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El mirador del indiano

Pacto de Ormuz ¿Paz o salvavidas electoral?

Al filo de la medianoche, con la audacia y el manejo de los medios que caracterizan su estilo político, Donald Trump sacudió una vez más las redes de Internet. A través de un mensaje en su página social, el presidente de EEUU. anunció un acuerdo con la República Islámica de Irán.

¡Barcos del mundo, poned en marcha vuestros motores! !Que corra el petróleo!, exclamó Trump al cierre de su comunicado. Con estas frases, el mandatario gringo dejó al descubierto el verdadero motor de este deshielo diplomático, la economía global y su propia supervivencia política interna.

Ambas partes han acordado el fin inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes. Esto incluye al Líbano, deteniendo los violentos combates entre el ejército de Israel y la milicia chií Hizbolá, un factor que había contaminado las conversaciones en las últimas semanas y que Teherán había marcado como una línea roja innegociable. Irán se compromete a la reapertura completa y segura del Estrecho de Ormuz. En contrapartida, Estados Unidos autoriza la retirada inmediata de su bloqueo naval en la región, permitiendo que el tráfico de mercancías y crudo vuelva a la normalidad.

Aunque el acuerdo se presenta ante la opinión pública como un triunfo de la paz y de la presión militar de Washington, una mirada más detallada al trasfondo de las cosas revela que se trata, ante todo, de una tregua de conveniencia. Un balón de oxígeno diseñado para enfriar con urgencia los precios de la gasolina y contener la inflación antes de que los ciudadanos estadounidenses acudan a las urnas en las elecciones legislativas de este otoño.

A diferencia de ocasiones anteriores en las que los anuncios de Trump sobre un entendimiento inminente con los persas resultaron espejismos que descarrilaban a las pocas horas, este acuerdo parece tener un soporte real de ambas naciones. El anuncio no nació de Washington ni de Teherán, sino de Islamabad. Fue el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, quien actuó como el mediador principal y el primero en hacer públicos los detalles del pacto a través de sus canales oficiales.

Detrás de este logro se esconde un extenuante esfuerzo diplomático de último momento. Fueron quince horas de negociaciones continuas en Qatar, donde también arrimaron el hombro potencias regionales como Arabia Saudí y Turquía. La primera confirmación oficial desde el bando iraní llegó por boca del santón viceministro de Exteriores, Kazem Gharibabadi, quien validó los términos del acuerdo en la televisión pública de su país.

La ratificación oficial de este documento se escenificará el próximo viernes 19 de junio en Ginebra (Suiza). Se espera que la delegación estadounidense esté encabezada por el vicepresidente J.D. Vance, quien se sentará a la mesa con los dos grandes pesos pesados persas, el ministro de Exteriores, Abás Araghchi, y el presidente del Parlamento y hombre fuerte del país teocrático, Mohammad Bagher Ghalibaf.

La prisa de la Casa Blanca por estampar su firma, se explica simplemente con mirar los paneles de precios de las gasolineras en California, Pensilvania, Florida, Unión Europea y resto del planeta. El bloqueo de Ormuz causó grandes desastres económicos globales. Por ese estrecho transita una quinta parte del petróleo y del gas natural del planeta, además de los importantes fertilizantes. Su cierre prolongado provocó una metida de mano al bolsillo de los consumidores: casi 5 dólares por galón en EEUU y 1.80 euros por litro en Europa, como promedio.

Este impacto fue el causante directo de que Estados Unidos registrara en mayo una inflación del 4,2%, la cifra más alta de los últimos tres años. Trump y sus asesores republicanos son plenamente conscientes de que la inflación desbocada fue el principal factor que hundió la popularidad de Joe Biden durante su mandato.

Con las mayorías del Congreso en juego en las elecciones de este otoño, el electorado norteamericano (cansado de costosas intervenciones militares en el extranjero) no iba a perdonar que la guerra de Irán se tradujera en un empobrecimiento diario mayor. Trump afirmó en campaña ser un presidente que terminaba guerras, no que las empezaba, y mantener un conflicto impopular en plena campaña electoral era un suicidio político.

Con el anuncio de este acuerdo, la reacción ha sido fulminante. El precio del barril de crudo Brent, que se había encaramado por encima de los 115 dólares/barril debido a la psicosis de la guerra, se desplomó de inmediato por debajo de los 84 dólares/barril.

Para Donald Trump, que celebraba su 80 cumpleaños ese mismo domingo (con una velada de artes marciales en la Casa Blanca, incluido el luchador caucásico-español Ilia Topuria), la caída del petróleo supuso el mejor regalo de cumpleaños posible y un triunfo narrativo de mucho peso de cara a sus votantes.

Pero a pesar del optimismo económico global, los analistas de verdadero peso internacional que he consultado advierten de que este “acuerdo de mínimos” pospone los problemas estructurales más importantes y peligrosos.

En esencia, la reapertura de Ormuz y el levantamiento del bloqueo naval estadounidense devuelven la situación militar exactamente al mismo estado en el que se encontraba previo a la guerra. La diferencia es que ahora el escenario muestra a un Irán militarmente muy debilitado, con miles de bajas en sus filas, pero con un régimen político interno más radicalizado que nunca.

La gran grieta del acuerdo radica en el asunto central que originó el conflicto, el programa atómico de Teherán. Los comunicados oficiales emitidos por los mediadores no ofrecen ni un solo detalle técnico, ni un calendario de inspecciones, ni garantías reales sobre el desmantelamiento de las centrifugadoras de uranio iraníes.

Todo apunta a que lo que se firmará en Ginebra es el punto final de nada. Es una nueva y eternizante etapa de negociaciones, cuyo proceso promete ser tan complejo, extremo e infructuoso como lo ha sido durante las últimas cuatro décadas.

Donald Trump ha logrado apagar los incendios de surtidores de gasolina para reforzar sus intereses electorales, pero la mecha del polvorín nuclear iraní sigue intacta y sumergida en la mayor incertidumbre.

Continuará…

Cantaclaro

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