Entre los cuatro llegan diariamente a 5.3 millones de personas. En un segundo estudio, evalúan su presencia en varios periódicos que, por encuestas anteriores, saben que son los que leen habitualmente los políticos y los que toman decisiones; lo hacen solo para el año 2007 en el que se publicó el cuarto informe del IPCC (International Panel of Climatic Change).</p>
<p>En general, los textos sobre cambio climático en los cuatro periódicos del primer estudio se mantienen entre 500 y 1000 citas hasta 2006, año en que “La verdad incómoda” de Al Gore y el Informe Stern, más el citado cuarto informe del IPCC en 2007, provocan una subida de hasta 3500 textos en este año 2007. Casi la mitad, el 45%, de estos textos los publica el New York Times, y cerca del 75% entre este periódico y el Washington Post. Ya en 2010 se detecta un nuevo descenso, con solo 2000 textos; sin embargo, como es el último año del estudio no se puede asegurar que sea una tendencia.</p>
<p>En cuanto a los modelos de ordenador, las citas en estos cuatro periódicos son muy escasas y, en total, solo llegan a 100 en el año 2007. Como mucho, son el 10% de todos los textos referidos al cambio climático. Los artículos de opinión tampoco son muchos, con el máximo en 500 de nuevo en el año 2007 y, en la mayoría de los casos, dudando del cambio climático y, en su caso, de los modelos de ordenador.</p>
<p>Los periódicos que más leen los políticos concentran, sobre todo, artículos de opinión, con comentarios sobre la política relacionada con el cambio climático, y muchos de ellos son de ideología conservadora, opuestos al cambio climático, y publicados incluso en periódicos liberales. No son muchos los que incluyen menciones a los modelos de ordenador. La mayoría de los textos opinan y muy pocos explican.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>*Akelrof, K. y 3 colaboradores. 2012. Communication of climate projections in US media amid politicization of model science. Nature Climatic Change DOI:10.1038/NCLIMATE1542</p>
<p> </p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Creer y cambio climático</span></p>
<p>Averiguar cuales son los factores que ayudan a que los ciudadanos y los gobiernos den una respuesta efectiva al cambio climático es esencial para la comunicación entre ciencia y sociedad. Los científicos consideran demostrado el cambio climático y que, en gran parte, es un proceso provocado por el hombre. Llevar esta convicción de los científicos a la sociedad es básico para impulsar las soluciones adecuadas. Para desvelar alguno de los factores que ayudan a la comprensión del mensaje de los científicos, Kristina Blennow y su grupo, de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas de Alnarp, han relacionado las creencias sobre el cambio climático de 845 dueños y gestores de bosques privados de tres países de Europa con sus respuestas ante el calentamiento global.</p>
<p>Los autores han desarrollado un cuestionario que revela las prácticas de gestión forestales en respuesta al cambio climático, las creencias personales sobre los efectos locales al cambio climático, la sensación de haber experimentado ya el cambio climático y sus consecuencias, y los datos personales como edad, sexo, educación, proporción de ingresos personales que vienen de la gestión de los bosques, y tamaño del negocio.</p>
<p>Reciben 1588 respuestas de gestores de bosques de Suecia, Alemania y Portugal. El 55.2% cree que el cambio climático ya afecta a sus bosques y un porcentaje parecido, el 51.5%, cree que ya ha experimentado condiciones extremas del clima relacionadas con el cambio climático como sequía, inundaciones, temperaturas muy altas o muy bajas,… Alrededor del 50% de los gestores de Alemania y Portugal ya han comenzado a adaptarse al cambio climático en sus prácticas forestales. Es también en Alemania y, sobre todo, en Portugal donde son mayoría los que creen en variaciones locales del clima como consecuencia del climático y, además, afirman que ya las han sufrido.</p>
<p>En conclusión, según Kristina Blennow creer en el cambio climático y percibir sus efectos a escala local explican, en gran parte, la respuesta adaptativa al cambio, o sea, los cambios en la gestión para adaptarse al cambio climático pues, de todas formas, se cree en él. Por lo tanto, para explicar la adaptación al cambio climático es esencial conocer la creencia en el cambio climático y la experiencia directa de sus consecuencias. Acto de fe y ver para creer, todo a la vez.</p>
<p>*Blennow, K. y 3 colaboradores. 2012. Climate change: Believing and seeing implies adapting. PLoS one 7: e50182</p>
<p> </p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Ciencia y cambio climático</span></p>
<p>Hay quien cree y hay quien no cree en el cambio climático. Y hay quien supone que la incredulidad o, quizá dicho con más precisión, la apatía sobre el cambio climático se debe a la falta de comprensión sobre los mensajes que le llegan de los científicos. O sea, a la ignorancia, pues se dice que la gente no sabe suficiente ciencia como para reconocer las evidencias o, incluso, para evitar que le engañen. Así, la falta de conocimientos técnicos y científicos obliga a utilizar las creencias para aceptar o no los riesgos que supone el cambio climático. Dan Kahan y su grupo, de la Universidad de Yale, proponen dos hipótesis sobre la respuesta de la opinión pública a las informaciones sobre el cambio climático. La primera hipótesis se llama SCT (en inglés Science Comprehension Thesis, o tesis sobre la comprensión de la ciencia) y, según Kahan, implica que los ciudadanos no saben ciencia suficiente ni conoce cómo piensan los científicos y, por tanto, no se toman el cambio climático tan en serio como los científicos creen que deben hacerlo. La hipótesis alternativa se nombra CCT (en inglés Cultural Cognition Thesis, o tesis de cognición cultural), y afirma que las personas, como resultado de mecanismos psicológicos, tienden a percibir los riesgos del cambio climático según sean más o menos coherentes con los valores culturales del grupo con el que se identifican y al que pertenecen. Por tanto, mientras SCT trata de conflictos entre los ciudadanos y los científicos por falta de conocimientos y comprensión, CCT supone conflictos entre diferentes grupos de personas que tratan de ajustar su interpretación de la ciencia y de las informaciones que llegan de los científicos a sus creencias y valores culturales.</p>
<p>Los autores trabajan con datos obtenidos de 1540 voluntarios a través de Internet. Si seguimos la hipótesis SCT, se puede esperar que, a mayor conocimiento científico, mejor entenderán los voluntarios la información cuantitativa que les llegue y aceptarán más y se sentirán más comprometidos con el cambio climático. En fin, a más ciencia, más admisión del cambio climático. Sin embargo, el resultado es justamente el contrario: a más conocimientos científicos, menos compromiso con el cambio climático, en realidad, parecido al de los que no tienen conocimientos científicos y, aunque sea poca la diferencia, a más ciencia menos compromiso que quienes no tienen ciencia.</p>
<p>Si seguimos la otra hipótesis, la CCT, en la que la aceptación del cambio climático depende de los valores sociales y culturales y la ideología de cada persona, los riesgos del cambio climático percibidos deberían ser mayores en los ciudadanos más conservadores y más educados en ciencia. Y, de nuevo, no es así y ocurre al contrario: mientras los riesgos aumentan con los conocimientos científicos para los que se sienten liberales, para los conservadores la mucha ciencia les lleva al escepticismo.</p>
<p>En conclusión, existe, sobre todo en personas de ideología conservadora, la contradicción entre saber ciencia y aceptar el cambio climático. Parece que las personas construyen su opinión, por lo menos en este asunto del cambio climático, basándose en su ideología y, según los autores, en lo que su entorno, su grupo social, acepta.</p>
<p>Además, esto es así porque muchas personas consideran que los asuntos que tienen que ver con el medio ambiente tienen un significado moral o ético. Ezra Markowitz, de la Universidad de Oregon en Eugene, nos cuenta que el 42% de los 592 universitarios que participan en su estudio así lo consideran, un 36% duda y un 23% no los considera éticos o morales. Es más, el 80% de los voluntarios está seguro o muy seguro de que el cambio climático está en marcha, y de ese 80%, el 48% lo considera un asunto moral o ético, el 34% duda y solo el 18% declara que no lo es.</p>
<p>Si el cambio climático es un asunto moral o ético, entonces tiene que ver, no solo con los conocimientos científicos, sino también con las creencias propias y con la ideología personal y todo ello es lo que empuja, como una obligación, a aceptar y responder. Son las creencias las que convencen, y la ciencia, en todo caso, ayuda a ello.</p>
<p>Es más, son los conservadores los que mantienen una oposición más fuerte respecto a solucionar temas como la deforestación, los vertidos tóxicos o, como nos interesa ahora, sobre el cambio climático. Sin embargo, Matthew Feinberg y Robb Willer, de las universidades de Stanford y de California en Berkeley, aseguran que hasta los conservadores podrían suavizar, e incluso cambiar, su opinión sobre estos asuntos. En sus trabajos con universitarios y adultos, encuentran que considerar el ambiente en términos morales es habitual entre las personas de ideología liberal pero no en los conservadores. Pero si se reconstruye el mensaje que llega a los conservadores y se plantean los problemas ambientales con términos como “pureza” o “santidad de la Tierra y de nuestros cuerpos”, que son valores importantes en la ideología conservadora, entonces la actitud hacia el medio ambiente cambia y se iguala entre conservadores y liberales.</p>
<p>De nuevo la ideología y la moral influyen en las ideas de las personas por encima, o aparte, de los conocimientos científicos. Son, en último término, las creencias personales las que mueven a las personas y no la ciencia y sus mensajes.</p>
<p>*Feinberg, M. &amp; R. Willer. 2012. The moral roots of environmental attitudes. Psychological Science DOI:10.1177/0956797612449177</p>
<p>*Kahan, D.M: y 6 colaboradores. 2012. The polarizing impact of science literacy and numeracy on perceived climate change risks. Nature Climate Change DOI:10.1038/NCLIMATE1547</p>
<p>*Markowitz, E.M. 2012. Is climate change an ethical issue? Examining young adults’ beliefs about climate and morality. Climatic Change 114: 479-495.</p>
<p> </p>
<p> </p>
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