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El mirador del indiano

Conociendo al personaje (Tareck El Aissami)

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que si Tareck El Aissami estornudaba en Caracas, a más de un empresario en Miami o a un bróker en la City de Londres le daba pulmonía.

Este elemento no era un ministro cualquiera, era el “solucionador” mayor del chavismo, el mago de las finanzas alternativas y el hombre que se vestía de gala para explicarle al país cómo el Socialismo del Siglo XXI iba a vencer al “imperio” usando el ingenio. 

Nacido en El Vigía Edo. Mérida, con un título de criminólogo bajo el brazo (ironías que tiene la vida), El Aissami escaló en la pirámide del poder con la agilidad de un experto equilibrista. Pasó por Interior y Justicia, gobernó el Edo. Aragua como si fuera su feudo personal, y terminó sentándose en los tronos más jugosos y apetecidos de Venezuela: el Ministerio de Petróleo y la vicepresidencia económica.

En aquellos años de vacas flacas y sanciones internacionales que apretaban el cuello del Gobierno, Tareck se convirtió en el “arquitecto necesario”. ¿Que Estados Unidos bloqueaba las cuentas bancarias en dólares? No pasa nada, nos pasamos al bitcoin. ¿Que los barcos cargados de crudo no podían encender el transpondedor para no ser detectados? Se apagan las luces, se cambia la bandera y seguimos en la ruta, que el mar es mar hasta la orilla.

Datos documentados por el Departamento del Tesoro de EEUU, el “mono” que se llevó y escondió en ese país asciende a US$ 500.000.000. El estimado por Transparencia Venezuela es de US$ 16.000.000.000 depositados en paraísos fiscales y en cuentas de testaferros.

El Aissami era el intocable, el protegido, el hombre que resolvía los problemas que nadie más sabía ni quería tocar. Hasta que, como en toda buena película de mafiosos, los números dejaron de cuadrar y el truco de magia se quedó sin conejo en el sombrero. La fiesta del petróleo funcionó de maravilla hasta que los buques cisterna empezaron a hacer agua.

A principios de 2023, en algún escondrijo de Miraflores alguien encendió la calculadora y se dio cuenta de un detallito: faltaban miles de millones de dólares. No es que se hubieran quedado traspapelados en un cajón olvidado, es que los barcos salían llenos de crudo venezolano y el dinero de la venta regresaba convertido en humo digital, desviado a través de una red de empresas fantasma controladas por los “compinches” de la nueva burguesía del Siglo XXI. La purga interna que siguió fue de antología.

El entramado bautizado como “PDVSA-Cripto” estalló en plena cara de la opinión pública, y Tareck, aplicando la de “si te he visto no me acuerdo”, firmó una renuncia elegantísima en marzo de 2023. Dijo que se iba para colaborar plenamente con las investigaciones. Y vaya si colaboró, desapareció del mapa de modo tal que la gente empezó a dudar de si el hombre seguía en este planeta o si se había mudado a una dacha, obsequio de Putin, en Siberia. Durante un año completo, el silencio fue absoluto.

En las ruedas de prensa de su paisano y tocayo, el fiscal Tarek William Saab, se mencionaban como “retenidos” a directivos, empresarios, modelos y operadores financieros, pero el nombre del jefe de la banda era un tabú. Los venezolanos, que ya tenían su doctorado en teorías de conspiración, bromeaban con que el Tareck petrolero estaba viviendo el retiro de su vida pública en algún búnker de Fuerte Tiuna jugando al pimpón con sus custodios.

Pero el guion de esta telenovela tenía preparado un giro digno de Hollywood, la foto del año y el reality show judicial. El 9 de abril de 2024, el otro Tarek (hoy ex fiscal general) convocó a los medios con cara de circunstancia y sacó un as de la manga. Mostró unas fotos impactantes, ahí estaba Tareck El Aissami, despojado de sus trajes de diseño, vistiendo una camiseta gris, esposado y entre dos funcionarios encapuchados. El rostro del que fue zar del petróleo lo decía todo, ya no era el tipo duro que miraba por encima del hombro a los periodistas.

Los cargos que le imputaron sonaron a música fúnebre para los amantes del drama legal, traición a la patria, apropiación de bienes públicos y legitimación de capitales, o sea, el típico paquete completo del funcionario caído en desgracia y purgado. Pero si pensaban que el hombre se iba a quedar calladito tragándose el marrón él solito, es que no conocen cómo funciona el “buen facer” de la política del Socialismo del Siglo XXI. Tras pasar dos años bajo llave y en absoluto secreto, el juicio formal arrancó finalmente en abril de 2026. 

Fue entonces cuando El Aissami decidió morir matando. En lugar de agachar la cabeza, el exministro aprovechó el micrófono del tribunal como un ventilador y se puso repartir datos y acusaciones de marca mayor. Inculpó directamente al sistema judicial, a los fiscales y a antiguos compañeros de armar tinglados de extorsión, torturas y corrupción donde él era solo el chivo expiatorio. 

La realidad actual de Tareck está muy lejos de los lujos de los despachos de PDVSA. El tipo que manejaba los hilos de la economía nacional terminó durmiendo en una celda de aislamiento en el centro penitenciario El Rodeo I, una cárcel diseñada precisamente para que los “retenidos” políticos y los VIP caídos en desgracia piensen en sus pecados sin ver la luz del sol. 

Tras denunciar las torturas y represalias que estaba ventilando en el estrado, El Aissami se declaró en huelga de hambre. Las crónicas que escapan de la prisión y sus apariciones en el tribunal revelan un severo deterioro físico, un hombre demacrado, deshidratado, afectado por una hernia discal que le impide caminar por sí mismo y que ha perdido el porte atlético a punta de agua y sal. 

Mientras tanto, al otro lado del Caribe, en los cuarteles del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE), alguien se metió en la página web oficial de los más buscados y le plantó un sello gigante de “CAPTURED” sobre la foto de Tareck. 

La noticia corrió como la pólvora ¿Acaso los gringos lo habían extraditado en secreto en un avión nocturno?, la “coña” del norte suele ser mucho más formal pero igual de divertida. Los funcionarios de Washington simplemente actualizaron la ficha porque les daba pereza o vergüenza seguir ofreciendo millones de dólares de recompensa por un tipo que ya estaba encerrado en una jaula venezolana. 

El caso de Tareck El Aissami es el recordatorio perfecto de que en la política venezolana la distancia entre el despacho presidencial y la cárcel se mide en milímetros. El hombre que prometió salvar la economía con tecnología punta y maniobras de contrabando internacional terminó devorado por el mismo sistema hipercontrolado que él ayudó a construir. 

El Aissami pasó de ser el intocable de la revolución a convertirse en el trofeo de una purga interna que todavía no ha terminado de cobrar facturas. Hoy languidece en una celda, sin criptomonedas, sin ministerios y con la única certeza de que, en este guion, los amigos de hoy son los que te ponen las esposas mañana.

El telón cae por hoy, pero el ventilador sigue encendido. Con tantos miles de millones en el limbo, es imposible que esta función termine aquí.

Continuará…

Cantaclaro                                                                                                                                                                                

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Sobre Venezuela en estos infaustos tiempos de supuesta revolución...

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